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A un palmo del paraíso

En el cementerio de Deià, que brinda unas impresionantes vistas sobre el Mediterráneo y la Serra de Tramuntana, descansan los restos de un buen número de ilustres personajes

Entrada al camposanto de Deià.

Entrada al camposanto de Deià. / Joan Riera

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Joan Riera

Joan Riera

Alaró

Los sepultureros acaban su trabajo. La mañana es gélida. Es la del 8 de diciembre de 1985. Antonio Giménez se acerca al rectángulo de cemento fresco que acaba de alisar y, con la ayuda de un clavo, escribe: «Robert Graves / Poeta / 24-7-1895 7-12-85 / EPD».

La austera tumba del cementerio de Deià guarda los restos del autor de Yo, Claudio. No es el único artista del lugar. Entre los vecinos abundan pintores, escritores y músicos de ambos lados del Atlántico. En cierta forma es un espejo concentrado del Père Lachaise, el camposanto parisino que cada año visitan millones de turistas. Dependiendo de sus gustos y pasiones, buscan la tumba de Frédéric Chopin o la de Jim Morrison, la de Honoré de Balzac o la de Oscar Wilde, la de Sarah Bernhardt o la de Yves Montand, la de María Callas o la de Edith Piaf, la de Pissarro o la de Eugène Delacroix... y así hasta completar una lista con cientos de nombres.

La diminuta localidad isleña no puede competir con tanto nombre de relumbrón. Tampoco con la suntuosidad de los mausoleos. Los monumentos barrocos de la capital francesa, en mármol con ángeles, mujeres dolientes o bronces de los próceres, contrastan con el humilde cemento de Robert Graves o las pequeñas placas cerámicas mallorquinas. En superficie total tampoco es posible la comparación. Sin embargo, hay algo en lo que los franceses jamás podrán vencer: las impresionantes vistas sobre el Mediterráneo y la Serra de Tramuntana ni el recogimiento que transmite la necrópolis de Deià.

A un palmo del paraíso

Las flores nunca faltan sobre la tumba de Robert Graves. / JOAN RIERA. DEIÀ

Brochazos pictóricos

Apenas se entra por la puerta situada frente al portal mayor de la Iglesia de Sant Joan Baptista, basta girar a la izquierda para encontrar la tumba de Antoni Gelabert (1877-1932). Este gran pintor se suicidó a los 55 años, lo que le emparenta con algunos de los trágicos finales entre los inhumados en el Père Lachaise. Prueba de la personalidad de Gelabert es el hecho de que jamás se dedicó plenamente a la pintura y continuó ejerciendo de barbero cerca de la plaza de Cort. Su coetáneo Antoni Ribas Prats (1883-1931), hijo de Antoni Ribas Oliver, está entre los más valorados impresionistas mallorquines. Buena parte de su obra reproduce los paisajes próximos al lugar donde descansa.

A un palmo del paraíso

William H. Waldren, arqueólogo. / JOAN RIERA. DEIÀ

En la larga relación de artistas plásticos destaca Abdul Mati Klarwein (1932-2002). De origen judío y nacido en Hamburgo, emprendió el camino del exilio junto a sus padres. Añadió el patronímico Abdul a su nombre de pila para simbolizar la convivencia posible entre árabes y judíos. Desde 1965 alternó su residencia en Deià con Nueva York. Dos décadas después fijó su residencia en la isla. Su obra se mueve en los vericuetos del pop art y la psicodelia. La más conocida es la portada del disco Abraxas, de Carlos Santana. Una creación curiosa son sus pinturas mejoradas, o lo que es lo mismo, reelaboraba obras compradas en mercadillos.

A un palmo del paraíso

George Sheridan y Ursula Benz. / JOAN RIERA. DEIÀ

Annie Truxell (1920-2015) también se integra en la militancia surrealista. La pequeña placa cerámica con la que es recordada parece un canto a su estilo: una tortuga con sombrero lleva pinceles en la boca. Un mono cabalga sobre su caparazón mientras señala hacia el sol con su mano izquierda. Truxell era originaria de Pensilvania, recorrió el mundo hasta que los últimos 30 años de su vida se instaló en Mallorca junto a su compañero, el escritor Jakov Lind (1937-2007).

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Tumba de Mati Klarwein. / JOAN RIERA. DEIÀ

En la lista de pintores del cementerio deianenc ocupa un lugar destacado Ulrich Leman (1885-1988). Fue uno de los primeros de Deià. La relación comenzó en 1930 y se prolongó hasta su muerte. Norman Jenkins Yanikun (1917-1988) es otro americano del pueblo. Durante los veranos se instalaba en Sa Fonda, hasta que en 1973 compró una casa y se integró en el colectivo Els deu del Teix. Al morir, su casa se convirtió en museo. Robert S. Bradbury y su esposa Dorothy también integran el listado de artistas, que, de tan extenso, se queda forzosamente incompleto en este reportaje. George Sheridan (1923-2008) trabajaba de forma taciturna y silenciosa en la Serra de Tramuntana para crear una obra que exponía en galerías de gran prestigio como la Juana Mordó, de Madrid, o la Seligmann de Nueva York.

