¿Cómo ha impactado la pandemia en un proyecto como Aatomic Lab, basado en pilares como la participación, la cocreación, los artivismos y la sociedad?

Paco: Claro, afecta muchísimo. La pandemia ha puesto en evidencia las debilidades existentes desde hace tiempo en el ámbito social, económico, cultural, ético y político. Es por eso que cobran especial relevancia las plataformas de personas y los numerosos colectivos que reivindican nuevas formas de relación social, de convivencia, de desarrollo comunitario, de cuidados mutuos, de aprendizajes, de respeto al entorno.

Meritxell: En estos tiempos de covid no se puede abandonar lo comunitario. Además, no lo olvidemos, la pandemia es un reto que hay que afrontar de manera creativa.

Carles: Lo venimos haciendo a través de procesos creativos de base artística y cultural, y, lejos de abandonar, adaptamos las acciones y las actividades a las limitaciones y protocolos sanitarios, y hemos continuado.

Meritxell: Nuestra experiencia nos dice que la gente está deseando ocupar las calles otra vez, de vivir y convivir. Entonces, readaptar nuestros proyectos nos permite trabajar estos deseos con procesos críticos y creativos.

¿La pandemia no ha dejado un poco en pausa esos proyecto que se construyen en colectividad, como es el suyo y en general todos los proyectos culturales?

Meritxell: Lo curioso es que, precisamente en tiempos de confinamiento y restricciones en el ámbito público, los proyectos comunitarios son los que ahora mismo están y tienen capacidad para el cambio social.

Paco: Contrariamente a los proyectos más tradicionales, las iniciativas que están basadas en la colaboración comunitaria han demostrado una capacidad, no solo de adaptación, sino de transformación a través de la participación de la ciudadanía convertida en energía social que debe continuar. Hay movimientos ciudadanos propios y legítimos por naturaleza, que los poderes públicos tienen la obligación de cuidar, hacer posible su desarrollo, proteger en su ejercicio y por supuesto dotar de recursos.

Carles: Estuvimos participando en Ciudades Comunes, que es un encuentro online para repensar la co-construcción de la ciudad a partir de la actual crisis sanitaria global. Organizado desde la Ciudad de Buenos Aires en abierto, con debates y ponencias de Latinoamérica y España. También, por supuesto, la red Arquitecturas Colectivas de la que formamos parte que se organizó desde Génova en 2020, después de la de Palma en 2019. O la iniciativa Frena la Curva con infinidad de colectivos trabajando online, son otros ejemplos.

Espinosa y Gispert posan para este periódico. b.ramon

¿Contaban con la ayuda institucional para llevar a cabo sus proyectos?

Paco: Sí, para la financiación del proyecto Las mujeres, la voz del barrio, contábamos con apoyo para actividades socioculturales del Consell de Mallorca y también de Caixa Colonya. Esperábamos llegar al presupuesto óptimo, siendo beneficiarios de la convocatoria del IEB, que finalmente nos dejó fuera. Pero lo verdaderamente valioso es la red de colaboración de proximidad implicada de la que aprendemos todas.

Carles: Procuramos rodearnos del máximo posible de colaboradoras en el ámbito específico de cada proceso. Personas y colectivos profesionales, locales y de fuera de las islas, que ponen en común su experiencia y habilidades, trabajando en los retos identificados en cada proyecto. Los representantes de diferentes administraciones siempre son invitados a participar haciendo una escucha activa, con la ambición de poner en marcha nuevos planes y actuaciones institucionales, en coherencia con las demandas de la comunidad y de los profesionales.

Meritxell: Así es como afrontamos la organización de actividades y acciones creativas, y como hemos estado acompañando al grupo de mujeres de La Soledat. Obviamente el apoyo económico de las administraciones es más que necesario, pero partimos de la idea de que los proyectos que queremos apoyar o dar forma sean sostenibles a largo plazo, que sean autónomos y que su vida/desarrollo no se vea sujeto, exclusivamente, a redes de dependencia. De otro modo, no se transforma, no se crea a partir de la experiencia, el deseo y el retorno a la comunidad.

