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El gallinero | Varios animales y un planeta no tan lejano

Marga López.

Marga López.

Con un texto de Marta Barceló –encargo de la asociación Auba de mujeres con cáncer de mama–, la dirección de Núria Vizcarro y Marga López actuando era difícil fallar.

La autora nos propone en Anar a Saturn i tornar, un viaje por las luces y las sombras de la enfermedad del siglo, del proceso que empieza con el diagnóstico, sigue con un tratamiento agresivo y acaba en un punto incierto, final en ocasiones, muchas otras no. Se detiene la pieza en las dudas, en el cómo se da la noticia a quien teme perderte, en la sororidad y en el dolor, por supuesto; siempre cuidando el complicado equilibrio entre tratar un tema grave sin caer en el sentimentalismo. Para salir airosa de ese juego de escalofríos necesitas una escritura precisa y una buena actriz, y López lo es. Despliega registros, domina el espacio –un hexágono hecho de tablas de madera, seis sillas y dos altavoces, todo muy blanco– y llena el escenario de voces, tonos y gestos, siempre bien colocados.

El montaje es un acierto más del Teatre del Mar, que antes programó dos revelaciones: Un roble y La perra. La primera, una pirueta metateatral de Tim Crouch que Luis Sorolla lleva a los escenarios con la colaboración de actores del lugar (aquí, Lluqui Herrero, Lina Mira y Xavi Frau, cada uno en una función). Más que interesante.

La segunda, un ejercicio de naturalismo sobre las relaciones familiares, las obsesiones y la eterna insatisfacción que nos lastra. Grandes intérpretes los de la compañía Tenemos gato.

En el Principal de Palma la cosa últimamente se ha llenado de pájaros. Los de La Calórica, compañía en estado de gracia, que al fin trajeron Els Ocells, una adaptación libérrima y gamberra de Aristófanes escrita por Joan Yago, una lluvia ácida sobre el capitalismo con cuatro actorazos (Esther López, Pep Ambrós, Xavi Francés y Aitor Galisteo-Rocher). No he encontrado a nadie a quien no le haya gustado. En Palma tuvieron que hacer función extra.

Y la pasada semana aterrizó La gavina de Àlex Rigola, una revisión naturalista, contemporánea, de la obra de Chéjov: reflexiva y bien contada por seis intérpretes convincentes. Una declaración de amor al teatro, y diría que a la cultura en general.

El ‘bonus track’ de esta semana es Una flor no fa estiu, con Salvador Miralles y Sebastiá Adrover contando La flor romanial y varias rondalles más, haciendo de juglares y metiéndose el público, infantil y adulto, en el bolsillo desde el primer minuto. Van a hacer bolos por un tubo.

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