Cuenta Miquel Barceló que cuando Franz Kafka redactaba 'La metamorfosis' irrumpía en el mercado el azul Prusia, un nuevo pigmento a precio muy competitivo que acabaría triunfando en los talleres de los artistas más avezados pero modestos, como, por ejemplo, Pablo Ruiz Picasso (su época azul está absolutamente dominada por esa tonalidad tan intensa). Del mismo proceso químico con el que se lograba ese color tan vívido, onírico se hizo el ácido prúsico, o sea, el cianuro de hidrógeno, o sea, el Zyklon B con el que los nazis gasearon a millones de judíos. Al artista mallorquín le fascina cómo de una misma transformación puede surgir "algo maravilloso y también algo terrible", cómo la materia esté en un perpetuo cambio cuyo significado lo determina exclusivamente la alquimia humana. Y de ahí surge 'Metamorfosis', un completo repaso de los últimos 5 años de producción creativa del de Felanich que ocupa las salas temporales del Museo Picasso Málaga hasta el próximo septiembre.

Cerámicas, pinturas, cuadernos, acuarelas, bronces... 'Metamorfosis' supone un exultante paseo por la "ebullición increíble" del taller de Barceló, en palabras del comisario de la muestra, Enrique Juncosa. Todo es nuevo, recién salido de los hornos, seco el papel (hay piezas del 2019), y nuevo también en su otra acepción, la de diferente: el espectador comparte espacio en el Picasso con personajes que se convierten en gambas o en plantas, toros, cigarrillos apagados giacomettianos, mujeres indias que danzan, peces que saludan... Un bestiario más fantástico de lo habitual en el mallorquín, influido por sus propios trabajos para ilustrar libros como 'La divina comedia' (Dante), 'Fausto' (Goethe') o, por supuesto, 'La metamorfosis' (Kafka), y expresado, además, en una nueva paleta cromática que emplea (muy diferente a la de tonalidades terrosas que ha caracterizado su obra hasta ahora). Pero, detrás de todo ello, del significado y de la forma, está el proceso, siempre.  

"En mi obra muchas veces es más importante lo que se produce que lo que se termina viendo", asegura Barceló, y cita a Raymond Roussel, singular escritor que usó el lenguaje como principio y fin: "Una obra literaria no tiene que contener nada real, ninguna observación acerca del mundo, nada salvo combinaciones de objetos totalmente imaginarios", sentenció el francés. Como Roussel se basaba exclusivamente en los parónimos y homonimias para levantar sus novelas, el mallorquín emplea los materiales como forma y fondo, procesos cerrados o, en ocasiones, abiertos: "En la exposición hay una cerámica en la que me equivoqué al producirla: se va desmoronando poco a poco, van cayendo motas de arena por la humedad. Quizás dentro de unos años ya no exista esta obra", revela su alquimista.

Podría parecer un totum revolutum la convivencia de disciplinas artísticas, inspiraciones y temas. El mismo Miquel Barceló se resume: "Toda mi obra es una pura digresión, me gusta irme por vericuetos.... Se nota cuando hablo", dice entre risas. Pero toda esa libertad se sostiene: "Mis ilustraciones del libro de Kafka, por ejemplo, son muy libres, no son literales, pero estoy muy bien informado, he investigado mucho".

Dice Barceló que 'Metamorfosis' es una "exposición muy amistosa": Juncosa es amigo desde la adolescencia y más recientemente también Bernard Ruiz-Picasso, uno de los factótums del Museo Picasso Málaga. Y cuenta el mallorquín que Picasso le empezó a gustar ya muy joven: "Cuando fui por primera vez a París me fui en metro a todos los talleres de Picasso; no entraba, por supuesto, porque entonces no conocía a Bernard". Y se ríe.