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Laura Conejero: «He aprendido de la vitalidad de Hedy Lamarr»

La actriz encarna a este icono del cine en ‘Monroe-Lamarr’, obra dirigida por Sergi Belbel en la que comparte protagonismo con Elisabet Casanovas (Marilyn)

Laura Conejero: «He aprendido de la vitalidad de Hedy Lamarr»

Laura Conejero: «He aprendido de la vitalidad de Hedy Lamarr»

«Hedy Lamarr fue una mujer muy inteligente y ambiciosa, un ejemplo como ser humano, por cómo se esforzaba en conseguir lo que quería. De su vitalidad he aprendido mucho», confiesa Laura Conejero (Barcelona, 1966).

Conejero, que ha participado en una treintena de producciones teatrales (tales como Sóc lletja, La dona incompleta, El cafè de la Marina o Els feréstecs), en cerca de una veintena de películas y en series televisivas de peso (Poblenou, Ventdelplà o Sitges) protagoniza junto a Elisabet Casanovas Lamarr-Monroe, espectáculo que se representa este fin de semana en el Auditori de Manacor (domingo 31, a las 18 horas). Una obra con la que su autor, el dramaturgo catalán Carles Batlle, se imagina un duelo entre dos mitos eróticos del cine, la explosiva rubia Marilyn Monroe y la hoy menos conocida Hedy Lamarr, para reflexionar sobre la condición de la mujer, la fama, el paso del tiempo y la pérdida de la juventud, en un homenaje al cine dorado de Hollywood «en clave de thriller».

Monroe-Lamarr ganó el IV Premio Frederic Roda a la autoría teatral en 2018 y llega a Manacor, a pesar de las vicisitudes que le ha hecho pasar la pandemia, «bien rodada», con estreno en el Teatre Nacional de Catalunya (en la sala Tallers) y con aplausos, sobre todo de quienes valoran «el teatro más reflexivo». La conversación entre Marilyn y Hedy, esta última doce años mayor que ‘la ambición rubia’, se mueve entre 1962, una semana antes de la muerte de Monroe, y 1966, y también reivindica la faceta de Lamarr como inventora. Entre los logros de la austríaca, que conseguiría huir de su marido, un aliado de Hitler, y del infierno al que la sometió, destaca «el salto de frecuencia», una técnica de encriptación ideada para teledirigir torpedos contra los nazis, codiciada por políticos y militares, pero sin reconocimiento para su creadora.

El director Sergi Belbel, con los protagonistas de ‘Lamarr-Monroe’.

«Conocía poco de Hedy Lamarr, y esa fue una de las cosas que me animó a meterme en el proyecto», afirma Conejero, quien señala algunos puntos en común con Marilyn Monroe. «La obra reflexiona sobre cómo eran tratadas las actrices en Hollywood. Tanto Lamarr como Monroe fueron contratadas por una maquinaria poderosa, por grandes compañías como la Fox o la Metro. Fueron encasilladas en papeles, consideradas objetos sexuales, y les costaba salir de ahí. Tenían poca voz y poco voto en las decisiones. Hedy quería demostrar que era una buena actriz –llegó a ejercer de productora– y Marilyn se preocupó mucho por intentar serlo, quería papeles que le ayudaran. Ambas fueron unas víctimas. En aquel tiempo, para una mujer, al margen de la belleza, no había muchos caminos para el reconocimiento»

El texto de Batlle denuncia «la crueldad de la edad en Hollywood», un mal que continúa presente, «en España y en el resto del mundo», lamenta Conejero. «A mí misma me ha ocurrido. En el audiovisual solo me han ofrecido papeles de madre. Las mujeres bonitas, cuando se hacen mayores, son sustituidas por jóvenes, a diferencia de los señores, que pueden seguir interpretando a galanes, pero acompañadas de mujeres jóvenes. Afortunadamente cada vez hay más mujeres que dirigen».

Conejero está considerada una actriz fetiche de Sergi Belbel, el director de Monroe-Lamarr. Con él ha trabajado en numerosas obras, aunque llevaban diez años sin encontrarse. «Me he encontrado con un Belbel más tranquilo, muy relajado, con alguien que trata muy bien a los actores y que no plantea conflictos». En la obra también intervienen Eloi Sánchez, como hijo de Lamarr, y David Vert, en la piel del periodista y escritor William J. Weatherby, biógrafo de Marilyn.

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