¿Cómo recibieron la noticia de que el IEB había denegado la ayuda para el festival que organizan en La Soledat?

Carles: Este año el IEB ha dado cuenta de su gestión caótica, lenta y, especialmente, de falta de sensibilidad política hacia este tipo de proyectos de cocreación que les coloca en las antípodas de otras comunidades como el País Vasco o Aragón.

Paco: En la exposición de motivos de su subvención decían textualmente: «Esta convocatoria es urgente e indispensable para proteger el interés general del sector cultural». Sin embargo, ha sido una tramitación in extremis, ya que hasta el 15 de diciembre no publicó la resolución provisional, pero exigía de acuerdo con las condiciones de la convocatoria, que el mismo día 15 de diciembre, las asociaciones teníamos que haber realizado el Festival, y haber pagado todas las facturas. Esto supone asumir un gran riesgo, que a la vista de la resolución de cero euros concedidos (por crédito agotado) deja a nuestra asociación cultural en una situación económica débil para poder sacar adelante proyectos socioculturales en los barrios.

Carles: Por otra parte el IEB ha preferido cambiar el criterio de 2019, de reparto proporcional entre todas las entidades beneficiarias, y ha dejado a cinco asociaciones sin ánimo de lucro con cero euros de ayuda por crédito agotado, aún cumpliendo [casi todas] todos los requisitos para ser beneficiario.

Paco: Para una mejor protección del interés general del sector cultural, se tendría que aminorar la cuantía de todas las ayudas en el mismo porcentaje, siendo este el criterio legal que daría continuidad a la convocatoria del año 2019 y anteriores y seguridad jurídica a las asociaciones en relación a las actuaciones anteriores del IEB. Aatomic Lab ha presentado en estos días un recurso de reposición. El IEB tiene la oportunidad de rectificar su resolución en base a criterios más justos, igualitarios y más ajustado a la protección del interés general del sector cultural y, así, facilitar el acceso a la cultura.

¿Las instituciones están pensadas para las industrias culturales? Ustedes apuntaron que había un agravio comparativo entre empresas y asociaciones.

Meritxell: Creemos que es importante matizar. Hablar de industrias culturales supone, en el fondo y aunque quizá la idea inicial no sea ésta, un proceso de homogeneización y patronaje artístico precisamente por su dependencia con la idiosincrasia administrativa. Y cabe mencionar que no todos los colectivos profesionales que nos dedicamos a ello tenemos la misma naturaleza, ni los proyectos tienen que ver con los ritmos administrativos. Carles: En nuestro caso, más que de industrias, preferimos hablar de Cultura y de «procesos participativos» (encuentros, talleres, laboratorios de experimentación, etc.) inclusivos y vinculantes, comprometidos con la diversidad. Y se asumen compromisos, por supuesto, después hay una evaluación y un seguimiento, todo ello para facilitar los procesos de innovación abierta en general, también incluyendo colectivos excluidos o marginalizados, y garantizar los cuidados de las personas con las que trabajamos.

Paco: Una asociación sin ánimo de lucro donde un grupo de personas se ponen de acuerdo para abordar objetivos comunes, jurídicamente es radicalmente diferente a una empresa que persigue lícitamente beneficios y dividendos empresariales, aunque pueden coincidir perfectamente en una orientación hacia el procomún.

Meritxell: Somos un proyecto que se aleja del perfil «industria cultural» al que las instituciones quizá no están acostumbradas y que suponen retos burocráticos. Por ello es interesante que cada vez más se acerquen para una escucha activa, y así aprender y transformar conjuntamente partiendo de la realidad de los colectivos.

Carles: Y es que el procomún nos resitúa en un marco humanista, en el que ganan nueva legitimidad temas que el modelo neoliberal ha dejado de lado, como la transparencia, la equidad, el acceso universal o la diversidad.

