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Salud

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Una revisión de los datos disponibles acerca de los determinantes sociales para la salud y la supervivencia en nuestra especie y las de otros animales publicada en la revista Science ha llevado a Noah Snyder-Mackler, investigador del departamento de Evolutionary Anthropology en la universidad de Duke (Durham, Carolina del Norte, Estados Unidos), y sus colaboradores a concluir que el entorno social, desde el momento mismo del nacimiento y a lo largo de toda la vida, tiene una influencia sensible en cuanto a los riesgos de enfermedad y muerte en los seres humanos. Se trata de algo que el sentido común pone de manifiesto: los niveles de riqueza afectan de manera decisiva a la amenaza de las enfermedades y a la capacidad para superarlas „como ha demostrado, una vez más, la pandemia del coronavirus„ y la tendencia a agruparse en barrios, ciudades y países en función de las disponibilidades económicas traduce ese factor desde el individuo a la sociedad. Pero el trabajo de Snyder-Mackler y colaboradores extiende el sesgo a otros animales no humanos, cuyos episodios de estrés crónico, hipoadrenia „agotamiento de las cápsulas suprarrenales„ y desregulación del sistema nervioso simpático siguen pautas paralelas a que indican en nuestra especie la influencia social de esas mismas patologías.

De acuerdo con los autores, tal hallazgo sugiere que existe una biología compartida subyacente a la influencia de los gradientes sociales en determinados grados de morbilidad; algo que tiene que ser explicado en términos evolutivos. Pero para poder hacerlo sería preciso contar con estudios en profundidad acerca de la influencia social en la enfermedad y la muerte, algo que necesitaría de trabajos experimentales sobre un número muy alto de sujetos.

Sin embargo, Snyder-Mackler y colaboradores indican que los estudios extendidos sobre morbilidad que se están llevando a cabo suelen centrar su análisis en términos de la diversidad genética de una población, obviando los componentes sociales. Como ejemplo, ponen el hecho de que el estudio de variables como el sexo, la edad y la exposición a patógenos se consideran factores ambientales, sin tener en cuenta el entorno social. Una posible explicación de ese error se relaciona con el trabajo centrado en el laboratorio y no en las condiciones naturales en que se producen las interacciones sociales. Pero el hecho indicado por los autores de que tanto en los seres humanos como en otras seis especies de primates al menos la esperanza de vida correlaciona positivamente con la presencia de la igualdad social „los miembros de los grupos más igualitarios tienden a tener mayor supervivencia„ apunta a que la consideración de los factores sociales puede ser un elemento crucial para poder luchar mejor contra las enfermedades.

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