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Análisis

El terreno, entre el gesto y la inacción

Después de una Revetla de chasco, se agradece que la gala de los Ciutat de Palma haya salido airosa y con nota. Amena y muy musical, los guionistas de la misma supieron hilvanar con tino un relato que encajó modalidad de premio con las declaraciones de los vecinos del Terreno y las temáticas tratadas. Después de que Glòria Forteza-Rey, por ejemplo, recordara en el vídeo a escritores que habían residido o residen todavía en el barrio (Rubén Darío, Benedetti, Cela o Antònia Vicens), la presentadora y cantante Rosa Serra daba paso a la entrega de los galardones literarios. Cuando Xavier Abraham evocaba a actores y rodajes, a continuación se entregaba el premio de cine. Y así todo, fluyendo en una concatenación muy natural aderezada a ratos por gags humorísticos. El de la precariedad de los trabajadores culturales fue especialmente adecuado: introdujo en la gala el tema que los políticos que subieron al atril (Hila y Noguera, este último resolvió esta cuestión en una línea) obviaron en unos discursos que son al 50% proclamas promocionales de su acción de gobierno y argumentario de partido.

Sencilla, sin alharacas, con buenos instrumentistas, la gala fue una de las más musicales que se recuerdan. Un viaje por el glorioso pasado del Terreno, ahondando precisamente en la banda sonora de un barrio trufado de bares musicales donde sonaban los Z66, Marino Marini, 4 Winds, Bolero Balear o Max Woiski. Todos ellos, homenajeados en una velada que recordó un barrio que también corre peligro, amenazado por la gentrificación y el negocio urbanístico. "Para que un barrio siga siéndolo ha de tener su tenda de queviures, el seu forn", advirtió Rosa Serra.

Está bien que nuestros próceres prevengan sobre los peligros del totalitarismo que amenaza Europa en sus alocuciones, que se rasguen las vestiduras ante Vox y disfruten de la pátina de modernidad del Terreno, pero aparte de tanto gesto, deberían recordar que su quehacer también consiste en evitar que ese barrio acariciado por la degradación acabe devorado en manos de otro totalitarismo (éste económico): la especulación capitalista.

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