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Valentí Puig: «Sin la belleza y el rigor de la palabra, somos unos indigentes»

El autor mallorquín acaba de publicar el poemario ‘La segona persona’, donde resuenan los ecos de su reciente ensayo ‘Memòria o caos’, dos libros que advierten de la degradación del mundo postmoderno y digital

Valentí Puig, frente a un busto de Churchill, en el estudio de su casa, en Centelles (Plana de Vic).

Valentí Puig, frente a un busto de Churchill, en el estudio de su casa, en Centelles (Plana de Vic).

Valentí Puig (Palma, 1949) es uno de esos intelectuales completos, cuya conversación discurre por la literatura, las bellas artes, la política, la filosofía o los nuevos hábitos digitales. Es un defensor de la memoria y el lenguaje. Recela de las utopías. 

La segona persona es su nuevo poemario. Una segunda persona que siempre permite, tal y como la usaba Cernuda, huir de la exhibición sentimental y que a su vez permite confesar sentimientos propios o de un personaje literario. ¿Proviene esta técnica de desdoblamiento del yo del sentimiento de absoluta soledad del poeta? En el primer poema, quizá nos brinda una explicación: «Al museu, tot de segones persones et giren l’esquena».

Tal vez no somos exactamente nuestra propia sombra. Esa sombra es algo más que nosotros. Sin darnos cuenta, actuamos con desdoblamientos, simulamos, somos imitadores de no sabemos qué ni quién. En mi infancia, recuerdo que por la calle a menudo veías señoras que querían ser como Lana Turner, con su turbante. Bueno, ahora parece que nos conformamos con ser de la familia Simpson. Por suerte, tenemos Las Meninas, que es un cruce de miradas entre segundas personas. Espero que con motivo de algún pacto de Estado débil ese cuadro no se distribuya por partes, las infantas en Bilbao y Velázquez en Matadepera. 

«Als setanta es fa feixuc escoltar qui no destria entre principis i responsabilitats o, més encara, qui confon harmonia amb caos». ¿Acaba de resumir siglos de historia o simplemente lo que estamos viviendo aquí y ahora, con la gestión política de la pandemia?

Qué vivimos en una política donde predominan los gobernantes sin sustancia es un hecho constatable. También me refiero al comportamiento individual, en una sociedad desvinculada en la que no hay consonancia entre derechos y deberes. Parece que cuanto más crucial es un momento colectivo, más triviales debiéramos ser. La nueva ideología consiste en no ir nunca al fondo de las cosas. Claro, si todo es relativo, no hay sentido ni sustancia. Todo vale lo mismo. Es decir, da igual. Que los grafiteros pinten los trenes acaba siendo una forma de ruptura, de mucho más calado del que nos imaginamos. Y al final, los grafiteros ingresan en algún museo municipal. Ahí están las letras destructivas de los raperos. 

En el poemario vuelve una y otra vez al tema de la memoria, ya sea la infancia, la memoria familiar, la de una tradición cultural... Entronca con una de sus obsesiones y si me lo permite con uno de sus últimos ensayos, Memòria o caos. ¿El mayor problema de nuestros días es la desmemoria y la manipulación?

La política, especialmente los totalitarismos, viven de la manipulación del pasado. En eso son maestros los nacionalistas. Para negar sus propios problemas crean un enemigo exterior que expolia y les invade. Con todo, la gran memoria está por encima de todo eso. Y es lo que vale la pena conservar. Yo creo que uno tiene que ser leal a su propio pasado y mostrar gratitud con lo que las generaciones anteriores le han legado. Sin memoria, el caos está más a mano. La memoria es la historia de tu país, los columpios de la infancia, amores y desamores. Y especialmente, las tragedias de la humanidad, como el Holocausto o el Gulag. Fui a Auschwitz y me dejó perplejo que los turistas low cost lo visitasen como quien sube a la Torre Eiffel.  

Si la poesía aspira a la Verdad, ¿es ésta un buen antídoto contra la desmemoria?

La palabra, en su más alto sentido, es uno de nuestros legados decisivos. Sin la belleza y el rigor de la palabra, somos unos indigentes. Por eso es inquietante que en las redes sociales, en Twitter, por ejemplo, el lenguaje se simplifique y degrade. Sin respeto por la palabra, ¿cómo pensar con libertad? Y en la poesía es donde la palabra logra su mejor intensidad. Quizás por eso casi nadie lee poesía. Preferimos la telebasura, vivir pendientes de Instagram o convertir la política en un jardín de la infancia, y además perverso. 

Valentí Puig.

¿Qué referentes poéticos tiene, empezando desde la Antigüedad grecolatina hasta la actualidad?

Es de cajón que la Ilíada lo funda todo, aunque le confieso que me siento más en casa en La Eneida. Por cierto, traducida magistralmente al castellano por un poeta mallorquín, Llorenç Riber. Y al catalán traducida por otro mallorquín, el profesor Miquel Dolç. ¿Quién da más? A partir de ahí, están siempre las grandes odas y la épica. Me gustan especialmente los poetas líricos que se apartan del ruido de su época. Por ejemplo, Joan Alcover.  

