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Opinión

La cultura no se toca

La crisis provocada por la covid-19 ha propiciado que el debate sobre el sistema cultural se haya esfumado

Una ciudadana, esta semana, en una galería de Palma.

Una ciudadana, esta semana, en una galería de Palma.

La Nit de l’Art siempre es un momento propicio para abrir debate porque en ella se concentran todas y cada una de las relaciones que explican el sistema cultural en el que estamos inmersos: administraciones públicas, la patronal o empresarios de la cultura, el sector profesional con mayor formación y contactos, los creadores, otros trabajadores culturales y el ciudadano. Con lo de abrir debate me refiero por supuesto a dilemas internos, disquisiciones que no discurren a viva voz, porque lo que es debate real acerca de la estructura cultural no hay ninguno ahora mismo. Y el covid-19 que tanto ha estrangulado al sector es la excusa perfecta para que aquel que ose a señalar defectos e imperfecciones en dicho esquema de relaciones sea tildado de insolidario, hereje, inoportuno e incluso en algunos casos de enemigo. En este estado de cosas, lo que queda más patente es que en lugar de debate y transparencia, nos vamos a quedar con justo lo contrario. Bajo la premisa de la urgencia coyuntural (una pandemia) y la necesidad de legitimidad por parte de los gobernantes, que precisamente por ello se están apoyando y están pactando más que nunca con las élites y los prohombres de los diversos sectores sociales, se va a producir un preocupante retroceso en el deseable reparto equitativo de los recursos públicos y una regresión en muchas prácticas destinadas a sanear la democracia. Sirva de ejemplo una simple apreciación lingüística: el término “participación ciudadana” se ha convertido en una expresión propia de un diccionario de lenguas muertas. Su sustituto: “diálogo con el sector”. Esto también pasa en la cultura.

En estos días de la Nit , me he encontrado con algunas personas de ese sector con el que se dialoga y que no son sospechosas de ir contra la cultura que están preocupadas precisamente por ese equitativo reparto de los recursos públicos en un momento como éste. Dan la voz de alerta sobre las distintas convocatorias abiertas para la compra de obras de arte por parte de las instituciones. Se hacen preguntas. ¿Hay un plan de adquisiciones trabajado y consensuado, con criterios técnicos consultables en algún portal de transparencia? ¿Se han debatido y analizado las necesidades de esas colecciones públicas y sus relaciones? ¿Hay un orden de prioridades para la compra, conservación y almacenaje? ¿También se publicitarán las propuestas rechazadas y las argumentaciones? Que para la compra de arte haya habido tres convocatorias de tres instituciones distintas en el ámbito de la isla no ha pasado desapercibido tampoco. De hecho, ha extrañado porque no parece que responda a un plan de adquisiciones (¿y conservación?) consensuado, coherente, común y trabajado desde las diversas administraciones para dar respuesta y beneficiar a las colecciones públicas de arte y al patrimonio común, sino a otros fines. Desde Cort alegan que ha habido trabas administrativas en este sentido. Detallan que el departamento de Intervención rechazó por una cuestión del origen de la partida (no provenía de Cultura) que ésta se inyectara como subvención directa a Es Baluard para que desde el museo se canalizaran todas las compras. Para evitar duplicidades, aseguran desde el Ayuntamiento que trabajarán “de manera estrecha” con el centro de arte contemporáneo. El día 25 se reúne el comité de adquisiciones de Es Baluard. De momento, no hay fecha para la puesta en marcha de estas compras por parte del consistorio. Y el Parlament presentó sus recientes adquisiciones el viernes y las ha expuesto en la Nit de l’Art. 

Están volviendo a escucharse en estos días discursos que pensábamos que estaban superados. He vuelto a leer definiciones de la Nit de l’Art como una suerte de oferta complementaria que podría relanzar Palma como destino turístico. En Cala Millor también se va a apostar por el arte contemporáneo “como un complemento a su turismo”. “Conscientes de que la cultura y el arte son prestigio y suponen un reclamo para miles de personas”, los hoteles del núcleo ofrecerán durante el mes de octubre de 2021 una muestra de arte compartida. Estas palabras están recogidas en un comunicado enviado por el Ayuntamiento de Sant Llorenç des Cardassar. Una institución que promueve el arte como reclamo promocional de un destino en el maltrecho mercado turístico. De repente, hemos retrocedido una década o dos. Lo más preocupante es leer que algunas asociaciones ciudadanas de la capital mallorquina propongan para Palma como modelo de diversificación económica el trabajo que ha hecho Málaga con el arte. ¿De verdad alguien pensaba que el covid iba a cambiar algo? Hasta entidades supuestamente responsables con el medio ambiente y la sostenibilidad hacen gala de un enorme cacao mental cuando se refieren a la cultura. Eso tampoco va a cambiar con la covid. Es más, es mucho más improbable. El motivo: la ausencia de debate público sobre el sistema cultural. La cultura no se toca. 

P.S. El Solleric ha estado prácticamente fuera de juego en esta Nit de l’Art. La directora lamenta que “el coronavirus haya retrasado la lógística y algunas tramitaciones” de la muestra de Mireia Sallarès. Al final se abrirá en febrero.

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