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Actuación

Simón Andreu: "Si damos más importancia al turismo y al dinero que a la vida, esto terminará mal"

El actor de sa Pobla, un gran aficionado a la música, ha perdido a cuatro de sus amigos que cantaban con él en la Coral de Alcobendas a causa del coronavirus - "No tengo miedo a la muerte, he vivido 80 años, pero soy precavido", confiesa - "Todos estamos siendo protagonistas de una película de terror en directo"

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2020 iba a ser un buen año, otro más, para Simón Andreu. El actor de sa Pobla, residente en Alcobendas (Madrid), saboreaba antes de la pandemia un nuevo premio, el de mejor actor en la última edición del Festival de Cine de Comedia de Tarazona por el cortometraje Muero por volver, de Javier Marco. Un nuevo galardón con el que agiganta aun más una carrera tan extensa -incluye unas 150 películas- como brillante, con títulos como Los señores del acero de Paul Verhoeven, Los fantasmas de Goya de Milos Forman y cintas de tres famosas sagas del cine: James Bond, Bridget Jones y Las crónicas de Narnia. Pero como a todos, le sorprendió la Covid-19.

"En Madrid ha sido tremendo, sobre todo cuando no sabíamos de qué iba el tema del coronavirus, relata con tono angustiado el actor, que forma parte del elenco de la Coral de Alcobendas desde 2012. "Del coro ya han muerto cuatro integrantes, el primero de todos mi vecino, mi amigo, que me llevaba todos los días a los ensayos. Pero hay que sobreponerse. De lo contrario, ¿qué vas a hacer? ¿pegarte un tiro de mierda, como dicen en mi pueblo? Mejor que no".

Su coro ha reanudado los ensayos presenciales, siguiendo un estricto protocolo de seguridad, pero él ha decidido, "a la espera de que todo esto pase", hacer un parón. "El coro sigue con pequeños grupos, pero yo, que soy más mayor y voy a cumplir 80 años, ya no voy, por precaución. Un coro es el sitio ideal para contagiarse, porque esputas, así que a las corales, a todas, les recomiendo que se queden en casa. Hay que dejarse de grandes reuniones", advierte.

Andreu sabe de qué habla. Sus abuelos se murieron en la pandemia de gripe de 1918 y su madre, aunque se salvó, "vivió toda la vida traumatizada por aquello. Menos mal que se murió mi madre porque si llega a ver esto estaría tarada pensando que sus hijos y nietos pueden irse al otro barrio. Yo soy el eslabón perdido entre la desgracia de hace cien años y la de ahora".

"Somos protagonistas de una auténtica película, avisa un actor que ha encarnado a un buen número de personajes terroríficos a lo largo de su trayectoria, y que también ha vivido algún susto en la vida real. "Hace unos años tuve un ictus. Me habían operado de una cosa ligera, con dos puntos de sutura. Camino del hospital tuve dificultades para expresarme. No hables en mallorquín que no te entiendo, me dijo mi mujer, que se dio cuenta enseguida de que algo iba mal y me llevó directamente a urgencias y no a la consulta del traumatólogo. Estuve 10 días en la UCI. Hasta vinieron mis hijos a despedirse por si me moría. Si me hubiera muerto, no pasa nada. La putada de la pandemia es que se mueren de una forma horrorosa. Yo no le tengo miedo a la muerte, he vivido 80 años, pero soy precavido. Tengo tres nietos y no quiero contagiar a nadie".

Un "héroe" confinado

El confinamiento ha sido largo y duro, pero lo ha soportado con maestría, como "un héroe", bromea, y dispuesto a descubrir nuevos placeres. "Me he convertido en un adicto al ordenador. Confinado, sí, pero relacionado con todo el mundo. El ordenador me ha servido de refugio, por supuesto, y también la música. Con un programa de edición de imagen he hecho algunas cositas. Llevan horas de trabajo, al no dominar la herramienta. Yo soy actor, no técnico, pero en esas estoy, haciendo vídeos y viendo lo que hace un fenómeno en este campo como es Pere Pou Llompart", apunta.

Simon Andreu canta "Ay, triste que vengo" a tres voces

El encierro, no obstante, le ha robado el contacto directo con los suyos, con su familia, y con esos tres nietos a los que adora. "En dos meses y medio no los vi ni siquiera un día. Da pena. A mí me quedan tres telediarios, y los he visto crecer, los llevaba desde pequeñitos a las escuelas de música y he pasado mucho tiempo con ellos. Es una putada, todo esto de repente, pero hay que acostumbrarse".

Quién sabe, quizá un día uno de esos nietos acabe siguiendo los pasos del abuelo, ya sea como cantante o como actor. "A mis nietos les aconsejaría que se empapen de lo que quieran. Lo que tienen los tres, de momento, es muy buen oído. Mi nieta Leonor, que se llama así no por la futura reina sino por mi hija y mi madre, aun no sabe hablar y sí sabe cantar, y ya entona", exclama. "Un actor nace y luego se hace -añade-. Y si tiene suerte trabaja un poquito. Y si habla cinco idiomas trabaja un poco más. A todo el mundo le recomiendo que además de la de actor, tenga otra profesión. Dedicarte solo a este oficio, en el 99 por ciento de los casos, no te llena la despensa", espeta.

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