En estos versos receta prudencia, a la manera de Aristóteles. Sobre todo cuando se está hablando del bien común.

Sí. Al hablar del bien común, algo que hoy se considera anacrónico, creo que la prudencia es más importante que ambicionar lo imposible. Si uno lee la historia con prudencia, no se deja convencer por las utopías. Todo lo contrario, se trata de mejorar lo posible y real, no inculcar la idea de un hombre nuevo que siempre acaba siendo un monstruo, sea ario o soviético. Ahí tiene el coronavirus: ¿no valdría la pena ser más prudentes al comparar y valorar? Es increíble que en cuestión de horas haya una multitud de epidemiólogos hablando en las tertulias de radio y televisión. Eso no es prudente. 

También invita a apaciguar los egos. «Siau capaços d’apamar l’ego amb la humilitat, lluny del combat, sense oriflames, sense heràldica, sense país». ¿Se está refiriendo al nacionalismo?

Creo en las identidades. Nuestra suma de identidades nos ayuda a ser lo que somos, y también un poco lo que querríamos ser. Eso es algo natural y, además, optativo. En cambio, no lo son las políticas identitarias porque crean guetos, falsas fronteras, exclusión. Uno es de su paisaje, de su infancia, de los libros que ha leído, de su familia y de su calle. Eso no es algo que se pueda prefabricar y convertir en una ideología que divide, genera comunidades contrapuestas y resta libertades. Por esta razón soy un entusiasta de lo que ahora se llama el régimen del 78 y de la monarquía parlamentaria, porque suman, acogen, porque nos han dado el mejor sistema político de la historia de España. 

El humor también está presente en las páginas de La segona persona. El yo-poético se burla de su propia vejez.

Si ironizo sobre mi vejez es porque en el fondo no me la creo. Me siento tan joven como cuando circulaba por los bares de Palma, achaques aparte. A veces tu vejez está más en la mirada de los demás que en ti mismo. Si me permite, me siento tan gamberro como cuando tenía dieciocho años.  

Hay un clásico poema de alba, L’hora del peix. Recuerda a Albada de Jaime Gil de Biedma, sólo que en este poema los protagonistas están en la cama. En el suyo están sentados en el banco de un puerto. La misma sensación de derrota. «Cap causa noble ens faria alçar un dit».

Es que la vida es una amalgama de derrotas y victorias. De ahí podemos sacar algunas lecciones que ya conocían los clásicos y que nos llevarían a no quejarnos tanto de todo, ni eludir la responsabilidad de lo que somos y decimos. Los años pasan y no está de más aprender algo de la vida, interpretarla, intentar que sea digna e íntegra en la medida de lo posible, aunque eso se considere mal por parte del pensamiento postmoderno. Pues no todo vale. 

Un apartado del libro se titula Postals de Barcelona, ¿es una homenaje a una ciudad que jamás volverá a ser lo que fue? «Una ciutat perduda entre ponts aeris, panxacontenta i mística...»

Fui a estudiar a Barcelona, Filosofía y Letras, en 1966. Estuve un año en Irlanda del Norte, regresé a Mallorca, fui corresponsal varios años en Londres, luego vivimos en Barcelona, pasamos unos años en Madrid, de nuevo Barcelona. Barcelona es una ciudad muy potente. Lo ha sido más y podría volver a serlo. Madrid, esa ciudad de funcionarios que criticaba el nacionalismo catalán, ahora lleva ventaja y Valencia va a la par. Un sinfín de empresas de Cataluña se domiciliaron en Valencia y en Madrid con la declaración de independencia. Culturalmente, el nacionalismo está dañando a Barcelona, como el populismo okupa de Ada Colau. Aun así, Barcelona tiene sus momentos, su sensualidad, un latido mediterráneo. 

«Soy un entusiasta de lo que ahora se llama el régimen del 78 y de la monarquía parlamentaria»

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¿Cómo ve la ciudad ahora y cómo la vive desde fuera, ya que usted ya no vive en ella?

Llevamos ya un año largo con mucha tranquilidad, en el pueblo de Centelles, cerca de Vic. Es un cambio de ritmo, otra forma de ver pasar el tiempo. La verdad es que no entiendo muy bien cómo Barcelona ha podido dejarse llevar por un nacionalismo que puede ser tan friki como una forma fanática. Al querer imponer una identidad imaginaria de Cataluña, el procés ha hipotecado la identidad real de Barcelona.

«I un parent llunyà malparlava de Palma perquè Barcelona tenia més mundologia. Rien en va plus». ¿Le hace una enmienda a la totalidad a su pariente?

En aquellos años, aquel pariente, un tío de mi madre, posiblemente tenía razón. Ahora, Barcelona pierde potencia y Palma, personalidad. No es una simple cuestión de nostalgia, sino un sentido de pertenencia. Pero si hablamos de añoranzas, la Barcelona de mis años de universidad o la Palma de mi infancia, de hecho, todo el paisaje de Mallorca, es algo muy intenso. Sueño más con la Palma de mi infancia que con cualquier otro lugar. Tuve la suerte de nacer en una familia en la que existía el amor sin necesidad de expresarse. Eso, en nuestros tiempos de psicoterapia, es inimaginable. Además, donde esté la Palma en la que el tranvía pasaba por la calle del Sindicat que se quite el desembarco de los cruceros.  