El ministro de Cultura hizo la siguiente declaración la semana pasada: «Las industrias culturales serán un motor de salida de la crisis del coronavirus». ¿Qué opinan? Carles: El motor de salida creo que surge de la capacidad transformadora de la Cultura y de la innovación abierta de base artística y científica, y por supuesto con el apoyo de las administraciones y empresas.

Meritxell: Además, debemos integrar la idea de que la transformación y la superación de la crisis nunca será posible sin la comunidad. No se «trabaja» para ellas. No se va con propuestas revolucionarias gestadas desde los organismos de poder. En todo caso, se trabaja con ellas.

Paco: Pensemos en una dialéctica social en la que el arte, junto con la ciencia, la ética u otros saberes, puede servir como avance, laboratorio de investigación, signo y tanteo de nuevos escenarios. De esta manera y para que el arte sea realmente efectivo y transformador debe ser abierto (open source) e inclusivo, que tenga la capacidad de salir del elitismo, y los egos, y ser fuente de conocimiento, que facilite procesos de participación activa donde la inteligencia colectiva esté al servicio de este cambio.

¿Cómo valoran los planes que tiene el Ayuntamiento en el barrio de La Soledat, un barrio al que denominan Districte d’Innovació? ¿Hay proyectos de calado para los residentes de siempre? Paco: No parece haberlos o son insuficientes. Es la fase final de un proceso de gentrificación anunciado. Con algún parche social, como una posible escuela de circo o un edificio del IVABI, pero realmente aquí los únicos que se frotan las manos son los promotores inmobiliarios avispados. Meritxell: Las personas que habitan el barrio son plenamente conscientes de lo que sucede. Observan las inversiones; ven cómo se construye lo que antes era un campo abandonado por el que se les culpabiliza de su estado. Lamentan que no haya más equipamientos tecnológicos ni bibliotecas para quien vive en el barrio. Claramente, lo que se organiza se ha construido a sus espaldas y sin tener en cuenta quién habita estos espacios. Es como una suerte de usurpación de un territorio para que otros se enriquezcan.

Carles: Durante #AACC_Mallorca 2019 identificamos colectivamente antídotos para el barrio a través de procesos creativos para la transformación social que tienen que ver con los proyectos de vida de las vecinas: trabajar desde la perspectiva de género, fomento del urbanismo inclusivo y colaborativo, memoria y relaciones intergeneracionales, modelos de tenencia alternativos, soberanía alimentaria, modelos de gestión ciudadana y otras acciones de desarrollo comunitario… Y así toda una lista abierta de posibles actuaciones y nuevas líneas de trabajo, que pueden orientar nuevos programas y actuaciones de nuestras instituciones públicas.

Ustedes realizan un trabajo de mediación con la cultura que deberían realizar las propias administraciones públicas. ¿Cómo les ha recibido el barrio? ¿Tienen la sensación de que su trabajo no se ha entendido por parte de las instituciones?

Paco: En nuestra opinión, se tienen que abandonar modelos de gestión cultural que nos han dejado una herencia de cadáveres inmobiliarios, museos y centros culturales vacíos de recursos para la producción artística y, desgraciadamente, la mercantilización de la cultura. La economía de la Cultura tiene que ser el resultado de procesos de co-creación, en los cuales, de forma horizontal, la ciudadanía, los profesionales y las administraciones puedan abordar los retos del arte y la Cultura colectivas.Carles: Esencialmente los laboratorios de Aatomic tienen un carácter experimental, procesos creativos compartidos que pueden ser proyectos piloto de otras formas de trabajar, de cocrear, de actuar, de aprender todas. También las administraciones, los técnicos, las personas con capacidad de decisión deben participar, aprender y actualizar las estructuras que tienden a ser inamovibles y caducas. Por tanto, sí es necesario el apoyo tanto directo como indirecto de la administración y motivar así la acción real de los colectivos en el barrio.

Otro debate cuando se habla de política cultural: la renta básica universal.

Paco: La renta básica incondicional y universal, sí, no la renta mínima condicionada.

Carles: Tal vez, como dice Guy Standing, «la renta básica universal sería maravillosamente liberadora».