Este año no habrá amores de verano. Al menos, no como el que cuenta la escritora Maria de la Pau, concretamente por dos motivos: porque el coronavirus nos ha robado las verbenas y porque el juego de la seducción agoniza, pues pocas personas disponen ya de las habilidades necesarias para esta partida (Tinder también es un virus).

Era 1981, cuando la escritora tenía apenas 15 años. Veraneaba en Llubí, el pueblo de su madre, y la plaza del municipio lucía espléndida por las fiestas de San Feliu. La noche de la verbena, Maria de la Pau salió con sus amigas a bailar. "Aún existían los bailes lentos. Y nos mirábamos con los chicos desde lejos para saber si nos gustábamos. Nos entendíamos con los gestos". Y se entendieron: un chico, que era un año mayor que ella, la invitó a bailar cuando sonaba la primera canción. Bailaron toda la noche, lento, intenso, con entusiasmo, sin pensar. Recuerda que cuando la banda ya estaba recogiendo los instrumentos, el afortunado se dirigió a ellos y les pidió que tocaran otro tema para seguir bailando. Una bonita forma de alargar ese instante efímero en el que dos adolescentes, ávidos de eternidad, se conocen y se reconocen, atraídos, impulsivos, amantes. Así son los amores de verano: "Tienen esa cosa de previsibilidad porque ya se sabe que serán breves, son invitaciones a dejarnos llevar, a ser espontáneos. Son impetuosos. Y de repente acaban", comenta la escritora. Aunque aquella noche de 1981 fue muy larga, porque aquel aparente amor de verano siguió en invierno y duró unos años. "Fue mi primer novio, mi primer amor, aunque no el más importante". Apunta que estar abierto a esos amores breves e intensos va relacionado con la edad, siendo más asiduos entre los jóvenes. Básicamente, porque cuando nos vamos haciendo mayores "nos ponemos más corazas y tenemos más reservas": "A los quince años el corazón no se defiende de nada". No obstante, celebra que haya gente mayor que pueda vivir y disfrutar de amores de verano, aunque a ella no le van, no es de "rollos"; los considera una anécdota. A Maria de la Pau Janer le gustan las historias largas, con trama, aunque reconoce que "con el tiempo ves que algunas te las podrías haber ahorrado": "Cuando miras atrás, salvas a muy pocos de tus grandes amores. Algunos incluso desaparecen de nuestro recuerdo. Qué triste".

P ¿Los amores de verano son los más literarios?

R Sí, porque son ligeros, frescos, muy de canción. A no ser que suene un bolero con una letra que diga que te han abandonado. Tienen la frescura de un mojito de fresa y la fuerza de un limoncello.

P ¿La generación que utiliza Tinder sabrá lo que es el amor?

R No quiero decir que los jóvenes no se enamoren? Pero siento que para ellos el amor es como un pañuelo: se usa y se tira. Además, hoy en día tienen acceso a la pornografía desde muy temprana edad, un producto muy machista en el que se reproducen modelos de mujer sumisa. Se piensan que esa es la realidad, y se decepcionan al descubrir lo que es el sexo de verdad y que no es como en el porno. A las mujeres, sexualmente, se nos exige ser acróbatas, todoterrenos, todo nos tiene que ir bien. Y no: tenemos nuestros ritmos, nuestros gustos. Existe un neomachismo que nos perjudica mucho.

P Su primer amor nació gracias a una mirada. ¿Es posible esto en el mundo de los likes

R Yo lo veo con mi hija: con las amigas, en lugar de llamarse se envían notas de voz. Eso es prescindir de una conversación con interacciones, con gestos. Para mí se está perdiendo el ritual de la seducción, que es importantísimo. Una relación nunca será interesante sin este juego. Me da mucha pena, porque se pierden muchas cosas por el camino. Hoy en día se va muy a saco. ¿Cómo te va a erizar la piel el roce, el contacto piel con piel con alguien, si enseguida lo llevas a la cama? Se pierde la gracia, y por eso las relaciones se queman tan rápido.

P ¿Una relación donde hay afecto pero nada de sexo, tiene sentido?

R Si hay cero interés sexual, estamos hablando de dos personas que son amigas. Está claro que la euforia del enamoramiento no dura para siempre. El amor evoluciona, pero siempre tiene que haber ilusión o sorpresa.

P ¿Amamos siempre igual?

R En todos los amores existe un impulso inicial que es el mismo. Lo notas, porque así lo sientes. Es el enamoramiento, un estado precioso, efervescente, que dura poco. El amor puede tener más formas.

P ¿Se ha enamorado de algún personaje literario?

R En el terreno literario soy bisexual: estoy enamorada de Sherezade, de Las mil y una noches. Pero también de personajes torturados como Werther o Hamlet. Cyrano de Bergerac... suerte que la literatura nos permite estas fantasías.