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Nit de l'Art

Miguel Ángel Campano, el pintor enérgico que releyó la tradición

El artista creó un estilo propio a partir de grandes maestros como Delacroix, Poussin, Guerrero o Gris

La directora de Es Baluard Imma Prieto, ayer, frente a la obra ‘Elías (D’après Daniel Buren)’ de Miguel Ángel Campano.

La directora de Es Baluard Imma Prieto, ayer, frente a la obra ‘Elías (D’après Daniel Buren)’ de Miguel Ángel Campano.

Miguel Ángel Campano reinventó las líneas maestras más enérgicas de la tradición pictórica. Fue un pintor-investigador incansable, alejado del estatismo estilístico, “buscó siempre reinventar el espacio con su pintura”, sostiene la directora de Es Baluard Imma Prieto.

   El museo de arte contemporáneo de Palma abrió ayer en el marco de la Nit de l’Art una magnífica exposición que se acerca a los momentos cruciales de la trayectoria del pintor madrileño que residió y vivió en Sóller. Instantes de cambio y ruptura, pero también de confesión más íntima.

La muestra la completan las “patrañas” y una vitrina con probaturas, bocetos y cartas manuscritas

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   La muestra, con un montaje limpio, es una relectura de la exhibición D’après que se presentó en el Museo Reina Sofía en 2019, un año después de la muerte del artista. La retrospectiva de Madrid supuso pensar en cómo algunos artistas habían sido clave en la trayectoria del madrileño, desde Poussin, Delacroix, Guerrero o Gris, hasta la escritura de Rimbaud. Campano tamizó todas estas miradas tan diversas y consiguió crear un estilo propio “a partir de”. En Palma, la muestra sigue la estela de dicha retrospectiva, pero acentuando los momentos cruciales de cambio y diferencia.

Hace de pórtico en la sala de abajo la impresionante instalación de puntos Elías (D’après Daniel Buren), que se expuso en la isla por primera vez en la galería Maior. La composición, que transforma una pared blanca en un nuevo espacio, emula el gesto pictórico de Campano. Así las cosas, el espectador ingresa en la sala haciéndose una idea del malabarismo pictórico del madrileño.

Obra de Campano

En el primer recodo, se exhiben las primeras geometrías de los años 70, próximas a los trabajos del Grupo de Cuenca. Justo al lado, luce una combinación de piezas con la que Campano homenajeó a la literatura, en este caso a Rimbaud, su poeta predilecto.

“Su búsqueda se centró en reinventar el espacio con la pintura”

Imma Prieto - Directora de Es Baluard

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La muestra también transita por sus reinvenciones de grandes maestros pictóricos, como un naufragio que remite a Delacroix. Junto a él, destaca una marina de la zona de Sóller. Si hubo un pintor que marcó a Campano fue Poussin, sobre todo en la manera de entender la ruptura y la innovación. Una admiración rastreable en la serie La Grappa, también expuesta en Es Baluard.  

Las "patrañas" de Campano.

El recorrido continúa por otro momento de experimentación del artista, una de sus etapas más radicales, cuando la apuesta fue el blanco y el negro, llegando a crear composiciones rítmicas. El siguiente paso en su trayectoria fue la búsqueda del color. Se sirvió del tejido indio lungui (fruto de sus viajes al país de las especias) como soporte para su pintura. La trama reticular de estas telas fue un motivo más para investigar una nueva manera de afrontar el espacio. 

El silencio también se adueñó de algunos momentos vitales de Campano. Una introspección representada en tres obras casi blancas. 

Completan la exposición sus peculiares “patrañas”, obras creadas a partir de objetos de desecho como colillas o envoltorios, acompañados de terrones de azúcar: personajes imposibles, collages tridimensionales. En las vitrinas finales, junto a varias obras de los años 2000, la intimidad del pintor: bocetos, probaturas, cartas manuscritas. En una de ellas no es extraño que muestre su obsesión por el Tratado de pintura de Leonardo Da Vinci. No en balde, Campano aspiraba a algo similar: apuntalar toda una epistemología de la pintura. Algo por lo que luchó desde Mallorca, París y Madrid, arriesgándose a transitar por territorios estilísticos muy distintos, a riesgo y todo de poder ser señalado como un pintor con un “no-estilo”. Nada más lejos de la verdad; su estilo respondía sólo a una propósito: cuestionar radicalmente la pintura y a sí mismo.  

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