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Entrevista

Miguel Eek: "El cine documental más rico no nace con la intención de sensibilizar o de cambiar el mundo"

"Uno parte de una idea y lo honesto y lo atractivo es estar muy permeable a que la realidad y el azar determinen la película"

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Cineasta y director artístico del festival Majordocs, Miguel Eek acude el próximo 28 de octubre a la Seminci de Valladolid con su película documental sobre CineCiutat Próximamente, últimos días.

En un momento especialmente delicado para el cine, ¿hay lugar para el documental?

El cine documental es un género para mí tremendamente rico y con infinitas posibilidades aun por explorar y en ese sentido le auguro un largo futuro, si sigue contando con los apoyos de sus financiadores. Ahora mismo los tiene, pero no sabemos si van a continuar. Eso podría poner en juego el momento esperanzador que tenemos ahora en Balears. Si flaquea la financiación, tanto autores como productoras reducirán su riesgo y optarán por fórmulas más sostenibles económicamente.

Entonces, ¿hay vida más allá de la ficción?

El documental vive un momento muy rico, es un género súper prolífico porque es muy flexible al tipo de economía y al tipo de historia de cada país. A día de hoy las posibilidades con una cámara, un micro un ordenador y talento son suficientes para emocionarnos porque hay un código, el de la verdad, en el que muestro una historia pequeña que es real. No solo hay vida, hay mucha vida. Es un terreno muy fértil para experimentar porque no está sometido a las constricciones de la economía de la ficción.

¿Se puede hacer cine documental sin un componente social o de denuncia?

Cualquier película tiene un componente ideológico y político. A mí no me interesa hacer política con mis películas. Con las historias que elijo y la forma en que me acerco a la realidad y la proceso ya estoy trasladando una visión del mundo que tiene un componente ideológico, pero yo creo que el cine documental más rico no nace con la intención de sensibilizar o de cambiar el mundo. Lo que hace el cine es cambiar la visión de mundo, pero no tiene porqué ser un cine militante. Yo lo asocio más a una obra de arte.

A la hora de rodar, ¿deja que la realidad cambie sus planes?

Uno parte de una idea y lo honesto y lo atractivo es estar muy permeable a que la realidad y el azar determinen la película. Cuando empiezas un filme sabiendo cómo va a acabar es poco enriquecedor como autor y para el espectador, se nota que lo has hecho para demostrar tu tesis. Es más estimulante que, partiendo de mi ignorancia, me acerque a un personaje o a una historia y mi propia transformación quede plasmada en la película. La ficción no es tan flexible. El documental, su luz y su virtud, está en eso. Escribes un proyecto, ruedas y te sumerges en la realidad y en el montaje lo vuelves a rescribir para encontrar un sentido al azar y a lo que la realidad te ofrece.

¿Qué realidad muestra en Próximamente, últimos días?

Es una película coral donde no hay un protagonista. Es un viaje por la lucha de un grupo de personas por mantener vivo un proyecto cinéfilo aun cuando ellos tienen ideas diversas de lo que debería ser ese cine. Pienso que es un retrato de la diversidad de miradas, sobre la confrontación y sobre el aprender a ir juntos en un camino complejo y de consenso. Muestra las dificultades de hacer sostenible un proyecto con personas que no siempre piensan igual.

¿Con qué sensaciones llega a la Seminci de Valladolid?

La película llega en un momento importante, es heredera de la situación actual en la que se cuestiona la experiencia en la sala y de qué manera esa sala sigue colmando al público. Con la reducción de aforo, es un momento hostil y, en ese sentido, estoy totalmente agradecido a que los cines no hayan sucumbido a la dificultad, al riesgo y a la ruina que supone organizar un festival como éste, es un acto de fe y de resistencia. Esta crisis sin duda va a pasar, pero el tránsito es duro.

¿Cómo ha respondido el público a la propuesta del festival Majordocs?

En un momento como éste era importante desviar la atención de la crisis del coronavirus. Los temas y las historias que cuentan las películas que hemos proyectado no han dejado de existir, de ser relevantes y urgentes. En ese sentido estoy muy satisfecho porque el público ha llenado CineCiutat. Ha sido bellísimo ver a la gente vibrando con historias de no ficción y ha sido un acto de fe porque es un festival y un cine que supone una apuesta y un riesgo. También ha sido importante poner en contacto a cineastas de otros lugares con gente de aquí. El intercambio de ideas, de proyectos, es tremendamente rico para un cine como el balear. El contacto con otras cinematografías nos enriquece.

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