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José Luis Mesas: "En España no me conocen y en Miami firmo autógrafos"

El pintor palmesano entregó el pasado miércoles dos de sus obras al papa Francisco en El Vaticano

El pintor José Luis Mesas (Palma, 1973) en su taller en Santa Catalina, ayer.

El pintor José Luis Mesas (Palma, 1973) en su taller en Santa Catalina, ayer. G. Bosch

"Mi padre es el Messi de la pintura", dice Moisés Mesas, el hijo del pintor José Luis Mesas. Padre e hijo -y muchos más familiares, "somos gitanos, vamos siempre todos juntos"- regresaron a Mallorca el jueves por la noche después de entregar dos obras del artista al papa Francisco: una era El Cristo de los Gitanos y los cuatro elementos, "el Cristo más grande jamás pintado y por el que el Papa se interesó", y la otra un retrato del Pontífice. "Estoy muy contento y orgulloso de haber podido ir al Vaticano y charlar con él, es un hombre increíble. Pero hay que seguir trabajando, ya está".

Vuelta a la rutina, al estudio. Un espacio en Santa Catalina lleno de cuadros coloridos de diferentes dimensiones. Sus cuadros sugieren que el universo interior de Mesas está lleno de animales, de naturaleza, de líneas curvas. Es relajado, pero despierto. En una pared, una colección de fotos: una junto a El Cigala, quien sujeta un retrato que firma Mesas; otra con Niña Pastora, otra con la infanta Elena. Pero no es este el día a día de José Luis Mesas, un hombre trabajador que sabe lo mucho que cuesta llegar al éxito. "Nadie confiaba en mí, yo tampoco. Intenté tirar la toalla unas cuantas veces, pero ahora puedo decir que vivo de la pintura. Nací para esto", apunta mientras suelta una especie de rotulador lleno de pintura acrílica de color rosa con el que acaba de rellenar un espacio de un enorme lienzo: "Esto es un invento [el rotulador]. Llevo muchos años pintando y he utilizado diferentes técnicas. Hacía tiempo que buscaba algo limpio, y se me ocurrió esto". Muchos años son casi 40, que se dice rápido.

Descubrió que le gustaba pintar a los siete años, cuando estaba en un centro de menores. Su infancia no fue fácil, por eso ha dicho en ocasiones que la pintura le salvó. "Pinto porque me sale de dentro. No pinto para vender, pero si vendo fenomenal. Mi trayectoria demuestra que una persona normal puede llegar a lo más alto". Lo más alto es estar en 18 museos de alrededor del mundo y disfrutar de tomar una cerveza con los amigos de siempre en el bar de siempre. "Mi mundo no es el de la gente que me compra cuadros", concreta. Y asegura que se ha ganado a pulso el reconocimiento, uno que siente que no tiene en su país: "En España no me conocen y en Miami firmo autógrafos", comenta sin lamentarse, porque es un hombre agradecido. Y se nota, porque no para de repetir que llegar al Papa y poder hablar con él ha sido gracias a la presidenta del Consell, Catalina Cladera, el obispo Sebastià Taltavull y la secretaria de la institución Marga Beltran, que le acompañaron y le ayudaron a él y a su familia en todo momento.

Mesas hijo, de 20 años, escucha y mira a su padre. Interpelado, exclama: "No, yo no pinto. Para esto se nace, y para esto ha nacido mi padre".

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