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Entrevista

Pau Roca: «Se puede hablar de la depresión a través de la comedia y el vitalismo, no es contradictorio»

«Cada edad tiene sus propios estímulos para alcanzar la felicidad y cada persona haría una lista de cosas totalmente diferente de otra»

El actor Pau Roca en ‘Les coses excepcionals’, que se ha representado en Cataluña y Madrid y ahora aterriza en Mallorca.

El actor Pau Roca en ‘Les coses excepcionals’, que se ha representado en Cataluña y Madrid y ahora aterriza en Mallorca. EL TERRAT / SIXTO PAZ

Pau Roca protagoniza el monólogo, con la ayuda de los espectadores, de la aclamada Les coses excepcionals, «una comedia sobre lo que estamos dispuestos a hacer por aquellos que queremos». El Terrat y Sixto Paz firman la producción del texto de Duncan Macmillan que llega al Auditòrium Sa Màniga el sábado a las 19 horas

¿Reír y enternecer con un tema tan serio logra llegar más?

La comedia siempre ayuda a relajarnos, a confiar más en quien tienes delante, lo que permite una mayor predisposición para hablar de temas punzantes, como la depresión. El autor, Duncan Macmillan, posee ese talento, el de conseguir tratar temas muy profundos a través de la comedia sin utilizar los típicos gags, sino hacer una comedia de situación y, además, enternecedora.

¿Los niños hacen mejores listas de cosas excepcionales que los adultos?

No tiene por qué. En esta obra se muestra muy bien cómo cada edad tiene sus propios estímulos para alcanzar la felicidad. Es más, cada persona crearía una lista de cosas totalmente diferente de otra. Cuando el niño tiene siete años, evidentemente escribe una lista mucho más naif, que a veces despierta la sonrisa a través de la ternura, mientras que su lista cuando es más adulto puede ser más ingeniosa y provoca otro tipo de humor en el público.

¿Cómo van cambiando a lo largo de los años?

No solo pierdes la inocencia, sino que también te comienzas a fijar en elementos mucho menos generales y vas hacia lo concreto, lo que identificas en tu día a día y sabes que te puede hacer feliz. Los niños tienen un patrón muy similar y a medida que uno crece va adquiriendo su personalidad y se convierte en alguien único.

El niño muestra tanto su fragilidad que creo que el público responde y participa para ayudarle

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¿Qué estamos dispuestos a hacer por quienes queremos?

Esto es lo que nos define como seres humanos y cada uno lo hace de forma diferente. El personaje de Les coses excepcionals opta por condicionar toda su vida para animar a su madre, que lo está pasando muy mal, y lo hace con una ingenuidad brutal, porque es un niño de siete años. Crea una gran ternura ver cómo empieza a pensar en salvarla mientras ella se encuentra en un momento muy complejo anímicamente, de salud mental, en el hospital tras intentar suicidarse. Al final nadie puede salvar a nadie porque cada uno es responsable de sí mismo, aunque es muy interesante ver en la obra cómo el autor vehicula, mediante una ingeniosa lista, el amor por una madre y lo que cada uno está dispuesto a hacer por las personas que ama.

«Queremos transgredir las barreras del teatro hablando de las cosas más sencillas», dicen. ¿La transgresión es convertir al público

en protagonista?

Este texto transgrede en dos cosas: La primera es atreverse a hablar de temas como el suicidio y la depresión a través de algo que podría parecer contradictorio, la comedia y el vitalismo, aunque no es así. Y en el aspecto formal, el autor ha creado un dispositivo escénico innovador y sencillo donde la historia se explica con los espectadores, que participan y ayudan a construir el relato, ya sea diciendo números y frases de la lista del niño o representando personajes de la obra.

¿Siempre responde?

Siempre, es increíble. Es una pregunta que nos hacíamos en Sixto Paz [la productora] hace dos años, antes de estrenar la obra. Decíamos «ay, Dios mío, el día que...», pero no ha ocurrido. Yo creo que sucede porque el niño muestra tanto su vulnerabilidad, es presentado tan abiertamente frágil ante el espectador, que le quieren ayudar y al minuto cinco se olvidan de la posible timidez para ponerse en segundo plano y dejar en primer término la ayuda al personaje principal.

Pero el peso de la obra para trasladar de la risa al drama en un segundo es su monólogo.

Claro, aunque es verdad que se trata de una obra que cambia en cada función. Es el texto que más veces y durante más tiempo he interpretado y todavía no me he cansado porque es imposible aburrirme. Yo sé hacia dónde va la función, que la tengo que llevar por aquí, pasar por ahí y dirigir hacia allá, pero el público hace que sucedan cosas diferentes cada día y esto causa una especie de catarsis colectiva. Al terminar el espectáculo, mucha gente me comenta que tiene la sensación de haber pasado una vida juntos con el resto de asistentes, como si conociese de siempre a quienes han estado en el teatro.

Dice que ha perseguido este texto tras quedar marcado por Pulmons. ¿Qué tiene la obra de Duncan Macmillan?

Además de que ha conectado con nosotros, los miembros de Sixto Paz, con nuestros gustos y sensibilidad, tiene gran talento para escribir y crear imágenes. Siempre hemos adaptado obras que conectan con el ser humano del siglo XXI, debido a que habla mucho de la actualidad y temas que nos interesan, entre ellos la familia, el cambio climático, las enfermedades de salud mental y, en definitiva, la vulnerabilidad y fragilidad del ser humano.

Quieren «cambiar las reglas del juego en el teatro». ¿Las de ahora ya no sirven?

No lo sé, aunque a nosotros nos atrae innovar y romper con el lenguaje establecido siempre que se pueda, ya que nos ponemos a prueba en cada función.

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