18 de junio de 2019
18.06.2019

Àlex Volney: "D'Efak hubiera hecho sombra a Jim Morrison de haber nacido en EE UU"

El librero, y escritor, de la Ramon Llull recupera 'Conticles', un volumen a caballo entre los artículos y los cuentos

18.06.2019 | 18:47
Àlex Volney: "D'Efak hubiera hecho sombra a Jim Morrison de haber nacido en EE UU"

¿Qué es Conticles?
Es algo a caballo entre artículos y cuentos, donde se mezclan el lenguaje periodístico y literario. La temática gira en torno el mundo de las librerías y lo que pasa dentro de estas. Aunque muchas de estas cosas son, incluso, impublicables. Es un mundo apasionante. Obviamente, cada personas es diferente, con lo que los libreros aprendemos muchísimo.

¿Qué se aprende siendo librero?
Yo tenía el sentido del ridículo muy desarrollado, desde pequeño, y cada vez lo tengo más. El público te coloca en tu sitio, es lo más democrático que hay. Si un libro tiene que funcionar, funcionará.

¿Qué se vende en las librerías: libros o literatura?
En las librerías hay libros, y no todos los libros son literatura. Ahora se ha vendido mucho la biografía de Michelle Obama. ¿Es literatura? No lo sé. Tampoco me gusta tener el papel de decidir qué es literatura y qué no. Ahora, me llena mucho ver cómo si ofreces cosas buenas, como Tolstoi, Sweig, Camus€ La gente responde. La gente sabe muy bien lo que quiere.

¿Este tipo de autores se venden más en según qué épocas, como las de crisis?
Voy a contar algo que no olvidaré nunca aunque parezca que me voy del tema. Siempre he estado conectado a las noticias, me apasiona. Un día que desconecté, que estaba cansado, que me fui a comer a foravila con mi pareja y que no puse la radio en el coche, cayeron las Torres Gemelas. Volví al barrio, y no había nadie por la calle. Un hombre mayor, que ya está muerto, me dijo: "Niño, has visto..." Fíjate, un día que me había desconectado, me di cuenta de que un librero no se puede desconectar ni cinco minutos. Cuento esto porque esa tarde me impactó muchísimo que la gente solo viniera a comprar Biblias. En mi vida he promocionado la Biblia, aunque sea una novela preciosa. Sí, existe ese vaivén que insinuás, según la situación política y social se leen unas cosas u otras.

¿Qué se lee ahora?
Estamos en un momento de sufrimiento, sufrimos todos. Nos están engañando, están abusando de la gente: los medios de poder, la banca, todo. Y la gente no está por tonterías, así que simplifica mucho. La vida es muy corta para leer algo que no te gusta, los lectores seleccionan mucho, no se pueden permitir perder el tiempo acabando un libro que no disfrutan para poder decir que lo ha acabado. ¿Disfrutas? Bien. ¿No disfrutas? Barco.

En alguna ocasión ha comentado que no le gusta vender libros de autoayuda.
Lo que no me gusta es decir a la gente lo que tiene que leer, y menos a alguien que se está muriendo. Me indigna que psiquiatras o médicos receten a sus pacientes que lean cosas de autoayuda que son bazofia. Esto me ha pasado. Un día, hace años, una señora castellana vino a preguntarme por un libro de poemas en el que hubiera El pi de Formentor, de Miquel Costa i Llobera, para un niño que se estaba muriendo, quien lo pidió desde su camita. Me emocionó. Es imposible que necesite leer bazofia de autoayuda en los momentos importantes de su vida. Repito que no me gusta decir a la gente lo que tiene que leer, solo ayudo a que encuentren lo que buscan. Yo aprendo mucho de los clientes, llevo 30 años aprendiendo cada día porque llevo 30 años escuchando a la gente.

¿Juzga a la gente según los libros que compra?
No, no soy nadie para juzgar a nadie. Ni en silencio. A veces me preguntan por libros que yo he leído que sé que no son buenos, siempre según mi criterio, e intento comunicárselo. Pero creo que es muy injusto que vaya diciendo lo que es bueno o malo para mí. ¿Quién soy yo? A mí me gusta El rojo y el negro y mucha gente pensará que es un tostón. Y uno mismo va cambiando, evolucionamos y las lecturas cambian según el momento. Puede que un libro que hayas disfrutado no sea el mismo cuando vuelvas a leerlo después de unos años.

