La cementera de Son Valentí de Banyalbufar, patrimonio industrial en ruinas
La fábrica de Banyalbufar está situada en la finca propiedad de Richard Branson, donde se proyecta un hotel
Manifestación del pasado industrial y productivo de Mallorca, la cementera de Son Valentí, en el municipio de Banyalbufar, ha caído en el olvido, se encuentra invadida por la naturaleza -muy frondosa en esta parte de la Serra-, y presenta un estado de conservación deficiente, ruinoso. La finca homónima en la que está situada esta fábrica es propiedad del millonario Richard Branson y en ella hay en marcha un proyecto hotelero.
Los restos de la cementera han sufrido todo tipo de agresiones por parte de los vándalos, desde grafitis a uso como vertedero y fumadero, a pesar de estar protegida por el Consell, al ubicarse en paraje pintoresco -el ayuntamiento banyalbufarí tiene pendiente su catálogo de bienes patrimoniales-, y suponen un peligro para el visitante, dados sus múltiples agujeros y pozos sin sellar.
"Banyalbufar nunca había contado con una industria tan productiva como la cementera de Son Valentí", subrayan los investigadores y estudiosos del patrimonio Jaume Albertí, Ramon Rosselló y Tomás Vibot en su libro Son Valentí, Son Balaguer y Ses Mosqueres. Sus orígenes se remontan a 1917 y en un primer momento, según testimonios orales, su uso solo era para el yeso. Durante los primeros años de la fábrica, el cemento se transportaba a Palma mediante carros. Con el tiempo se pasó a la utilización de camiones y alguna camionada se quedaba en Esporles, en los garajes de la calle Arbós. Al igual que es Guixos de Son Bunyola, esta industria padeció algunas desgracias: "Durante los primeros años del hambre, dos cementeros puigpunyentins (padre e hijo) murieron al quedar enganchados por las grandes correas que movían las muelas", señalan los responsables del citado volumen.
Observando los restos de la cementera puede observarse cómo el espacio está dividido en la parte de los hornos, al este, y la de las viviendas, al oeste. En la primera se cocían las piedras en los cinco hornos, algunos de ellos todavía en pie. Consistían en una olla similar a un forn de calç, mucho más alta y forrada de piedras refractarias, hoy dispersas entre los escombros. Una vez cocido el material, éste se dejaba caer por una rampa hasta los molinos, situados a ambos lados de la parte central del edificio. En uno de los molinos las piedras eran reducidas a polvo gracias a unas muelas compresoras que aún permanecen en el lugar. No muy lejos de los hornos se pueden encontrar los restos de las viviendas y los almacenes, que suman en total cuadro edificios: la casa de los cementeros, una cochería, la lavandería y es Xalet, construido a finales de los años 60 -la cementera funcionó hasta 1968- por el senyor con una finalidad alejada de la industrial.
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