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Entrevista

Jaume Plensa: "Las cosas importantes de la vida son invisibles"

"Pasamos desastres naturales, guerras, pandemias, y hay algo de extraordinario cuando las superamos"

El escultor Jaume Plensa.

El escultor Jaume Plensa. autofoto

De niño, cuando su padre tocaba el piano, solía meterse dentro para notar la vibración. El de ahora es otro tipo de confinamiento, más silencioso, más angustiante también. Jaume Plensa (Barcelona, 1955) ha visto caer las citas de su apabullante agenda internacional y ha cerrado su estudio de Sant Joan Despí, pero ha abierto el taller de su cerebro.

P ¿Cómo lleva este giro inesperado?

R Estoy completamente en shock, pero fascinado con el comportamiento de la ciudadanía. Es más espectacular que el de los políticos. Me horroriza que algunos estén más pendientes de qué pasará con el mercado antes de si morirá alguien más hoy. El civismo de la gente me emociona.

P Su obra siempre aspiró a generar silencio. ¡Lo ha conseguido!

R Yo buscaba un silencio poético, interior, que recuperara las vibraciones de nuestro cuerpo. Este es un silencio inquietante, porque incluye el silencio doloroso de la enfermedad y la muerte.

P Sus grandes cabezas están en espacios públicos sin público.

R Me emociona que mi obra forme parte de la comunidad. Chicago anuncia la primavera abriendo el agua de mi Crown Fountain, en el parque del Milenio, y eso me hace muy feliz. Y volverá a abrirla. En Macbeth hay un momento en que dice: "Toda noche, por larga y sombría que parezca, tiene su amanecer". Estamos en una noche larga y hay que tener paciencia para esperar esa mañana.

P Su talante le favorece. Es paciente.

R Yo estoy bien cerrado, sí. No soy muy social, es verdad, pero adoro viajar. Me encanta ir en avión, porque es donde más conmigo mismo estoy. Y en casa es como si estuviera en otro país, en una isla utópica. De hecho, mi cerebro es mi estudio. Hago algo que no necesita lápiz ni papel: pensar. Solo uno, sentado, pensando. ¡Qué maravilla! Llegas a lugares que nunca habías imaginado.

P En este viaje, ¿qué ideas le brotan?

R Siembro semillas y llegará el momento de la recogida. Cuando volvamos a disfrutar de estar juntos, el arte nacerá espontáneamente. Mientras, veo una gran creatividad en las redes. La gente las transforma en un instrumento de comunicación casi físico. Esa es la cualidad del ser humano, la capacidad de transformar lo inesperado.

P ¿Imagina una representación plástica del coronavirus

R No sé si fue un presagio, pero la exposición que hice en el Palacio de Cristal del Reina Sofía se titulaba Invisibles. Las cosas más importantes de la vida son invisibles. El amor y el odio lo son. El coronavirus lo es.

P Ama jugar con palabras. ¿Cuál refleja esta situación?

R La palabra utopía. Es lo que hace que el ser humano se mantenga erguido y orgulloso, que trascienda. La belleza es un concepto utópico; la buscamos, sin alcanzarla. Pasamos desastres naturales, guerras, pandemias, y hay algo de extraordinario cuando las superamos. Esta vez, se trata de una lección de vida.

P ¿Pasa a limpio alguna en particular?

R Se han suspendido exposiciones mías previstas en Chicago y Nueva York, las ferias de Basilea y Hong Kong; todo en lo que estaba basada mi economía. Ves que no sirve ser brillante ni dinámico. Una cura de humildad. Y he vuelto a apreciar la lentitud. Para la primera exposición que hice en París escribí: "Lento, tres veces más lento, ser tan lento como un diluvio". Lo había olvidado.

P ¿Dónde encuentra confort?

R He recuperado la novela negra y, sobre todo, nunca había hablado tanto con mi mujer, Laura. Cuando mis tres hijos se fueron de casa, volvimos a ser como dos novios. Esta ruptura de la rutina nos ha devuelto ser personas.

P ¿Aventura qué vendrá después?

R Soy un artista y la vida de un artista siempre es de una gran fragilidad. No nos ponemos tan nerviosos como empresarios y trabajadores, que ven su futuro en peligro. Un artista no tiene futuro. Un artista es.

P Sí sabrá qué es lo primero que querría hacer.

R Abrir las puertas del estudio, reencontrarme con la gente y celebrar que volvemos a construir las piezas que dejamos a medias y que habrán evolucionado.

P Igual Barcelona le encarga una obra para la ciudad, al fin.

R Tendríamos que dejar descansar a Gaudí y nosotros dejar un legado. Quizá después de todo esto, será una obligación celebrar Barcelona con algo que fuera tan inútil como vivir, respirar, querernos. Tendremos la obligación moral de hacer una celebración artística de la ciudad.

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