01 de abril de 2019
01.04.2019

Grandísima Butterfly en el Principal

El teatro vibró anoche con la magnífica interpretación de la soprano coreana Sae Kyung Rim en el papel de la despechada Cio-Cio-San - Las localidades se agotaron en un estreno que metió al público en un laberinto de emociones

01.04.2019 | 02:45
La soprano coreana Sae Kyung Rim (Cio-Cio-San) y el tenor Eduardo Aladrén (Pinkerton), en un momento de la representación.

El arranque de Madama Butterfly es frío, distante. Los cantantes empiezan a calentar para el que será un derroche de emociones sobre las tablas del Teatre Principal, que ayer acogió el estreno de este título de Puccini convertido en símbolo del amor imposible, el eterno femenino y las barreras interculturales.

La escenografía, un no-espacio, teatralmente algo previsible y tópica, es un decorado de postal en color rojo Japón. Con espejos para amplificar el aislamiento de la protagonista. La emoción se dispara cuando sale en escena la soprano coreana Sae Kyung Rim, en el papel de Cio-Cio-San, una grandísima Butterfly que entusiasmó al público (Puccini tiene tirón en taquilla: entradas agotadas) bajo la apasionada dirección del mallorquín Antonio Méndez, quien obtuvo una intensa respuesta de la Simfònica.

En algunos momentos de la representación, sucedió que el peso orquestral se comió voces, como la de Goro (José Manuel Sánchez) y Sharpless (Javier Franco). Bonzo (Pablo López) estuvo muy correcto, al igual que Pinkerton (Eduardo Aladrén).

Sae Kyung Rim, en el papel de geisha de Nagasaki, llevó las riendas del drama en todos los aspectos: voz bella, plena y firme. Rica en matices cuando toca. Su desbordante expresividad provocó que todos los ojos se posaran sobre ella durante la función: tanto en episodios de angustia y sufrimiento, como en los de grandeza, dulzura o felicidad. Su pequeño tamaño contrasta con su presencia escénica. Su variedad de registros y sus movimientos son los de una profesional curtida en el rol. De hecho, lo ha defendido en diferentes teatros del mundo, como en la Ópera de Leipzig, en el Arena di Verona o en la Wiener Staatsoper. Se ha metido en un centenar de ocasiones en este papel protagonista.

El fragor orquestal no se lo puso del todo fácil al tenor Eduardo Aladrén, en el papel ingrato de Pinkerton, con voz de generoso caudal. Un rol de una satisfacción enorme para cualquier cantante.

Lorena Valero defendió una Suzuki notable. Y Sharpless no estuvo siempre audible.

El coro del Principal cumplió con nota, como es habitual.

La producción contó con una gran presencia de cantantes mallorquines: José Manuel Sánchez, Marga Cloquell, Antoni Lliteres, Pablo López y Jorge Tello.

El público (entre él se encontraba el presidente del Consell Miquel Ensenyat, la consellera de Salud Patricia Gómez, el vicepresidente insular Francesc Miralles, la directora general de Cultura Joana Català y la directora insular de Patrimonio Kika Coll) aplaudió y agradeció haberse perdido durante tres horas en el laberinto emocional de este montaje que se representará también los días 3, 5 y 7 de abril.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook