Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Silvia Vázquez: "Cantar en La Scala y ser madre son dos metas que ya he alcanzado"

"Los cantantes somos para dar de comer aparte, vamos, que estamos pirados", confiesa entre risas

Silvia Vázquez, cantante, ayer en Palma.

Silvia Vázquez, cantante, ayer en Palma. b. ARZAYUS

P Vuelve a Palma, ciudad en la que triunfó en 2011 y 2013. ¿Qué recuerdos guarda de aquellas actuaciones?

R Fue con La flauta mágica, La Traviata y Lakmé. La gente del Teatre Principal me trató muy bien, con cariño, y cuando una se siente a gusto, todo es maravilloso. Hay teatros que son de primera fila, por llamarlos así, y no te reciben igual, el acogimiento no es el mismo, y te lo dice alguien que ha cantado en muchos sitios, algunos de mucho renombre. En Palma siempre me he sentido entre familia.

P ¿Qué metas ha cruzado y cuáles le quedan por alcanzar?

R Una meta profesional que tenía era cantar en la La Scala de Milán, algo que en mi opinión me llegó demasiado pronto. Después de eso, psicológicamente me relajé. “Lo que venga después será como un paseo en barca”, me dije. Otra meta que alcancé era la de formar una familia y tener hijos, un pilar fundamental para mantenerse con los pies en la tierra y seguir avanzando.

P ¿Qué se siente al cantar en La Scala?

R Cantar en La Scala fue algo complicado. Cuando fui allí yo no iba a cantar, iba de cover -por si la soprano titular se ponía enferma-. Fueron pasando los días y como nadie me llamaba para ensayar yo pedí que por favor alguien ensayara conmigo porque no era una ópera de repertorio. Era 1984, de Lorin Maazel, que en paz descanse, una ópera muy complicada. El pianista con el que ensayé dio parte al teatro de que la cover lo hacía estupendamente. Fue así como me llamaron para un ensayo con el maestro Maazel, quien al escucharme, dijo: “A esta chica hay que darle funciones”. Al pisar ese escenario sentí que allí había cantado gente muy importante. La Scala tiene un poso mágico, y eso lo pude sentir. Fue una experiencia muy enriquecedora.

P Desde que es madre, ¿canta diferente?

R No, pero sí es verdad que estudio de modo diferente. El tiempo que ahora me queda, porque imagínate cuánto tengo con tres niños, lo aprovecho de un modo más intensivo. Esto es como un tetrix, te tienes que organizar ficha por ficha y que encaje todo a la perfección.

P El recital de hoy se presenta bajo el título de ‘Àries de bogeria’. ¿Cantarle a la locura en estos tiempos le resulta más fácil?

R La verdad es que estamos viviendo un tiempo de locura, una situación inimaginable hasta hace bien poco. Yo percibo la música de otra forma, por todo lo que está pasando. Todo se ha puesto patas arriba y yo me replanteo muchas cosas.

P ¿Los artistas tienen un punto de locura?

R ¿Algo de locura? No, mucho de locura (risas). Se dice que los cantantes somos para dar de comer aparte, vamos, que estamos pirados. Sí, tenemos una parte de locura, con nuestras manías y rigores. Si no tuviéramos eso, al artista le faltaría una partes.

P Ofelia, Lucia, Anna Bolena. ¿A quién de estas mujeres desearía conocer?

R A Lucia di Lammermoor. Es como mi propia piel. Es una ópera cómoda desde la primera nota hasta la última, y mira que tiene cosas de vértigo, muy difíciles. Pero cuando la haces tuya, me siento como pez en el agua.

P Usted ha trabajado con muchos grandes, como Zubin Mehta o Emilio Sagi, por citar solo a dos. ¿Qué le enseñaron?

R Humildad. De Zubin Mehta aprendí todo lo habido y por haber. Y personalmente era maravilloso, muy cercano. Recuerdo una anécdota, cómo le servían tortilla a diario durante los ensayos, hasta que un día, ya cansado de comer siempre lo mismo, decidió compartir la comida con los cantantes. “Venga, que tenéis que merendar”, nos decía. Nosotros que le veíamos como a un dios, y él allí, contándonos cualquier cosa.

P ¿Resistirá la ópera la embestida de la Covid-19?

R Nos afectará muchísimo. Hay y habrá cierres de teatros y cancelaciones, así que todo esto pase de la mejor manera posible y lo antes posible para que todos recuperemos la normalidad. Pensar en un segundo confinamiento, psicológicamente es muy duro.

P ¿Cómo valora las ayudas institucionales para reactivar la industria cultural?

R Nos sentimos abandonados. Los artistas somos los primeros que nos apuntamos a actos benéficos pero cuando somos nosotros los que necesitamos ayuda... A mí me da mucha tristeza y creo que no es justo el trato que se nos da.

Compartir el artículo

stats