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Miqui Otero: «Con Barcelona me pasa como con un amigo, le critico yo pero que otro no me lo toque»

«La novela novelesca, la que me interesa, es deseo, amor, aventura y dinero», subraya el escritor barcelonés que ayer presentó en La Biblioteca de Babel su cuarta novela 'Simón' (Blackie Books)

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¿Quién es Simón?

Simón es un personaje que en la novela abre los ojos a los 8 años en Barcelona, en la primavera de la inauguración olímpica, en el 92, y la novela avanza con él, con su vida, hasta poco después de los atentados de La Rambla, hasta 2018. Es un chaval que crece en un bar familiar con un personaje carismático y misterioso, su primo hermano Rico, que ejercerá de tutor suyo y le descubrirá los libros y el mundo. Viven cerca de un mercado de segunda mano de libros y será ese primo quien le irá subrayando en los libros que le regala una serie de pistas. Simón es una especie de quijotito que querrá vivir una vida de aventuras y el modo más sencillo que encontrará para hacerlo será la cocina. Sus cuchillos de cocina serán su espada. Poco a poco irá entrando en los ambientes de los restaurantes de lujo, conocerá incluso a reyes y descubrirá todo un submundo bastante aberrante, cayendo en el desengaño.

¿Por qué decidió empezar por la euforia de los Juegos y acabar con la desolación de los atentados, pasando entremedias por el pujolismo, el Procés y la crisis?

Hay un paralelismo entre el personaje y el clima de la ciudad. En el año 92 Simón tiene una fe absoluta no solo en lo que le dice esta especie de figura misteriosa que es su primo sino en que realmente su vida la puede vivir como si fuera una de esas novelas, certezas que poco a poco se irán desmontando. Situarlo en la primavera olímpica me servía para arrancar con esa especie de euforia crítica que había en el país, cuando todo el mundo creía que eso era realmente importante y que había un sentimiento colectivo extraño, una especie de borrachera con todos aplaudiendo ese momento histórico. La inocencia, la ingenuidad, las ilusiones de Simón en paralelo a las ilusiones de la ciudad me iban muy bien para comenzar. Del mismo modo que para buscar su reverso o lo contrario, su antónimo, me servía acabarlo en los meses posteriores a los atentados, con el Procés y otras cosas que marcaban el contrario a ese sentimiento colectivo ingenuo del que te hablaba.

¿Qué le reprocha a su ciudad?

Barcelona está muy presente en todas mis novelas y es una ciudad que quiero mucho. A Barcelona la critico yo, pero si me voy fuera y me la critican, la defenderé. Lo mismo que con un amigo, que no me lo toquen. Yo trato de embellecer de alguna manera la ciudad pero mediante la crítica, intentando entenderla. Evidentemente Barcelona en todo este tiempo ha perdido muchísimas señas de identidad por culpa de una repentina y brusca apertura al mundo que fueron los Juegos Olímpicos. Barcelona siempre ha avanzado así, con exposiciones universales, en el 98, en el 29, luego las Olimpiadas, el Fórum de las Culturas... Siempre funciona con estirones bruscos que motivan luego resacas, torpezas.

El dinero, junto al talento, es otro de los protagonistas de su historia. ¿Por qué quiere reflejar las diferencias de clase en la sociedad?

La novela novelesca, que es la que me gusta, es deseo, amor, aventura y dinero. Es choque de privilegios. Eso siempre está en las novelas que me interesan. Cuando me invento un personaje o me encuentro con una persona siempre me gustaría preguntarle: ¿cuánto tienes en la cuenta corriente? O imaginarme cómo era la nevera de su familia cuando era un niño: ¿había marcas blancas?, ¿estaba igual al principio de mes que al final? Ese tipo de privilegios explican muchas cosas de nuestro carácter, de poder satisfacer nuestra vocación... Como escribió Balzac en La vida elegante, «toda fortuna esconde un crimen», aunque no lo hayas cometido tú. No se trata de pedir perdón pero sí de no olvidar de dónde vienen los privilegios. Mi novela se cuestiona el pasado de Barcelona, una ciudad tradicionalmente próspera. Normalmente se ha dicho que era por la industria textil y se obvian determinados episodios históricos como que el esclavismo, por ejemplo, duró muchísimos más años que en la gran mayoría de sitios. Hay una reflexión sobre la procedencia del dinero y los privilegios de las personas.

La gentrificación también está presente, algo que aquí, en Palma, conocemos de primera mano. ¿Cree que la pandemia frenará este mal?

Puede frenarlo momentáneamente pero yo tampoco estoy viendo una caída de precios espectacular. Lo que veo en la hostelería es un intento de recuperar a los vecinos que en algunos sitios de Barcelona ya son irrecuperables. Y sí que veo una ciudad más vaciada, sin turistas, que podría cambiar algunas dinámicas. Pero es difícil ser optimista con la situación que estamos viviendo. La pandemia es como ese líquido fluorescente que te inyectan en las pruebas médicas para ver qué hay de malo ahí, que ya estaba pero que uno lo ve mejor. En el caso de una ciudad eso puede ser que estuviera demasiado consagrada al turismo o que hubiera una grave desigualdad entre sus vecinos.

La novela arranca con una cita de Pío Baroja. ¿Qué pasiones comparte con él?

La aventura es una de las principales. Baroja es uno de los novelistas que más me gusta. Me fascina cómo desde la novela realista da cabida a un montón de leyendas, de cosas que quizá no pasan verdaderamente pero que podrían haber pasado. Esa tradición, de Cervantes a Marsé, me parece interesantísima. Las historias legendarias, mitológicas, siempre me han fascinado. Rico, el primo de Simón, le dice en la novela: «Tienes que mentirte hasta que te lo creas de algún modo». Estamos rodeados de historias que son mentiras. Hay que ser honesto pero no hay que ir todo el rato con la verdad por delante. Tanto en la vida como en las novelas, la mentira es importante. Si bajaras a comprar el pan con la verdad por delante subirías con el brazo escayolado.

Simón también es un canto a los libros. ¿Estos nos pueden salvar?

La novela es una carta de amor a la lectura y al libro pero los libros no te salvarán la vida de ningún modo, no son un bien de primera necesidad. La ignorancia muchas veces preserva. Alguien que es ignorante será más osado, menos inseguro. Los libros pueden ser un refugio cuando la vida te da hostias. En eso sí que creo y de eso va la novela Simón.

¿Qué busca el Miqui Otero lector en las novelas de segunda mano de los mercadillos?

Emoción, lo mismo que busco cuando escribo.

¿Con qué rompe Simón respecto a sus novelas anteriores, Hilo musical, La Cápsula del tiempo y la aplaudida Rayos?

Las anteriores eran más generacionales y también ocurrían en arcos temporales más pequeños, con lo cual los personajes no crecían tanto. Esta abarca más de 30 años, es mucho más coral, no solo es más larga sino que es más ancha en el sentido de que toca más temas.

Dicen que Simón es la novela de su consolidación. ¿Usted lo siente así?

No sé. Me gusta leerlo pero no tengo ni idea. Escribiré la siguiente con la misma ambición. Hay una edición de Casa desolada de Dickens con prólogo de Chesterton que dice que «esta es la novela más madura de Dickens lo cual no quiere decir que sea la mejor». Y hace un paralelismo con las patatas porque una patata madura no quiere decir que sea la mejor, hay a quien le gustan las patatas nuevas.

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