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Losas de los pintores Alfredo Miralles y Brian Walter McMinn. / JOAN RIERA. DEIÀ

A título de inventario, otro trío de pintores: Ross Abrams (1920-2006); Alfredo Miralles Lladó (1918-2002) y Brian Walter McMinn (1937-2003).

Que suene la música

Desde la altura se contempla el entramado del hotel La Residencia, refugio de famosos con o sin pandemia, y la vista alcanza Ca N’Alluny, la casa, hoy museo, del autor de La diosa blanca. Las terrazas de la ampliación moderna del diminuto cementerio descienden por la ladera del monte y acogen a un puñado de músicos. La variedad de estilos representados permite organizar desde conciertos de rock hasta clásica.

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La lápida rota de Ollie Halsall, bajo la de Kevin Ayers. / JOAN RIERA. DEIÀ

Kevin Ayers es el más icónico de cuantos reposan en Deià. El fundador de Soft Machine falleció en Francia en 2013, pero su hija trasladó sus cenizas hasta la isla. En el último adiós le acompañó la música de Tomàs Graves y Pere Colom, con quienes había compartido veladas musicales en Sa Fonda con la Pa amb Oli Band. En el grupo musical también estaba Juan Graves (1944-2015). Sesiones a las que se sumaba Mike Oldfield. La placa que le recuerda destila cierta psicodelia colorista, quizás porque se le considera el impulsor del rock psicodélico.

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Annie Truxell. / JOAN RIERA. DEIÀ

Pegada a la suya está la de Ollie Halsall (1949-1992), es de piedra, tiene un conector jack de guitarra y está partida por la mitad. La grieta podría ser un símbolo funerario como las columnas truncadas de los cementerios. Sin embargo, todo es más prosaico. La elaboró el artista Michael Kane, pero un accidente la partió y el autor decidió que quedara así. Fue uno de los mejores guitarristas de su época. Hizo carrera junto a Kevin Ayers, pero en España colaboró con grupos como Radio Futura, Ramoncín, Antonio Flores, Hombres G o Tino Casal, entre otros.

A un palmo del paraíso

Bruce Michael Wallace, poeta. / JOAN RIERA. DEIÀ

Stephanie Shepard (1940-2005) y Patrick Meadows (1934-2017) se conocieron en 1975 en Deià. Ella enseñaba meditación trascendental y él estaba escribiendo una novela. Dieron un giro a sus vidas y se convirtieron en músicos «no virtuosos, sino buenos, fiables y sensibles», escribió Stephanie. Juntos fundaron el Festival de Deià, una de las citas musicales de los veranos mallorquines, y lo dirigieron durante más de treinta años. La placa que recuerda a Stephanie muestra la inscripción Loving and beloved y un fragmento de partitura musical de Nun hast du mir den ersten Schmerz getan, el Opus 42 de Robert Schumann.

A un palmo del paraíso

La violinista Ondine Perret descansa junto a Ulrich Leman. / JOAN RIERA. DEIÀ

Ondine Perret (1966-2019) fue una violinista de padre suizo y madre china que se estableció en Deià en los 70. Desde su base mallorquina viajaba por todo el mundo como intérprete. Una placa cerámica con un violín y una rosa es su modesto monumento fúnebre.

El cementerio de Deià es, probablemente, el más bello del mundo. Una afirmación discutible. Sin embargo, lo que no admite debate es que allí, paseando entre sus modestos recuerdos funerarios, difuntos y vivos están a un palmo del paraíso.

La cabra y el pincel

Fue estudiante de arte en Nueva York y París. Como artista se integró en el grupo Els deu del Teix. Fue doctor en prehistoria por las universidades de Oxford y Cambridge y director del Museo Arqueológico de Deià. Como científico era el gran divulgador e investigador del Myotragus Balearicus, un extraño animal endémico descrito por Dorothea Bate.

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Norman Jenkins Yanikun, de Els deu del Teix. / JOAN RIERA. DEIÀ

La placa que recuerda a este hombre polifacético en el cementerio de Deià tiene una sencilla inscripción dorada sobre fondo negro: «Dr. William H. Waldren, 1924-2003, arqueólogo». Se completa con el perfil del cráneo de un ejemplar de esta especie de cabra-conejo, que habitó Mallorca hasta que los hombres emigraron a la isla y convirtieron a este extraño bicho en un alimento fácil de obtener por su escasa agilidad para escapar de los depredadores.

Waldren se instaló en Deià en 1954 y pronto impulsó Els deu del Teix en el que de entrada se integraron, entre otros, Martín Bradley, Thea Winger, George Sheridan, Norman Yanikun y el escultor mallorquín Francesc Barceló. Pronto se inclinó por su otra gran pasión, la arqueología. Excavó en Son Ferrandell, en la cueva de Muleta y en el abrigo de Son Matge, entre otros yacimientos. Fue el primer investigador en aplicar las técnicas del carbono 14 en la isla. Determinó las fechas de los primeros poblamientos humanos y descubrió unos 1.500 ejemplares del Myotragus. Fundó el Museu Arqueològic de Deià, en el que depositó buena parte de su legado artístico y arqueológico.

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