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Jaume Ripoll, al rescate de los festivales de cine

El fundador mallorquín de Filmin, Jaume Ripoll, en una imagen de archivo.

El fundador mallorquín de Filmin, Jaume Ripoll, en una imagen de archivo.

Este otoño la plataforma Filmin acogerá hasta una docena de festivales de cine españoles que han apostado por el formato online ante las dificultades para llevar a cabo ediciones presenciales. El Asian Film Festival de Barcelona, L’Alternativa, el Internacional de Gijón, Festival de Cine Iberoamerciano de Huelva, Zinebi o Rec son algunas de las citas que han escogido Filmin para mostrar sus contenidos este 2020 atípico. «Tenemos la casa preparada para los que han venido» dice Jaume Ripoll, cofundador y director de contenidos de Filmin.

El mallorquín tiene claro que «nuestra capacidad de poder acoger todos estos festivales viene dada porque tenemos la experiencia del Atlàntida con el que llevamos diez años. Esto nos ha permitido tener las herramientas necesarias para tener las respuestas», apunta. «Por otro lado, y esto es clave, tenemos que colaborar. Esto era una manera de ayudarnos, no tanto por el resultado final porque unos festivales tendrán cien mil espectadores pero otros unos miles». Algunos de estos certámenes han conseguido llegar a más de doscientos mil espectadores, como el D’A Festival, o han rozado los cien mil como Serializados. El propio Atlàntida Film Fest sentó frente a las pantallas a 550.000 espectadores en su pasada edición. Para Ripoll la celebración online ha sido en cualquier caso beneficiosa, cifras absolutas aparte: «Hemos de pensar a cuanta más gente han llegado estos festivales respecto de la que llegaban antes. Hay marcas que son muy famosas y consolidadas, pero hay otras que han aprovechado esta ventana para llegar a nuevas audiencias». Convencido de la triple oportunidad que supone el formato –para los espectadores, los creadores y para el propio festival-, Ripoll cree que a partir de ahora convivirán las tres vías, estos es presencial, virtual e híbrida, pero que lo importante será saber «qué pasará con el patrocinio público y privado. Ojalá todos entendamos que los festivales son un activo cultural que puede dinamizar o reactivar el tejido económico de la comunidad», opina.

En cualquier caso, lo cierto es que el confinamiento ha supuesto una oportunidad para las propuestas online, empezando por la propia Filmin que con un 7% de visionados ha igualado a Movistar Plus según datos recogido por Just Watch entre el 1 de julio y el 30 de septiembre: «Más allá de estas cifras, que no se refieren a la cuota de mercado, lo que sí es cierto es que hemos subido a nivel de suscriptores y visionados. Crecimos durante el confinamiento y lo bueno es que nos hemos mantenido». Para Ripoll, es la «manera de entender el contenido, de editarlo, de colaborar con entidades culturales del país» lo que explica las buenas cifras de los últimos años, «al fin y al cabo, Filmin es una compañía pequeña nacional y el resto son gigantes mundiales y esta lucha nos obliga es a ser ágiles, dinámicos, a trabajar mucho y ser innovadores».

Después de participar en la producción de títulos como Barcelona, nit d’hivern y Ojos negros, entre otros, Ripoll asegura que Filmin «reforzará este camino en el futuro con nuevas obras que anunciaremos de cara a 2021». De momento, la plataforma da servicio en Portugal y México, y el Atlàntida Film Fest dará el salto a seis nuevos territorios: Portugal, Grecia, Bulgaria, Serbia, Albania y Macedonia.

Aunque no es optimista con respecto al futuro de las salas de exhibición, el mallorquín cree que «el cine necesita las salas y las tendrá, no creo que vayan a desaparecer. Cuantos más espacios tiene un título para ser ofrecido, más sano es el ecosistema y más facilidades tiene de obtener un retorno económico que justifique la inversión que se ha hecho. Las salas son una parte imprescindible de esta ecuación», argumenta. «La realidad actual es que los cines tienen números muy malos y estoy convencido de que muchas salas no pueden aguantar seis meses más. O hay un plan de reactivación económica estatal que sea contundente o muchas salas medianas o pequeñas estarán condenadas a cerrar». Con todo, incide en que «los únicos que han apoyado a las salas han sido las compañías independientes españolas, las grandes multinacionales les han dado la espalda».

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