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AUTOR DE ‘HOMBRES QUE CAMINAN SOLOS’

José Ignacio Carnero: “La sociedad premia al hombre que esconde su debilidad”

El escritor y abogado vasco José Ignacio Carnero.

El escritor y abogado vasco José Ignacio Carnero.

Hijo de emigrantes gallegos en el País Vasco, José Ignacio Carnero (Bilbao, 1986) aborda en su segunda novela, ‘Hombres que caminan solos’ (editorial Random House), una enfermedad tabú: la depresión. Y sobre todo cuando quien la padece es un hombre, al que tradicionalmente se le niega el derecho a mostrarse frágil. 

¿Por qué se decidió a abordar la depresión y la fragilidad masculina en su segunda novela?

El tema me eligió a mí. Lo que me hace escribir no es una idea, un lugar al que dirigirme ni un concepto filosófico, sino una necesidad de retratar aquello que está más cerca de mí, escenas y situaciones que me inspiran. A partir de ahí surgen ideas y temas.

¿Considera que el hombre deprimido, frágil, que sufre la soledad o que muestra sus emociones es el resultante de la que se ha llamado nueva masculinidad?

Tradicionalmente los roles de género asocian al hombre a una persona sin debilidades o puntos vulnerables (o al menos que lo reconozcan). Aunque creo que eso se está superando, verlo por escrito, en un novela, llama la atención, lo cual es significativo de que las mujeres hacen una gestión de sus emociones más inteligente y empática y sin embargo nosotros estamos más encerrados en el silencio con respecto a nuestras debilidades. La sociedad ha premiado que esto sea así, aunque está cambiando.

Su anterior novela, ‘Ama’ está dedicada a su madre, ¿en esta el protagonista masculino podría ser su padre?

En la anterior novela todo el material que tomé venía de la realidad, mi pretensión era hacer un retrato fidedigno de una mujer, de un tipo de mujer, con la que me he criado. En este caso el material del que me sirvo es en parte realidad pero me he sentido con la libertad de moldearlo y manipularlo. La anterior novela era un retrato realista, aquí me sirvo de la realidad pero la convierto en ficción.

“La felicidad tiene que ser inconsciente y de la inconsciencia es complicado sacar literatura”

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¿Conoce de cerca la depresión?

Creo que todos la conocemos de cerca, es algo común que yo sí he visto en mi entorno. Es raro que no esté presente en la vida de uno, no solo por experiencia personal, aunque sería falso decir que hago un retrato de una experiencia personal.

Llevamos años oyendo que la ansiedad y la depresión son las enfermedades del momento, incluso ahora en la pandemia los especialistas alertan sobre un incremento notable de problemas mentales y emocionales, ¿a qué elementos atribuye la depresión masculina que no sean comunes a la que sufren las mujeres?

Para responder a esa pregunta tendría que ser médico o antropólogo. Puedo intuir que la gestión de las emociones por parte de los hombres sigue siendo torpe, que la sociedad sigue premiando al hombre que no reconoce sus vulnerabilidades, sus rincones oscuros. La otra cara de la moneda es que muchísimas enfermedades mentales como son silenciosas, que no se ven, se esconden. Habrá muchos hombres, normalmente de más edad, que callen y se culpen incluso por no estar respondiendo con la fuerza que se supone que tienen que responder, por no estar produciendo o no ser parte activa de la sociedad. Es una mera intuición.

Este mismo título, ‘Hombres que caminan solos’, en los años 50 hubiera podido identificarse con una especie de wéstern con protagonistas duros y ahora nos sugiere una connotación completamente opuesta.

No lo había pensado, pero tienes razón. Incluso en esta sociedad puede haber gente que al ver el título piense que se trata de un wéstern. En definitiva la lectura que se haga del libro, dependiendo de si el lector es más progresista o más tradicional, sea la de un hombre que sufre la soledad o la de un hombre que va solo por el mundo con su revólver. Esa visión que tenga cada uno habla más de nosotros mismos de lo que creemos. Si el lector lo interpreta como un wéstern se está reconociendo a sí mismo en una forma de ver la realidad y el mundo. Cualquiera de las dos lecturas puede ser válida de cómo se conciben los roles de género en la sociedad.

“Escribir es una forma de expresión y comunicación con los demás y conmigo mismo”

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Juan Tallón ha escrito acerca de su novela que hace aflorar la belleza de los momentos más inesperados; a Edgard Allan Poe se le atribuye parte del éxito de su obra y personajes a su estado emocional depresivo, ¿considera que hay belleza en la tristeza?

Creo que hay más matices en la tristeza que en la alegría. En la alegría nos revolcamos, la disfrutamos, tiene que ver con la realidad, con el presente, con el inconsciente. La felicidad es efímera. La tristeza detiene el tiempo de alguna manera; nos hace enfrentarnos con el pasado y también con el futuro, incluso con el miedo al futuro; amplía el foco y nos hace fijarnos en cantidad de matices más importantes. La felicidad tiene que ser inconsciente y de la inconsciencia es complicado sacar literatura, aunque seguro que habrá libros extraordinarios sobre la felicidad.

Lleva dos novelas publicadas en tres años, ¿se considera un abogado que escribe o un escritor que se gana la vida con la toga?

Llevo una vida un poco bipolar, dependiendo del día en que me cojas puedo responder una cosa. Cuando escribí este libro, el grueso de él, que fue durante unas semanas en Buenos Aires, era y me sentía escritor; estaba de vacaciones, escribiendo, y no me acordaba para nada de que era abogado. El 90% de mis días, sin embargo, mi realidad es otra, trato de sacar tiempo de donde puedo y se me hace complicado creerme escritor. Hoy te diría que soy un abogado que escribe. En todo caso, he tenido mucha suerte de que me publiquen, lo único que ha cambiado en estos tres años es que me han editado. Siento la necesidad de escribir para explicarme muchas cosas. Cuando hablo con alguien, estoy en una entrevista o me toca intervenir en una conversación, no estoy muy satisfecho con lo que digo, mi expresión no se ve acompañada con lo que quiero expresar. Sin embargo cuando escribo, sí. Escribir es una forma de expresión y comunicación con los demás y conmigo mismo, así que dudo mucho que deje de escribir, aunque no me publiquen. Lo siento como una necesidad.

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