¿Es usted un hombre que se refugia en las Belles Arts, tal y como ha titulado la penúltima parte del poemario? Cita a Píndar, Keats, Claudel, cierto paisajismo mediterráneo pictórico que utiliza los colores del Génesis, a Kavafis.

La literatura, como tdas las formas de civilización, no es un refugio ni una evasión. Es lo que te hace aspirar a ser mejor, a comprender el enigma de la belleza. Eso no tiene precio. Es asombroso hasta qué punto lo vamos olvidando. Es decir, memoria o caos. Además, tenemos la obligación de intentar ser inteligentes todos los días y no aparentar serlo.  

Cierra el libro con reflexiones sobre la traición, las ansias de poder, las consecuencias de la guerra, la vida digital, las disociaciones, los campos de refugiados, el mal, la estupidez, el crimen humano. «Bufa, oratge, i fes-nos creure que podem ser nobles, ciutadans de les ciutats fetes llei». Si lo ha escrito, supongo que usted también alberga esa esperanza, de que el ser humano puede ser noble y cívico.

Yo creo que podemos ser altruistas y a la vez egoístas, ni ángeles ni demonios, individualidades que saben que hay que vivir en comunidad, que ser libres requiere ser responsables y que existe el bien común. Pongamos, por caso, los presupuestos generales del Estado: ¿se hacen como un reparto de despojos o con una noción de vida en común?.

«Culturalmente, el nacionalismo está dañando a Barcelona, como el populismo okupa de Ada Colau»

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¿Qué opina sobre la ley Celáa de educación y uno de los puntos que está levantando más polvareda, el de la eliminación del castellano como lengua vehicular en la enseñanza?

Es un acto de gobierno muy grave. Incluso me sorprende que el Gobierno y ERC, tal vez por causa de Podemos, no hayan disimulado lo más mínimo ese canje. Eso te lleva a pensar que Pedro Sánchez gobierna sin una idea del bien común. Con la ley Celáa, ¿dónde está la libertad de elección de los padres y cómo se conjuga eso con una sociedad, la catalana, que es bilingüe casa por casa, familia por familia? Las voces insumisas en el PSOE son muy significativas porque la generación del felipismo siempre ha temido la división en el partido y ahora se ve obligada a decir lo que realmente piensa, como ocurre con Bildu. 

El Gobierno parece que va a adoptar una decisión antes de que acabe el año sobre los indultos de los líderes independentistas y también que va a reformar el delito de sedición antes de las elecciones catalanas previstas para el próximo 14 de febrero. ¿Cómo lo valora?

Por cautela, conviene esperar a ver cómo se concreta pero los precedentes no son buenos, aunque solo fuera porque Pedro Sánchez tiene en su gobierno un partido que descree de todo lo que representa la Constitución. Por suerte, la judicatura actúa con rigor e independencia. 

Se ha hablado mucho de la nefasta gestión de Ayuso en Madrid de la pandemia. ¿Cómo ha sido la realizada en Cataluña?

En el ranking de la pandemia todo sube y baja a cada instante. A los países menos afectados de repente les llega una ola de virus. Yo me temo que en realidad nadie sabe muy bien qué hacer. El método más razonable, como siempre, es el de prueba y error. La gestión de la Generalitat es un desastre, porque Cataluña lleva ya unos años con toda la función pública paralizada o en manos incapaces. Será ilustrativo ver qué impacto tiene eso en las elecciones de febrero, pero mientras tanto el virus mata. 

¿La pandemia va a llevarse por delante a los actuales gobiernos de España y Cataluña? El CIS pronostica una victoria de ERC el 14 F y el PSOE mantiene casi 12 puntos de distancia con el PP.

¿Quién podría saberlo? Desde luego, el CIS, no. Nunca se había manipulado tanto. Quién sabe ahora si habrá mucha abstención, más voto de castigo, más polarización o indicios para suponer que los votantes premian la moderación y las cosas bien hechas. 

¿Cómo ve desde la distancia la gestión política de Armengol y sus socios en Balears?

Creo que la política mallorquina lleva demasiado tiempo en la inopia. Falta mucha cordura y sobran amateurs. Creo que Armengol es una amateur de la intriga y me cuesta entender su simpatía por el soberanismo. Harían falta figuras más sólidas en la política de Mallorca pero la verdad es que es común a toda España, con pocas excepciones.

¿Cree en la renta básica universal como medida para salir de esta crisis?

Soy partidario de la economía social de mercado. Es decir, mercado con correctivos, pero que no alteren las oportunidades de crecimiento sino que las potencien.

¿Volverá algún día a Mallorca?

No crea que eludo la pregunta si le digo que muchos días me vienen a la memoria imágenes de Mallorca. Estar o no estar no creo que sea lo importante. 

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