14 de mayo de 2019
14.05.2019

El protagonista: Antoni Llinàs, el Ladaria del siglo XVII

El sacerdote franciscano fue prefecto nombrado por el Papa con el objetivo de extender las misiones

14.05.2019 | 02:45
Retrato del padre Antoni Llinàs, en el consistorio 'artanenc'.

Durante la investigación de estas pinturas murales de Llucmajor, hay un nombre que destaca por encima de los demás: Antoni Llinàs, "el Ladaria del siglo XVII", lo define Gambús.

Este sacerdote es clave para comprender el retorno a Mallorca de esta técnica aparentemente anacrónica de la grisalla y su implantación en los conventos franciscanos de esta época.

Llinàs (Artà, 1635-1693) fue el prefecto de misiones del dicasterio Propaganda fide, es decir, era la máxima autoridad en el Vaticano en torno a la cuestión de la evangelización.

"A Mallorca llegaban franciscanos o sacerdotes de otras órdenes para fichar gente para las misiones. Uno de esos fichajes fue precisamente el de Llinàs, que muy joven se enroló en las misiones. Por ejemplo, estuvo en Michoacán, México", relata la historiadora. Pronto, se convirtió en un líder captando gente para la labor evangelizadora en el Nuevo Mundo. Su fama provocó que el Papa creara un dicasterio para este mallorquín "menos conocido que Fray Junípero Serra, pero importantísimo en la historia de la Iglesia".

"Cuando Llinàs viene por Mallorca reclamando misioneros para América y otros lugares en los espacios franciscanos, piensa que él ya había visto este tipo de pinturas murales monocromáticas en México", puntualiza Gambús. "Y sabemos que vivió la construcción del claustro de Petra y el de Llucmajor", agrega. La conjunción en el tiempo de este representante de la Santa Sede y el prior del convento de Sant Bonaventura, Rafael Barceló, un lulista franciscano de prestigio internacional, fue capital para que se ejecutaran finalmente estas grisallas propagandísticas de las misiones.

Fue Llinàs quien empezó a fundar colegios de misiones primero en Mallorca y después en otras zonas de España. En ellos se repite el esquema iconográfico de Llucmajor.

Desde 1686 hasta 1693, creó directamente los siguientes: Sant Miquel d'Escornalbou (Cataluña), Nostra Senyora de l'Oliva (Castilla), Sant Roc de Calamocha (Aragón), Sant Esteva de Cehegín (Cartagena), Sant Esperit del Monte (Valencia), Ozieri (Cerdeña).

Llinàs recibió la primera formación humanista en los franciscanos de su villa natal. A los diecisiete años ingresó en el convento de Sant Francesc de Palma, recibiendo la ordenación sacerdotal en 1659. Su primera actividad ministerial se balanceaba entre la enseñanza de la Filosofía y la predicación popular.

México

Con el deseo de dedicarse a la docencia, pasó a México en 1664. Entre 1665 y 1667 leyó Artes en Querétaro, y de 1667 a 1668 lo hizo en Celaya. Desde 1668 a 1691 fue catedrático de Teología en Valladolid, de cuyo convento fue elegido prior. Parece que una pesadilla nocturna o una extraña visión fúnebre le impresionó vivamente, y se sintió llamado a mayor santidad y dedicación. A partir de 1679 dejó la enseñanza y se dedicó a las misiones.

En 1683, fundó el Colegio de Misioneros de Querétaro (México) con otros 22 franciscanos. Dos años después regresa a España y lleva a cabo una desbordante actividad como fundador de colegios de misioneros. Falleció en Madrid en 1693.

De su frenética actividad misionera, se calcula que convirtió a unas 22.000 personas.

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