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Crítica de música

Un, dos, tres, Beethoven otra vez

Poco antes de cumplirse un año de su colaboración con nuestra Simfònica interpretando juntos un concierto de Brahms, vuelve el gran pianista alemán Gerhard Oppitz, esta vez con Beethoven, para inaugurar, con sus tres primeros Conciertos para piano, la presente temporada de abono, que por el momento durará hasta Navidad, con siete propuestas muy beethovenianas ellas, con el fin de celebrar el año dedicado al compositor en el ducentésimo cincuenta aniversario de su nacimiento.

Oppitz conoce al dedillo esas obras maestras del repertorio. Las ha tocado muchas veces y existen grabaciones suyas con la Orquesta de Leipzig. Así que su actitud y disposición ante el teclado es sobria y convincente. Transmite serenidad y conocimiento, elementos que le permiten dar una lección enorme de musicalidad. La pulsación es delicada y firme según convenga, cruza las manos con elegancia y sin perder nada de sonido, usa el pedal de forma convincente, imprimiendo a la lectura de la partitura (es un decir, pues toca de memoria, naturalmente) un sonido lleno de preciosos harmónicos. El Beethoven de Oppitz, como lo fue hace once meses su Brahms, es para no olvidar.

Hizo bien Pablo Mielgo de cambiar el orden numérico de las obras, iniciando la sesión con el segundo concierto, pues se escribió, cronológicamente hablando, antes que el que leva el número1.

La Simfònica, nuestra Simfònica, con todos los músicos que la partitura requiere sobre el ampliado escenario del Trui Teatre, estuvo a la altura de ese reencuentro con sus seguidores, menos de los habituales. Seguramente la situación pandémica ha frenado las ganas de escuchar música en vivo a algunos de los abonados de temporadas anteriores. Otros quizás esperan acontecimientos y la vuelta al lugar habitual, el Auditorium de Palma, el escenario natural de nuestra formación. De todas maneras los que sí asistimos agradecemos, con mascarilla puesta, una vuelta a la “normalidad” musical, que poco a poco se va imponiendo.

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