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Con ciencia | Convergencia evolutiva

Convergencia evolutiva

Convergencia evolutiva Camilo José Cela Conde

Hace una semana o dos los diarios generalistas prestaron atención destacada al artículo publicado en la revista Science por Taline Kandajian, asistente postdoctoral de investigación en el Centre for Snakebite Research and Interventions de la Liverpool School of Tropical Medicine (Reino Unido), y sus colaboradores acerca de un proceso de evolución convergente en tres linajes de cobras que lanzan su veneno escupiéndolo a distancia. Se trata de la cobra escupidora africana (género Naja, subgénero Afronaja), la cobra sudafricana de cuello anillado (Hemachatus hemachatus) y la cobra escupidora asiática (género Nanja, subgénero Naja). Como apuntan los autores, los tres linajes han obtenido un mismo rasgo evolucionado sin cruzarse, es decir, sin compartir la información genética; de forma independiente entre ellas. El rasgo consiste en la capacidad de escupir su veneno gracias a colmillos con orificios que permiten lanzarlo hacia los ojos de los posibles agresores alcanzando una distancia de hasta dos metros y medio. De tal suerte, la función del veneno que, en la mayoría de las demás serpientes, tiene el propósito predador de inmovilizar a sus presas —hasta el punto de que la composición del veneno refleja, como recuerdan Kandajian y colaboradores, la especificidad de la dieta— las escupidoras lo usan como arma defensiva.

Los autores muestran, mediante análisis genéticos, proteicos y funcionales, que los tres linajes de cobras escupidoras poseen venenos caracterizados por la regulación de la toxina fosfolipasa A2, que mejoran la acción de las citotoxinas preexistentes causando un aumento del dolor a los mamíferos afectados, en especial si el veneno les alcanza los ojos. A tal respecto, Kandajian y colaboradores recuerdan que el origen de las cobras escupidoras africanas coincide con la divergencia entre los linajes de chimpancés y humanos —el de las cobras alcanza 6,7 millones de años—, mientras que la aparición de la cobra escupidora asiática se cifra en 2,5 millones de años solapándose con la llegada de Homo erectus a Asia. Con lo que los autores sostienen como hipótesis plausible que la defensa frente al linaje humano pudo ser el factor adaptativo que llevó a la convergencia de evolución de serpientes capaces de escupir a distancia.

Es esa interrelación hipotética entre cobras y humanos la que se recogió en los titulares de prensa. Pero el trabajo tiene otro aspecto de lo más interesante: supone un ejemplo espléndido del poder de la selección convergente. Y los primeros episodios de la aparición del linaje humano nos brindan fósiles bípedos de una edad parecida en zonas tan alejadas entre sí como Kenia, Chad y Etiopía. Una evolución convergente de la capacidad de andar de forma bípeda en linajes que se separaron de los chimpancés de forma aislada sería una explicación. Del todo especulativa, claro, de momento.

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