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Brexit

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¿Qué efectos va a tener el Brexit en la investigación científica del Reino Unido y, de rebote, en Europa y el resto del mundo? Un editorial de la revista Science, la segunda de mayor impacto en el terreno de la ciencia generalista, se plantea las posibles respuestas a esa pregunta. Comenzando por la manifestación del cansancio derivado de un proceso que ha consumido cuatro años para terminar en un nuevo mar de dudas que se intentarán resolver en los once meses de plazo que restan para lograr un acuerdo de salida consensuada de la Unión Europea.

James Wilsdon, autor del editorial y profesor de política de investigación en la universidad de Sheffield (Gran Bretaña), sostiene que hay dos variables a considerar de manera obligada: la primera, que las universidades, las instituciones relacionadas con la investigación y los investigadores británicos tienen que dar con una nueva fórmula para seguir participando en proyectos que superan de largo los límites del Reino Unido. La segunda, que se trata en realidad de un salto hacia lo oscuridad sin garantía alguna de que el aterrizaje vaya a ser suave.

Algo parecido parece pensar el mayor y más importante artífice de la situación actual, el primer ministro Boris Johnson. A la vez que multiplica las amenazas de cortar por lo sano las relaciones con la Unión Europea el 31 de diciembre de este año si no se logra antes un acuerdo, el gobierno británico —como recuerda Wilsdon— acaba de anunciar que concederá visados para “talentos globales”, que es lo mismo que decir que quiere mantener la movilidad de los investigadores y profesores universitarios no sólo durante este año sino después de que el Brexit sea una realidad. Pero el mayor problema, como siempre, es el de la financiación de los proyectos. La Unión Europea va a poner en marcha el programa “Horizon Europe” para los próximos siete años y la cuestión esencial es en qué medida los considerables fondos que el Reino Unido promete dedicar a la ciencia se sumarán o no a los del resto de Europa. Como indica Wilsdon, las instituciones y los investigadores británicos tienen claro que en la actividad científica no puede haber fronteras pero la decisión es política al cabo. Siendo así, ¿cuál es el significado profundo del concepto de política? Si el Brexit es inviable para la ciencia, la propia decisión —por completo política— de deshacer la unión con Europa se convierte en un disparate.

Con lo que se llega a la pregunta final: ¿a qué sector, si no es el del motor principal de las innovaciones y el progreso, el científico, beneficia en realidad el Brexit? Nadie lo sabe. Ni tampoco resulta fácil entender qué beneficios se derivarían de otros proyectos políticos parecidos, como el del soberanismo catalán. Teniendo en cuenta, por añadidura, el liderazgo que tienen hoy las universidades catalanas en la investigación española.

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