01 de diciembre de 2019
01.12.2019
Reconocimiento

Santanyí entrega la Medalla d'Or al diseñador Miguel Adrover

Familiares, amigos y admiradores aplaudieron ayer al diseñador Miguel Adrover en un abarrotado Teatre Principal - El artista dedicó la Medalla d'Or de la Vila a sus padres y presentó una provocativa colección muy colorista

01.12.2019 | 00:20

Miguel Adrover (Calonge, 1965) se dio ayer un baño de multitudes, flashes, aplausos y abrazos, como en los viejos tiempos, en su amado y añorado Santanyí. El diseñador, que a lo largo de su trayectoria ha tocado el cielo y también descendido a los infiernos, recibió en un entregado Teatre Principal [vea aquí las imágenesun emotivo y sentido homenaje que empezó con público en la calle sin poder entrar –el aforo de 179 personas se quedó pequeño– y concluyó con el auditorio en pie, ovacionando a un Premio Nacional de Diseño de Moda con lágrimas en los ojos, la voz entrecortada y la Medalla d'Or de la Vila colgada de su cuello.

Si hace ahora un año Adrover confesaba a este diario que "así como me suicidé puedo volver a resucitar", tras lo visto ayer en Santanyí, donde brindó un desfile con el que demostró que su talento sigue intacto, queda claro que este muerto está muy vivo. El creador calongí aceptó el título otorgado por el ayuntamiento de Santanyí y sus vecinos respondieron, ocupando un teatro en el que se hicieron oír sus familiares y amigos, "algunos a los que no veía desde hace un montón de años", confesó este grande de la moda.

El teatro fue un reflejo de su carrera, siempre marcada por la interculturalidad. Asistieron seguidores suyos de Estados Unidos, Suiza y Alemania, y a los que no pudieron estar se les recordó que el próximo 15 de enero se podrá adquirir un DVD que contendrá todo lo acontecido ayer. Adrover entró puntual en el teatro y se fue directamente a su butaca, en primera fila, para sentarse junto a sus padres, Miquel de Can Ganxo y Maria Barceló. La ceremonia empezó con un recordatorio de todos los logros de este diseñador de "vida intensa y vigencia atemporal" que descubrió su lugar en el mundo en Londres, siguiendo a Malcom McLaren y Vivienne Westwood, y revolucionó el mundo de la moda en los 90 por su manera de concebir las prendas, de forma que siempre podían tener un segundo uso, más allá del que proponían sus creadores. Un artista iconoclasta –aunque a Adrover eso de artista "siempre" le dio "vergüenza", recordaba ayer un audiovisual proyectado durante la gala– que abrió su primera tienda en Nueva York en 1995, Horn, y cuatro años después presentaba su primera colección en la pasarela neoyorquina, Manaus-Chiapas-NYC.

Mientras se proyectaron las imágenes no cesaron los aplausos, sobre todo cuando se subrayó que es el único español que posee el prestigioso premio Ellis, el Oscar de la Moda, o cuando se le vio recogiendo el Premio Nacional de Diseño de Moda, que significó su resurgir tras ser "apartado, ignorado y silenciado" en Estados Unidos, el país que le elevó a los altares.

Algunas de sus amistades de renombre le mandaron mensajes grabados, como el periodista y comisario Guillermo Espinosa, quien alabó "la comunión entre lo extravagante y lo ordinario" en los diseños de Adrover; u Olvido Gara, 'Alaska' –"me encanta cómo eres, porque siempre has hecho lo que te da la gana"–, le confesó.

Pero cuando más vibró el teatro fue con la presentación que realizó de creaciones inéditas, en un desfile en el que participaron algunas de sus primas y sobrinas, así como mujeres de su pueblo. El show, dirigido por Vivian Caoba, convirtió el teatro en un pequeño Nueva York, a ritmo de una música tribal hermanada con el grito árabe zaghareet. Participaron veinte modelos, que lucieron 25 diseños, seguidos con lupa por Adrover, que llegó a levantar los brazos en señal de júbilo durante el pase.

El éxtasis se alcanzó cuando Adrover subió al escenario, al final del acto, para colgarse la Medalla d'Or de manos de la alcaldesa Maria Pons. "Eres un artista en mayúsculas, valiente y arriesgado, que ha sabido mostrar al mundo sus ideas más ambiciosas. Sigue luchando por tus ideales y convicciones, sin miedo. Siempre tendrás a tu pueblo al lado", señaló la batlessa.

No sin antes reconocer su "timidez a la hora de hablar", Adrover agradeció el cariño de los presentes, rompiendo a llorar en una velada que resumió como "preciosa". Se vio obligado a interrumpir su breve discurso en un par de ocasiones, y con la voz entrecortada señaló que "esto –la medalla– es para mis padres (...), mi hermano, mi familia. Ellos hicieron que yo pudiera llegar tan alto".

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook