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El Museu d’Art Sacre ordena y protege sus cerámicas

La Catedral actualiza el inventario de las 150 piezas almacenadas y mejora su conservación

La cerámica del Museu d'Art Sacre B. Ramon

Los historiadores del arte del Museu d’Art Sacre de Mallorca tratan de completar un puzle con las valiosas piezas de cerámica que llevan décadas guardadas en el almacén. Para la conservadora responsable, Cati Mas, a veces se parece al cubo de Rubik. Y otras se convierte en un rompecabezas donde hay que unir un número a una pieza, «porque no han sido signadas ni identificadas con una fotografía». Sebas Escalas detalla que «tras sacar todo el material para poder saber qué había, se ha tenido que buscar cada cerámica en el primer catálogo para su identificación y luego guardarla bien documentada con el nuevo sistema de embalaje». Lo están haciendo con los 150 elementos de barro y cerámica decorativa y funcional existentes en el museo, aunque tienen por delante toda una colección de 1.231 piezas, ya que «se está llevando a cabo una revisión exhaustiva del inventario desde su creación» en 1916, fruto de la unión entre el Arqueológico Luliano y el Diocesano.

Mas protege el plato con un papel especial.

El almacén del ahora llamado Museu d’Art Sacre, situado en el Palau Episcopal, es una auténtica «cámara de maravillas» debido a la variedad del fondo museístico, bromea Mas. En estos momentos se centran en la cerámica, que en un mes estará inventariada tras la actualización del catálogo de las expertas Elvira González y Maria del Mar Gaita, pero también está en marcha la identificación de la colección de numismática para su posterior registro documental. «Los inventarios son el primer paso para la conservación de las obras de arte e imprescindibles para después hacer una difusión a través de exposiciones», explica la responsable de gestión cultural de la Catedral, Cristina Ortiz.

El museo se encuentra en el Palau Episcopal.

Procedencia

Entre las 150 piezas, destacan la colección de Manises, plafones del XVII y XVIII originarios de Barcelona y una cubeta (ribell) de Triana del siglo XIX. La mayoría de las cerámicas son del levante peninsular y «algunas proceden de iglesias de la isla que dejaron de existir con la desamortización de Mendizábal, el derribo de las murallas o su abandono; y alguien con sensibilidad recuperó piezas de los paramentos o las paredes laterales de las capillas», apunta la conservadora. La finalidad no era solo decorativa, sino también funcional, tanto los recipientes domésticos como los paneles en los zócalos de las paredes. Cati Mas detalla que «la cerámica era un sistema de higienización, ya que es fácil de limpiar, y se ponía en hospitales, iglesias o zonas en las que se trabaja con alimentos para evitar los virus».

Todo el material fue guardado en el almacén del museo «con cierto criterio de conservación que ahora estamos mejorando para evitar daños». Además del inventario, «es básico proteger las piezas con el objetivo de que no haya un deterioro mayor, de ahí la importancia de que el almacén tenga un control de temperatura y humedad, que las cajas sean de materiales rígidos para que no se rompa la cerámica, la separación entre ellas mediante porexpan, foam u otro material similar, etc.», enumera la responsable. Cuando termine este arduo proceso, será más fácil que el patrimonio sacro llegue a los visitantes del museo, ya que uno de sus retos tras la gran renovación del año pasado es ofrecer exposiciones temporales de su profusa colección.

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