David Trueba (Madrid, 1969) mantuvo un coloquio con los espectadores mallorquines donde habló de inmigración, fronteras, economía, política y periodismo.

Cualquiera de nosotros podría ser el protagonista de A este lado del mundo.

Sí. En general, la gente quiere irse a dormir con la conciencia tranquila, sin pensar que para mantener su estatus se le está pisoteando la cabeza a alguien. La gente quiere que el trato sea digno. Esa parte desagradable muchas veces se le delega a los políticos y a las fuerzas de seguridad. Pienso que éste es un elemento en el que las democracias europeas deben hacer una gran reflexión. Yo escribí hace unos años un libro, La tiranía sin tiranos, donde decía que en ocasiones el ciudadano de las democracias externaliza el mal y subcontrata el daño. Es decir, yo soy intrínsecamente buena persona, respeto los derechos humanos de todo el mundo, pero cuando no los puedo respetar lo que hago es subcontratar a alguien para que los pisotee. En eso vivimos. Lo vemos a nivel europeo también. Mira cómo se han comprado las voluntades de Turquía o de Marruecos para que hagan el trabajo duro de retención y nosotros les pagamos una cantidad de dinero bastante alta. Pero eso no escandaliza a nadie. Y esto es lo que le pasa al protagonista de la película, que de repente se encuentra incluido en la maquinaria. En este punto, pensé mucho en Kafka. El escritor reflexionó mucho sobre cómo la deshumanización de las personas parte de dos estrategias. Una, la necesidad económica. Y otra, la tecnificación. Cuando tú haces que las personas tengan necesidades económicas y haces que el daño esté muy tecnificado, ya sólo se trata de apretar un botón, tú ya no tienes esa sensación terrorífica. A Kafka siempre se le consideró un profeta porque vaticinó 30 años antes lo que desencadenó el nazismo, que es esa especie de tecnificación de la muerte y del asesinato.

La banalidad del mal.

Eso es. Por eso es importante que con las películas o los libros se cree esa fricción en el espectador. Nosotros formamos parte de esa maquinaria del mal. Yo quiero llegar a ese punto incómodo.

¿También recoge mensajes xenófobos en la película?

Por supuesto. Pero no desde el lado propagandístico, sino también desde el lado humano. Descalificar a las personas bajo la acusación de «xenófobo» o «racista suele ser un error». En general es ponerle una etiqueta que es la misma que ellos te ponen cuando dicen «rojo» o «feminazi». Yo tengo una tendencia desde pequeño a colocarme en el lugar del otro. Cuando recibo los prejuicios de otro siempre pienso que yo también los tengo con respecto a él. Así que voy a empezar a corregirme yo y a lo mejor él también lo hace.

« Hay un nuevo orden económico y en él va a ser fundamental aplicar la renta básica universal»

La izquierda política no suele ser humilde y peca de superioridad moral.

Claro. Y eso la erosiona mucho. Luego aparece un líder como Trump o Boris Johnson que te machacan ese discurso. Esas posiciones de cierta moralina es que son muy fácilmente rebatibles. Trump ganó las elecciones porque era más auténtico que sus rivales. Si tú eres un líder progresista tienes que tener autenticidad, no basta con ser progresista. No puedes caer en contradicciones constantemente.

La inmigración ha sido una de las dianas en esta pandemia. Ayuso relacionó los contagios con su «modo de vida».

Es una de las cosas más amorales que nos han pasado en los últimos meses. Y ha quedado desacreditado por el nivel de contagios. Todos estos populismos tan decadentes yo creo que sólo tienen una respuesta, pero ésta tiene que ser muy coherente, no puede caer en contradicciones. Nos tenemos que plantear los conflictos con más madurez; es decir, escuchando más a las personas que los sufren en directo y quedándonos menos en la postal. Ante los conflictos, la izquierda parece que a veces persigue la beatificación.

Además de las fronteras entre países, la covid ha agudizado los muros entre los barrios de una misma ciudad.

Los muros no tienen fin. Construimos muros de los que no nos damos cuenta. La apuesta por el muro es la apuesta por la estupidez y por la frustración. No se pueden separar los desniveles de una sociedad con barreras físicas. Los desniveles de una sociedad son sociales y la sociedad es fluida. Nos necesitamos los unos a los otros.

«Los libros de economía de los últimos 25 años podemos guardarlos en el trastero de casa»

¿Ve la renta básica universal como posible solución a las desigualdades socioeconómicas?

Antes de la pandemia, pensaba que tenían razón quienes decían que había una cierta insostenibilidad económica en expandir una renta básica universal. Los leía. Me parecían interesantes. Pero ahora pienso que podemos coger los libros de economía de los últimos 25 años y guardarlos en el trastero de casa. Porque ya no funciona nada de lo que propugnaban sus autores. Es papel mojado. Ahora hay un nuevo orden económico y creo que va a ser fundamente aplicar la renta básica universal. Ahora nos vamos a encontrar con un problema social que debe ser afrontado desde la economía. Pero enfocada ésta en el sentido de que la prioridad son los ciudadanos. Hay que protegerlos a ellos.

David Trueba, este martes, en CineCiutat: “Los muros no tienen fin”