Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Crítica de música | Un belén sin pastores

Las restricciones que provoca la pandemia hacen que en el terreno cultural (y seguramente en otros) se produzcan situaciones, como mínimo, curiosas. La que vamos a comentar es una de ellas: la interpretación del Mesías de Haendel, sin la parte coral. Utilizando un símil navideño, sería como montar un belén, pero sin los pastores.

La idea, que siendo nueva no es única, pues la han utilizado otras ciudades europeas, ha permitido seguir con la tradición de ofrecer el oratorio de Haendel en esos días previos a la Navidad, como ya es tradicional.

Para la ocasión, la Simfònica, oportunamente reducida en número de instrumentistas y a las órdenes de su titular Pablo Mielgo, contó con cuatro solistas, que muy bien resolvieron sus roles vocales. Nuria Rial, soprano, David Alegret, tenor, Leandro Marziotte, contratenor, y José Antonio López, barítono, cantaron de forma excelente sus arias, recitativos y dúos. Los cuatro llenos de musicalidad y espíritu barroco, muy acorde con el estilo intimista creado por Mielgo y sus maestros. Rial y López destacaron además por sus potentes voces, que les permiten afrontar otros repertorios más románticos. Lo hemos podido comprobar sobradamente con López, pues ha venido a la isla en repetidas ocasiones y tendremos ocasión de comprobarlo con la Rial, pues volverá en el mes de marzo, invitada por la Simfònica, para cantar un papel muy diferente al que tiene en el Mesías.

Los treinta músicos de la parte instrumental también estuvieron a un muy alto nivel. Destacando, si es que se puede, al trompetista Michel Herment acompañando al barítono en The trompet shall sound así como al violonchelista Emmanuel Bleuse liderando el grupo encargado del continuo, que estuvo perfecto acompañando los recitativos.

Echamos en falta, como es natural, el grupo coral, pues no sonaron ni la preciosa fuga For unto us a child is born ni el delicado fragmento And he sal purify. Aunque, eso sí, no faltó el Aleluya, ya que, como colofón final, los cuatro solistas lo cantaron como si de un coro de cámara se tratase.

Digamos que este fue el último concierto de la viola Junko Kuroki, pues por edad, se retira como miembro de la orquesta. La japonesa ha acompañado a la formación desde sus inicios. Desde aquí le damos las gracias por su aportación y le deseamos un futuro lleno de música.

Compartir el artículo

stats