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El amplificador

En busca de la canción perfecta

Difícil misión pero no imposible para este corpulento músico que sabe cómo emocionar al público. En unos días publica nuevos temas con su banda Roulotte, con la que factura un pop rock con pinceladas de americana

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Hacer buena música, emocionar a quien la escucha y, si se puede, lograr la canción perfecta. Así de sencillo, o de complejo. Eso es lo que mueve a Miquel García Sastre (Palma, 1 de enero de 1982), cantante, compositor, guitarrista y batería que creció soñando con Springsteen y que siente el rock como una necesidad a la que se entrega a todas horas, incluso cuando trabaja de periodista. En unos días publica nuevo material, con Roulotte, su banda.

Fue la propia música la que empujó a Miquel García a exprimirla. “La sensación física y psíquica que me provocaban las canciones que ya escuchaba de pequeño o el simple hecho de pegar la oreja a la caja de una guitarra española y sentir cómo las vibraciones que salían de la madera me removían todo el cuerpo me despertaron la curiosidad por descubrir cómo y por qué sucedía todo aquello”, recuerda. En la casa en la que creció la música siempre estuvo presente: desde los discos de Perales o Julio Iglesias de su padre o los cassettes de Mari Trini, Django o Joan Baez de su madre, hasta los discos de R’n’R y rockabilly de su hermano, que le despertaba “cada día durante años con discos de Springsteen a toda leche… o el pop horroroso noventero que escuchaba mi hermana quien, al regresar de estudiar en Texas, fue también la primera en introducir la música country y a Tracy Chapman en mi casa, cosa que aún le agradezco”, reconoce. Quien más se acercó a la música y sin duda fue su mayor influencia en su juventud fue su hermano, Lolo. “Él tuvo su grupo de R’n’R en el colegio y yo flipaba con él y sus colegas. Se llamaba Los Caravana y llegaron a telonear a Los Rebeldes. Todos sus integrantes menos él siguieron sus carreras musicales y muchos de ellos siguen en activo como David Martín con Hombre Lobo Internacional, Manu García con Surfin’ Limones o Javi Moreno con La Banda Magnética, grupo en el que estuve tocando un par de años. Con Lolo he compartido como público algunos de los mejores momentos musicales de mi vida y, aunque no se lo digo, su opinión sobre la música que escribo y toco en directo vale su peso en oro”, confiesa.

Además del Boss, que su hermano se lo metió en vena, otros grandes fueron moldeando al Miquel García músico, como Ismael Serrano, Javier Álvarez, Carlos Goñi o Antonio Vega. “Recuerdo cómo siendo un adolescente descubrí en la radio toda esa ola de cantautores y me giró la cabeza. Luego fui metiéndome más en la onda de Los Rodríguez o Los Ronaldos a la par que descubría a Dylan, Nick Drake, The Band o Ben Harper”. La guitarra, el instrumento al que se ha entregado, era su plan B, porque lo que él quería era tocar la batería. “De hecho aun quiero y creo que sería mucho mejor baterista que guitarrista”, asegura. Con ella se estrenó en el Karajo, cuando solo tenía 16 años, gracias a un amigo, Jose, del club de basket de La Salle. “Me dejó tocar unas canciones bastante malas, todas de amor y bastante bajoneras, que se hacían insoportables a todo tipo de público”, se sincera. El baloncesto, todavía, se imponía a la música, que no dejaba de conquistarle día a día. “Desde mi niñez hasta bien entrada la adolescencia me dedicaba casi exclusivamente a jugar a baloncesto. Una afición que disfruté muchísimo pero que abandoné para centrarme en las mieles de la música y los escenarios”.

Miquel García, elegante, inquieto y siempre agradable, armado con su guitarra.

Su primer grupo “de verdad” fue La Garfio Band (2002-2006), en Madrid, con el que aprendió “lo que es estar comprometido con un proyecto musical, a tocar en grupo, a escuchar y a callar… y también lo casi imposible que era vivir de la música, pero sobre todo aprendí que la música es el camino y no un destino”. Hasta que llegó Roulotte, la banda en la que se ha volcado y con la que está a punto de lanzar nuevas canciones. Un grupo que persigue una meta: “Buscamos la canción perfecta. Una buena melodía, un groove molón que te haga mover la cabeza y letras que despierten la empatía del oyente. Cada paso que damos intentamos ser más sinceros con nuestro discurso. Roulotte es pop rock con pinceladas de americana y letras en castellano y, en este último disco que estamos a punto de publicar, también en mallorquín. Nuestra pretensión es hacer buenas canciones y vestir a cada una con su mono de trabajo adecuado para conseguir emocionar al público. Y en eso seguimos trabajando, sabemos que tenemos mucho por hacer. Por suerte aún tenemos tiempo y ganas”.

Encontrar tiempo libre trabajando de periodista puede resultar complejo aunque la profesión de plumilla tiene sus recompensas: “Mi trabajo como periodista de cultura en los informativos de IB3 me permite conocer a muchísimos artistas de todas las disciplinas y darme en los morros con propuestas culturales que la mayoría de gente tiene que buscar concienzudamente para poder encontrarlas. Es más, alimento el periodismo con R’n’R y viceversa. Y reconozco que muchas situaciones que he tenido que afrontar como periodista han nutrido después algunas de mis canciones. Es un matrimonio muy bien avenido”, sostiene.

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