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Jaume Miró: «Vivimos en el mundo del hacer, no del ser, por eso parar está mal visto»

«Las crisis tienen una parte oscura y una luminosa, debido a que todo se destruye pero ofrecen la posibilidad de reinventarnos»

Hoy se estrena ‘La revolució de les coses petites’ en la Sala Gran del Teatre Principal B. Ramon

Dramaturgo. Hoy estrena ‘La revolució de les coses petites’ en la Sala Gran del Teatre Principal, obra donde una pareja que espera un hijo entra en crisis debido a que él decide replantearse su existencia. El autor reflexiona sobre «la invariabilidad de las cosas que nos vienen dadas por la familia, la sociedad y el entorno»

¿Cuándo alguien hace clic?

Creo que hay muchos clics y unos van hacia la oscuridad y otros hacia la luz. Son momentos de comprensión y tanto unos como otros son regalos para que prestemos atención a un cambio.

Al protagonista le ocurre con una crisis de ansiedad. ¿Por qué no sabemos frenar antes?

Porque no pensamos, porque a menudo llevamos una inercia y la ansiedad aparece cuando el cuerpo te avisa, te grita, te dice: Eh, ¿dónde vas? Avisa de que hay algo que debemos solucionar. Es un estado de alarma, de tensión y atención para advertir de que hay un peligro cercano. Vivimos en una sociedad con muchísimas personas que toman ansiolíticos, pero continúan con su inercia.

¿Qué pasa cuando paramos?

¿Es que nos paramos o solo lo hacemos cuando nos obligan, como con la pandemia? Antes de la covid vivíamos en un mundo acelerado y pararse un momento es una oportunidad para pensar hacia dónde ir, pero a menudo no tenemos esa posibilidad o no lo sabemos hacer.

¿Por qué está mal visto?

Porque vivimos en el mundo del hacer, no del ser. Vivimos en una sociedad donde continuamente tenemos que hacer cosas y olvidamos quiénes somos y qué queremos. Perseguimos como locos las vacaciones, tal vez el único momento en el que somos realmente como queremos ser, donde conectamos con nosotros. Hay un momento de la obra en el que el personaje de Alba le dice a él: «Escucha, yo no soy profesora de Matemáticas». Y él responde: «¿Y qué eres?», a lo que Alba dice: «no lo sé». Confundimos quiénes somos con lo que hacemos.

Por su formación de filósofo, recurre al mito de la Caverna. ¿Las ataduras actuales son la hipoteca, el trabajo, los hijos o la tecnología, como refleja la obra, o es algo más intangible?

Depende de cada uno, pero las ataduras están relacionadas con el hacer del que hablaba antes. Cuando tenemos un momento para ser, es decir, para nosotros, nos ponemos compulsivamente a responder mensajes de móvil o mirar redes sociales y no dejamos tiempo para aburrirnos, pese a que es necesario para conectar con uno mismo o con el acto de la creación. La creatividad surge del vacío, del silencio, por lo que es imprescindible dejar espacio para ello. Sin embargo, estamos rodeados de sombras, como son los aparatos tecnológicos, que no nos dan un espacio de silencio.

«Cuando tenemos un momento, miramos el móvil, sin dejar tiempo para el necesario aburrimiento»

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El texto quedó finalista en el primer Torneig de Dramatúrgia y lo ha ampliado en la pandemia. La obra se ha desarrollado en dos crisis. ¿Las diferencias son muchas o la base es la misma?

El primer texto tiene cosas que provienen de la anterior crisis, como la burbuja inmobiliaria, e impregnó la obra, pero lo que ha hecho la pandemia con la parada ha sido provocar una reflexión más profunda. La revolució de les coses petites conecta con el actual momento porque el teatro es un arte vivo que puede reflejar lo que sucede ahora, pese a que no se hable de la pandemia. La crisis actual nos hace preguntarnos qué tenemos, qué queremos, qué mundo pretendemos construir y dejar a nuestros hijos. Las crisis son como los clics, tienen una parte oscura y una luminosa, ya que todo se destruye pero dan la posibilidad de reinventarnos. En la obra hay una frase del poeta Hölderlin que refleja bien lo que quiero decir: «De la destrucción nacerá la primavera».

¿Los hijos obligan a hacer esa revolución?

Cuando nace un niño, nace un padre y una madre. Son personas nuevas que se tienen que volver a colocar en un mundo con unas circunstancias y responsabilidad que hasta entonces desconocían, por lo que sí, los hijos provocan una revolución.

Ahora parece que vivimos una distopía y en sus ficciones tiende a crearlas. ¿Por qué?

Porque escribo desde mi isla y me preocupo por su futuro. Cada vez queda menos espacio para la naturaleza y hay menos reflexión sobre ello, por lo que he tratado de concienciar con mis obras.

Usted trabaja a menudo con la memoria histórica, pero esta obra se centra en una vivencia actual de una pareja. ¿Con qué registro está más cómodo?

Yo me siento un creador y un contador de historias y escogí el teatro para expresarlas. Además, me apasiona investigar y trabajar con historias ocultas, como las de la Guerra Civil, pero la esencia de ambos registros es la misma, una exploración a través de las obras que comienza con la pregunta: «¿Y si...?», y a partir de ahí creo una historia real o de ficción.

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