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Entrevista

Ian Waelder: «Las ferias de arte no deberían abusar de las galerías»

«La pregunta de mi abuelo a los fascistas está muy vigente, no hay más que mirar el asalto al Capitolio»

Waelder en la galería L21 junto a la escultura del coche que su abuelo malvendió para huir del nazismo. Al fondo, uno de sus cuadros. GUILLEM BOSCH

¿Por qué no son todos así, como yo debiera ser? es el irónico título de la nueva exposición del artista visual Ian Waelder en la galería L21 y un hallazgo del pasado de su abuelo, Friedrich Wälder, alemán y judío que huyó del nazismo.

¿Los fascismos no hallan una respuesta al título de su obra?

Pese a que ellos tampoco son como predican, empezando por Hitler o Goebbles, que tenía una minusvalía, el auge del nazismo y las ideas supremacistas hicieron que mi abuelo tuviese que huir por ser judío, aunque se sentía el más alemán del mundo. El título de la exposición es irónico y está sacado de contexto de una nota que mi abuelo, que era pianista y fotógrafo, escribió a mi padre cuando vivían en Chile. Entera es: «Dicen que como pianista soy buen fotógrafo y viceversa. Y no olvides: ¿Por qué no son todos así, como yo debiera ser?» Esta obra tiene mucho que ver con su ironía, hay cierto humor dentro de lo trágico, porque fue el único de su familia que pudo escapar y sobrevivir, y años después hace esta pregunta, como diciendo a los fascistas: «¿Vale, y qué pasa con vosotros?»

¿Utiliza el pasado para hablar del presente?

Sí. El título está muy vigente hoy en día, la situación actual no ha cambiado tanto, no hay más que mirar el asalto al Capitolio. Ahora mismo o en el futuro, será analizado en profundidad y dirán que lo que ocurre es terrorífico. Conocemos el Holocausto por la obsesión de los nazis de querer documentarlo todo, pero ocurrió lo mismo con el colonialismo de Bélgica u otros países europeos. No hay que ir muy lejos.

Palabras como regresión, transformación..., en alemán. ¿Por qué las escogió?

Son muy simbólicas, porque en alemán pueden tener varios significados y porque las extraje de frases que explican cómo era el coche que tuvo que malvender mi abuelo para huir de Alemania. Además, utilizo este idioma no solo como un proceso propio de aprendizaje, sino para obviar el inglés. Me cansa que todo en el mundo del arte debe pasar por el filtro del inglés, hasta un artista de Albacete tiene que presentar su obra en ese idioma. No encaja. También me ha gustado el hecho de complicarlo un poco, ya que yo me sentí así cuando me fui a estudiar a Frankfurt. Tengo un apellido y raíces alemanas y no podía comunicarme, lo que me generaba cierta frustración.

El coche de la exposición.

Sí, tuvo que venderlo cuando los nazis empezaron a prohibir a los judíos que tuviesen coches y otros objetos de valor. Empecé a obsesionarme con este vehículo, un Opel Olympia de los años 30, muy simbólico, debido a que fue el primero que se fabricó en masa y porque la empresa Opel era una de las principales que financiaba el nazismo. Y además se llamaba Olympia, ya que fue fabricado en honor a los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, por eso aproveché la película de Leni Riefenstahl, que se titula como el coche.

¿El proyecto es más personal o más político?

Ambas cosas. Todo lo que uno hace a nivel personal tiene una implicación política, desde ir a la frutería de la esquina en lugar del supermercado hasta cualquier otra decisión. En la obra parto de una investigación personal sobre la historia de mi abuelo y uso la película políticamente y de forma irónica, ya que está hecha para glorificar el supremacismo, con los cuerpos perfectos y la belleza de los atletas, pero yo selecciono planos de corredores que van perdiendo, que se esfuerzan por llegar a la meta, encuadres más dramáticos, contraponiéndolos con frases como ‘nuestro tiempo’, uno de los eslóganes del coche, o ‘resistir’, que está en la imagen del primer corredor coreano que ganó un oro, pero lo hizo bajo la ocupación japonesa. También Jesse Owens, que va ganando y acapara la atención, pese a ser lo contrario del ideal nazi.

¿La música completa la obra?

Es una grabación improvisada de mi abuelo tocando el piano, la única que tenemos en la familia. La he reeditado en vinilo y quien venga a la exposición tiene que poner en marcha esta especie de banda sonora. También he hecho otra edición, casi como un dueto, porque la he mezclado con una pieza propia que hice hace dos años y suena como percusión. Es nuestra composición juntos en la actualidad.

¿Crear el coche de su abuelo con su padre es un homenaje?

Sí, es parte de la intervención artística. Él es escultor y ha sido mi mejor profesor desde que soy chaval. Tenía mucho más sentido para la obra implicarle, porque la búsqueda histórica la hicimos juntos y yo solo soy el mensajero entre mi abuelo y mi padre, ya que yo no le llegué a conocer.

Por su experiencia en ARCO en tres ediciones y con el parón por la covid, ¿cree que las ferias seguirán siendo como antes?

En la situación actual, todo se está moviendo hacia un formato más online y, además, muchas galerías de diferentes países han empezado a colaborar entre ellas mediante plataformas, como por ejemplo Cóndor. Se prestan sus espacios para establecerse allí de forma temporal y aprovechar su nicho de coleccionistas. Si para estar en ARCO tienes que pagar 15.000 euros, igual no es tan mala idea esta alternativa. Creo que en el futuro habría que dar un giro y evitar la saturación de ferias y el abuso de algunas con las galerías.

¿A qué se refiere?

Hay un rol de poder, las ferias imponen unas condiciones que son inasumibles para numerosas galerías. No tiene sentido que una megagalería con capacidad para vender piezas por cientos de miles de euros pague lo mismo por metro cuadrado de exposición que otras que solo tienen artistas cuyas obras llegan como mucho a los 5.000 euros. El esfuerzo es muy diferente y esas cosas deben cambiar. Cuando hay una crisis, los excesos se identifican mejor. Espero que después de esto se aprenda algo y haya un poco más de horizontalidad, de empatía. Tal vez después de la covid serán las ferias de arte las que busquen desesperadamente la presencia de galerías. Creo que tienen su rol, pero debería de algún modo revertirse el poder, que fuese más equilibrado, con más facilidades para los pequeños.

El skate, al que es aficionado, suele estar relacionado con el arte urbano. ¿Le atrae?

No para participar ni tampoco el término, porque lo urbano no necesita estar domesticado y es lo que intentan los ayuntamientos en los últimos años. Ahora les gusta y lo hacen para blanquear su imagen mientras ocultan otros problemas de los barrios. Pagan cuatro chavos a un artista para que pinte un mural en una zona que se está gentrificando, pero eso no lo solucionan. Y además sancionan a quienes lo practican donde a ellos no les va bien.

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