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Quim Juncosa: “Adoptar es un proceso duro, pero también maravilloso”

El barcelonés presentó ayer en Palma ‘Omplir la vida’, un libro acerca del proceso de adopción y sus implicaciones, tanto burocráticas como sentimentales

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Quim Juncosa (Barcelona, 1972) emprendió en 2005 un viaje que transformaría su vida por completo. La adopción de su hijo Alexandre, nacido en Rusia, era el final del camino hacia una paternidad anhelada durante años. En Omplir la vida, su nuevo libro, ofrece una narración exhaustiva acerca de cómo se establece un vínculo con un hijo adoptivo que debe incorporarse a una nueva realidad.

La idea del libro surgió como regalo para su hijo al cumplir la mayoría de edad, pero sus allegados le animaron a publicarlo en alguna editorial: «Me lo planteé como un documento íntimo para él. Pensé que estaría bien que tuviera un resumen de la vida durante todos estos años. Le faltaban algunos años de su vida por rellenar y creí que era oportuno entregárselo cuando cumplió 18 años». El libro se iba a llamar Priviet, papa!, una referencia a las primeras palabras que Alexandre le dijo cuando se vieron por primera vez, pero después de varias reuniones con la editorial decidieron que sería difícil comercializarlo con ese título: «Decidimos ponerle Omplir la vida porque resumía muy bien el proceso que vivimos ya que él llenó nuestra vida y nosotros, de alguna manera, también lo hicimos con la suya».

Juncosa explica que, durante el proceso de adopción, el miedo marca todos y cada uno de los movimientos y decisiones: «Lo sientes desde el momento en que empiezas a hacer los trámites hasta que ya estáis juntos. No depende solo de ti, sino de muchas otras personas. No sabes cómo va a venir, qué mochila traerá, qué antecedentes puede tener, etcétera». Una de sus principales preocupaciones siempre fue no estar a la altura de la situación como padre: «Nunca sabes si podrás dar solución a sus necesidades. Adoptar es un proceso duro, pero también maravilloso».

Confiesa que el proceso fue duro porque la incertidumbre es una constante que lo envuelve todo: «Al depender de terceras personas sabes que no tienes todo el control de la situación. La idea de tener un hijo sí que la controlas, pero todo lo que viene después es diferente. No sabes cuánto tiempo durará o los trámites que tendrás que hacer». El escritor explica que en Rusia, el Gobierno exige que los niños tengan alguna enfermedad para poder optar a la adopción, a pesar de que no esté escrito en ningún documento oficial: «Su idea es que los niños que vayan a ser adoptados deben tener algún problema porque quieren justificar que van a tener una nueva oportunidad. Desde el principio ya te advierten de este dato, así que lo asumes como puedes». Si tuviera que aconsejar a una persona que se encuentra en esta misma situación, Juncosa destacaría dos ideas principales: la maravillosa experiencia de mejorar la vida de una persona y la necesidad de ser consciente de la dificultad y la responsabilidad que esto implica. «Las mayores dificultades que hemos tenido han sido resolver todas las situaciones que vives con él y el vínculo que estableces. La importancia de que tú le adoptes como hijo y él te adopte como padre», reconoce.

Argumenta que en nuestro país los procesos son más fáciles ahora que antes porque se han ido consiguiendo derechos gracias a la lucha constante del colectivo LGTBI. En cambio, en el ámbito internacional la situación vive un momento muy difícil. «En este sentido, es más difícil ahora que antes. En España tenemos más derechos y cada día vamos consiguiendo nuevos logros, pero socialmente hemos vivido una involución». Además, alerta del peligro que suponen algunos discursos utilizados por ciertos partidos políticos acerca de la homosexualidad y la adopción: «Esto nos perjudica porque da alas a ciertas acciones o ideas homófobas, y puede ser perjudicial para toda la sociedad». A pesar de ello, reconoce que se está avanzando en la defensa de los derechos del colectivo, y que deben seguir luchando para erradicar comportamientos peligrosos: «No debemos tener miedo a ser nosotros mismos porque tenemos los mismos derechos que las parejas heterosexuales». La escritura de este libro le ha servido para reflexionar sobre sus errores: «Si tienes la capacidad de disculparte, pedir perdón y corregirlos ya es un avance muy positivo».

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