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En estado de alarma

Claves para preservar el patrimonio cultural en tiempos del Covid-19

Expertos y responsables políticos analizan cómo llevar a cabo una desinfección compatible con la conservación

La Catedral vacía durante la última Missa del Ram por mor del coronavirus.

La Catedral vacía durante la última Missa del Ram por mor del coronavirus. Guillem Bosch

Museos, iglesias, archivos históricos, bibliotecas y otros espacios culturales permanecen cerrados y a la espera de poder retomar la actividad, abrir sus puertas y permitir las visitas. Mientras esto sucede se plantea cuál es la forma ideal de desinfectar estos equipamientos para garantizar la seguridad. El ministerio de Cultura, a través del Instituto del Patrimonio Cultural de España, ha redactado una serie de recomendaciones en caso de que sea aconsejable la desinfección. Poniendo siempre por delante la salud de las personas, se recuerda que tras más de un mes clausurados, la carga vírica que pudiera haber sería "prácticamente inexistente". Tras el aislamiento al que ya han sido sometidos estos lugares, la no intervención parece lo más prudente. "La mejor prevención es evitar en todo momento el contacto directo con los bienes culturales", de esta forma se evita tanto la posibilidad de contacto como el tener que aplicar soluciones desinfectantes sobre los bienes. En cualquier caso, se descarta totalmente el uso de lejía, amoniaco y detergentes, por ser productos altamente corrosivos y se recomienda el uso de disoluciones de etanol al 70%. Expertos en patrimonio valoran cómo podrán llevarse a cabo estas limpiezas para que se cumplan el doble objetivo de preservar el patrimonio y garantizar la seguridad sanitaria.

La dirección insular de Patrimonio del Consell ya ha tratado esta cuestión en una primera reunión que tuvo lugar el viernes. Kika Coll, titular del departamento, explica que partiendo de las recomendaciones del Ministerio se está elaborando un documento propio: "Estará listo el lunes, adaptado a nuestra realidad y presentado de una forma visual atractiva para hacerlo llegar a ayuntamientos y otras entidades que se ocupan de bienes patrimoniales". Advierte que "en cualquier intervención habrá que tener en cuenta el tipo de material. Lo más adecuado es el máximo alejamiento social de las piezas precintando y vallando espacios. Habrá que hacer mucha pedagogía del patrimonio, que no está de más recordar. Se darán instrucciones a la hora de desinfectar dirigidas al personal que llevará a cabo estas acciones". Sobre todo recuerda que "habrá intervenciones que se tendrán que comunicar a Patrimonio. En temas de restauración y de materiales hay discrepancias, se valorará cuáles son los productos que se dan por buenos. A medida que volvamos a la normalidad las medidas de higiene tendrán que continuar. Los espacios que se abran al público tendrán que seguir unas normas de uso y de conservación. Mantener normas de seguridad tanto para los usuarios como para el personal, que no vayan en detrimento de la conservación de los bienes".

Desde la Catedral de Mallorca, Mercè Gambús, responsable del área de cultura y patrimonio de la Seu, explica que "nuestra idea es incorporar las recomendaciones al plan de conservación preventiva y adaptarla a nuestra propia casuística. En nuestro caso, tras la redacción y adaptación deberíamos presentar el plan de actuación al Consell. Subraya que "antes de actuar hay que pararse y reflexionar, seguir un protocolo de trabajo autorizado por el Consell. En el caso de la Catedral, cada pieza es diferente, hay fragmentos de épocas diferentes, no es unitario. Debemos prever el momento de la apertura y que esté ya planificado. Es una novedad para todos puesto que nunca se había tenido que desinfectar a este nivel. El tema de la limpieza es importantísimo, llevarlo a cabo con mucha conciencia teniendo como base la conservación preventiva. Implementar acciones de forma ordenada y evitar que alguien actúe por su cuenta. Esto es lo más peligroso".

Francisca Jaén, vicepresidenta del Colegio de Restauradores, se muestra partidaria de "retrasar cuanto más mejor la apertura de museos y otros espacios. Teniendo en cuenta que en estos lugares los visitantes no deben tocar los bienes expuestos, el tema de la limpieza se ha de llevar a rajatabla. Debe haber un control y aforo limitado". "Ante cualquier duda se debe consultar a un profesional. Las tallas, las policromías, no deben tocarse. No sé qué va a pasar, por ejemplo, con el Crist de la Sang, con las imágenes de culto. Preferiríamos que no se tocaran". Recuerda además que "la intervención dependerá del tipo de soporte, pero no se deben usar productos corrosivos. La limpieza de piedra y metales se puede realizar con etanol diluido al 70% y aplicado a baja presión. Las piezas, mejor que no se toquen"