¿Si no fuera librero, qué sería?
Soy payés, y de verdad, aquí no hay romanticismo. Me gusta poner las manos en la tierra. Esta es mi cara B.

El oficio de librero tiene connotaciones románticas.
Sí, es romántico. Los colegas supongo que lo compartirán. Es algo vocacional, las librerías lo están pasando muy mal e irán desapareciendo. No es un ataque ni un insulto, pero quien no tenga vocación de librero no aguantará mucho. Otra cosa es que nos dejen hacer nuestro trabajo.

¿Quién no les deja hacer su trabajo?
Siempre digo que los medicamentos tienen que estar en las farmacias y los libros en las librerías. Esto era el grito de guerra de los libreros antiguos de Palma. Hay que devolver al libro el valor que se la ha quitado, hay que devolverlo a las librerías. No tienen que estar en chiringuitos ni en almacenes al lado de bragas y calzoncillos. Si esto no se regula estamos abocados al fracaso. El libro es la vida de una persona. Para mí el sinónimo de literatura es vida, es lo más contrario que hay a la muerte. Los poderes y la burocracia tendrían que blindar el libro. Aznar intentó acabar con el precio fijo, aunque no lo consiguió. El precio fijo es lo que mantiene la industria en Alemania y Francia, y aquí es una garantía para el cliente.

¿Es de los que se empeñan en hacer leer a la gente?
No. Si alguien quiere leer, leerá. Está demostrado que a los bebés, y es algo universal, les encantan los libros. Tocarlos, ver los colores€ Pero en el colegio empiezan las imposiciones. No se tiene que obligar nunca a leer.

Usted ha escrito poesía y narrativa. ¿Dónde se siente más cómodo?
Yo soy narrador, no me siento poeta. He escrito algún libro de poemas pero esto de la poesía me parece algo muy serio. Si no tienes que decir algo nuevo, tanto en forma como en contenido, es mejor retirarte. Yo hago poesía, hago sonetos, pero son para mí, no los quiero publicar. En cambio la narración me interesa mucho. No suena bien, pero para mí no es poesía todo lo que se publica como tal.

¿Los libreros tenéis que ser amigos de todo el mundo?
Sí. No sé si es que me estoy haciendo mayor pero sufro mucho cuando creo que puedo herir a alguien por lo que digo, porque no tengo esta intención. Pero me gusta decir lo que pienso, no iré por detrás. Aunque veo que muchas veces no se puede hacer.

¿Es más prudente ahora que antes?
Lo intento.

¿Cómo valoras la literatura en clave mallorquina?
Tan buena o tan mala como la de fuera. El problema que tenemos es que no nos creemos lo que somos. Vemos cómo millones y millones de personas vienen aquí por lo que somos y lo que tenemos, y nosotros no lo valoramos. Aun tenemos que creernos que este es el mejor lugar del mundo. Si Guillem d'Efak hubiera nacido en Estados Unidos hubiera hecho sombra a Jim Morrison. Pero como era de Manacor€ Para mí era un artistazo y un poeta como una catedral, pero hay gente que va por la calle sin saber quién es. Siempre criticamos el éxito del vecino. Juzgan al tenista [Rafel Nadal], que no es sangre de mi devoción, cuando nadie ha conseguido lo que ha alcanzado él. Juzgan a Miquel Barceló. Solo puedo pensar que es envidia. No aceptamos el éxito del vecino. Pero también pienso que esto debe ser universal.

¿Se puede estar al día de todo lo relacionado con los libros?
Es imposible desconectar, no ir al día en el mundo del libro no permite el teatro ni las imposturas. Es cierto que las librerías no pueden asumir todo lo que se publica, incluso por motivos de liquidez. Pero hay muchas maneras de ir al día con todo. En los años 90 había delegaciones de las editoriales no solo en Madrid y Barcelona, también en Palma. Con la globalización vamos hacia atrás. Hay editoriales que ahora solo están en México y vienen reposiciones cada seis meses. Esto el cliente no lo suele entender.

¿Lee mucho?
Recuerdo que antes en una semana era capaz de leer cinco o seis libros, ahora no. No por ser selectivo, porque ahora están saliendo más cosas que me interesan que antes. Voy a libro por semana o a dos, no tengo el mismo nivel de lectura que hace unos años. Pero el estado ideal es el del lector. Hay momentos que pienso que si no fuera librero leería cinco o seis veces más.

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