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Directos en la retina

Miles Davis Rey del jazz

Calificado por algunos analistas como el concierto de la década, su recital en Palma en 1981 es recordado como un hecho histórico

Miles Davis en Palma.

Miles Davis en Palma. José Luis Luna

Una de las figuras mundialmente más aplaudidas y claramente aceptadas sin paliativos por todos los aficionados al jazz es, sin duda, Miles Davis. De hecho en el año 2002, el disco Kind of blue (grabado en 1959) fue escogido como una de las cincuenta grabaciones dignas de tener un espacio reservado en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. También forma parte (en el lugar número 12) de la lista que la revista Rolling Stone publicó sobre los 500 álbumes más importantes de todos los tiempos.

Así pues no es de extrañar que la venida a Palma de ese rey del jazz fuera calificada como uno de los acontecimientos musicales del año. Era el otoño de 1986 y la cita tuvo lugar el sábado 8 de noviembre en el Auditòrium de Palma, con una cifra que rondaba el lleno absoluto por lo que a espectadores se refiere.

El concierto fue el plato fuerte del Festival de jazz que desde 1981 patrocinaba el ajuntament de Palma, después de comprobar, a través de conciertos puntuales, el interés por parte de algunos aficionados a este tipo de música.

Colau Llaneras, que era el responsable de Cultura de Cort y Joan Nadal, también concejal, fueron quienes hicieron posible abrir una partida presupuestaria dedicada a un ciclo jazzístico. En 1986 esa partida fue de trece millones de pesetas (equivalente a poco más de setenta y siete mil euros), más de la mitad de las cuales se dedicaron a sufragar los gastos del concierto del trompetista americano que vino a Palma con un septeto en el cual solamente Adam Holzman había participado en la grabación del, en aquel entonces, reciente disco Tutú, dedicado a Desmond Mpilo Tutu, el obispo pacifista sudafricano.

Davis y su septeto llegaron a Mallorca después de haber actuado en Madrid la noche anterior. El diario El País le había dedicado la portada y un reportaje interior del suplemento dominical.

Pedro Pan, alter ego de Fernando Merino, autor del imprescindible libro 10 anys de Festival Internacional de Jazz de Palma, editado en 1991, calificaba el concierto de Davis como "el acontecimiento de la década" en una previa al concierto en el periódico El Día. Diario de Mallorca, por su parte, el día después del concierto llevaba foto de Lorenzo en portada, acompañando al titular "Miles Davis llenó, tocó y convenció". Ya en páginas interiores GSS escribía: "El veterano trompetista de jazz que se ha pasado al sintetizador fue aclamado por cientos de incondicionales de la música que hace ahora. Junto a él estaban sus músicos, algunos de la nueva ola".

Según Ferran Pereyra, una de las personas que mejor conocen el mundo del jazz y que asistió al concierto, "no es nada exagerado decir que para la historia concertística de jazz de Palma, hay un antes y un después de aquel 8 de noviembre". Y recuerda con agrado aquella velada memorable, llena de curiosidades y anécdotas: "Al bajista, nada más empezar el concierto, se le rompió una cuerda del instrumento y Davis no dejó que el concierto parara. Tuvieron que salir dos ayudantes para cambiar la cuerda rota mientras el músico seguía tocando. Fue una clara declaración de intenciones: nada haría parar la máquina que se había puesto en marcha".

Ramon Aguiló, alcalde de Palma en 1986, también recuerda aquel concierto: "Davis", afirma Aguiló, "es uno de los más grandes. Pensemos que desde sus grupos de músicos han salido voces tan brillantes y trascendentes como John Coltrane, Gil Evans o Herbie Hankock. Conseguir que el trompetista viniera a Palma fue, sin duda, un gran acontecimiento".

El aficionado al jazz y una de las personas que más conocen la música de Davis, Jaume Juan, que no tenía treinta años cuando fue al Auditòrium, recuerda que le sorprendió "ver cómo en muchos de los temas, el trompetista daba la espalda al público, pero años después he pensado que hacía lo mismo que hacen los directores de orquesta, mirar a sus músicos y no al espectador".

Para Miquel Aguiló, pintor y músico: "Aunque me hubiera gustado ver a John Scofield en el grupo, tocando la guitarra, fue uno de esos conciertos que no se olvidan nunca". Y prosigue: "Davis, salvando las distancias, es un músico que también pinta, en cambio yo, que si soy algo es pintor, también intento hacer mis incursiones musicales".

Y hablando del Davis pintor, Merino, treinta y cinco años después, tiene muy presente una anécdota curiosa relacionada con el artista: "Acabada la rueda informativa", cuenta Merino, "saliendo de la sala, Davis me pidió si quería un autógrafo suyo y al decirle que no tomó la carpeta que yo llevaba con el dosier de prensa y empezó a perfilar uno de sus dibujos emblemáticos, que aún conservo".

Añadamos finalmente que la foto de Davis que acompaña esta crónica fue tomada durante su actuación en Palma por José Luis Luna, un "melómano que hace fotos a los artistas que le gustan", según se define él mismo.

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