Pere Terrasa, restaurador, advierte de la peligrosidad de que se actúe con "buena intención" pero sin conocimientos. También es partidario de la menor intervención: "Lo mejor es intervenir lo menos posible. Los espacios llevan seis semanas cerrados por lo que es poco probable que haya carga vírica, si hacemos caso a lo que dicen los científicos. No se puede entrar a un museo y fumigar por lo que si se quiere más seguridad optaría por mantenerlos cerrados más tiempo". Terrasa se muestra más preocupado por lo que se haga en el exterior, en plazas y calles: "En el centro de Palma. Asume que como ciudadano puede entender la importancia de la desinfección pero "como restaurador creo que debería haber un perímetro de seguridad junto a los monumentos y utilizar una solución de etanol en vez de lejía. Creo que se pueden hacer las dos cosas bien. Hay información y profesionales suficientes para hacerlo bien". Opina que para conseguir tranquilidad no hay que perjudicar el patrimonio. "Habrá un cambio de paradigma. Antes nos parecía un comportamiento exótico llevar mascarilla. Nos tendremos que reeducar. Se hace difícil tomar decisiones a dos meses vista, todo dependerá de cómo evolucione la pandemia y el desconfinamiento".

Marcos Augusto Lladó, director general de promoción y difusión cultural del Ayuntamiento de Palma, apunta que "desde el Área de Cultura se han enviado las recomendaciones del Instituto de Patrimonio Cultural a las Áreas de Infraestructuras y EMAYA. Destaca además que "todos los espacios patrimoniales y museos han mantenido la seguridad, limpieza y supervisión diaria de sus responsables" durante el confinamiento. Como quiera que desde el Ministerio se anima a la difusión de los bienes culturales a través de medios digitales, desde el departamento de Cultura de Cort se recuerda que "se han trabajado los contenidos digitales y la difusión a través de redes sociales y web. El Archivo ha incrementado el fondo digital accesible a través de la web. Todo ello a la espera de poder tener un proyecto digital de patrimonio en red".

Catalina Cantarellas, catedrática de Historia del Arte de la UIB, opina que el documento elaborado por el Ministerio aborda unas medidas "básicas que caen en el terreno del sentido común, y que son ampliamente conocidas por el personal a cargo de la conservación patrimonial". La experta es consciente de que "no siempre todo el patrimonio está bajo la supervisión de profesionales, como es el caso de los bienes que posee la iglesia católica o de una serie de colecciones museográficas. Debe entenderse, pues, que los consejos del documento están destinados a los poseedores de bienes, especialmente muebles, insuficientemente capacitados para su preservación, no solo en la coyuntura actual sino en general".

Cantarellas cree que es "especialmente idóneo el apartado que concierne a los bienes inmuebles, considerados en su individualidad o como agrupación: edificios o espacios públicos, ya que su conservación, previa desinfección, no corre a cargo de profesionales. La bonanza del etanol, un alcohol, sobre otros compuestos químicos como el amoniaco o la lejía, ha sido ampliamente estudiada pese a la permisividad del uso del primero en edificios y elementos urbanos con valor histórico". Coincide con otros expertos en que "resulta útil, también, la defensa del vallado perimetral para evitar el posible deterioro, particularmente en superficies policromadas, donde, como en el patrimonio en general, debe regir el principio de la mínima intervención". Cantarellas recuerda que este criterio "se formuló en el ámbito italiano en 1930 y ha sido reiterado por diversas cartas internacionales.No obstante, su observación es con demasiada frecuencia incumplida y obviada".

Las medidas

No fumigar ni pulverizar en museos o templos

No se recomienda realizar fumigaciones o pulverizaciones generalizadas en espacios como salas de museo, archivos o iglesias. Debido al cierre de estas instituciones hace aproximadamente un mes, la existencia actualmente del virus en el ambiente es poco probable.

Desinfección de elementos sin valor histórico y artístico

Lo suelos, puertas o manillares que carezcan de valor histórico o artístico se limpiarán con las soluciones desinfectantes comunes propuestas por las autoridades sanitarias aunque preferentemente se empleará el etanol

disuelto al 70%.

Evitar rociar de manera directa bienes culturales

En la desinfección realizada mediante pulverización de espacios públicos cercanos a los bienes culturales tales como cascos históricos, plazas públicas, parques o calles, se evitará rociar de manera directa los objetos o edificios de valor histórico-artístico.

Es efectivo y menos dañino que la lejía

A menos de un metro de distancia de bienes culturales se utilizará preferiblemente una disolución de etanol disuelto al 70% en agua proyectada a baja presión. Esta solución desinfectante es efectiva frente al virus y resulta menos dañina que la lejía.

Nunca se desinfectarán piezas policromadas

Los tratamientos desinfectantes se evitarán siempre en las proximidades de los bienes culturales policromados como portadas de iglesias o retablos. Se recomienda el vallado perimetral para evitar la aproximación y contacto directo de las personas con esas piezas.

Los elementos

La permanencia de partículas víricas sobre las superficies puede suponer un foco de contagio. Se aconseja no tocar los elementos para evitar la necesidad de aplicar productos de limpieza o desinfección sobre los bienes

culturales.

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