24 de febrero de 2019
24.02.2019

Marta Armengol, arte y diseño mallorquín para 'El mal querer' de Rosalía

La arquitecta palmesana ha participado en la dirección artística y ha creado el mobiliario de la gira de la artista del momento

24.02.2019 | 02:45

Marta Armengol conoce las estructuras, los volúmenes, la utilidad y la racionalidad propias de la arquitectura. Combina estos elementos con una investigación artística sobre los materiales y las formas que le llevan a construir objetos híbridos entre el diseño y el arte. Son precisamente sus aciertos y logros en este cruce e hibridación los que han contribuido a que la arquitecta palmesana haya construido el mobiliario y haya colaborado en el concepto y la dirección artística de la gira El mal querer de Rosalía y El Guincho.

Armengol conoció a la artista catalana en el Tablao de Carmen de Barcelona. "Me llevó allí la fotógrafa Carlota Guerrero, quien también ha estado en la dirección artística de la gira. En seguida hicimos buenas migas con Rosalía. Yo ya era amiga del Guincho también", relata. La idea inicial de la mallorquina y de Guerrero era poder rodar un vídeo con la cantante catalana. "Nosotras ya hacíamos performances y audiovisuales asociados a la música que hacía Mimi Xu", explica. En aquellos momentos, Rosalía estaba acabando los estudios de flamenco en la Escola Superior de Música de Catalunya, El mal querer era su proyecto de final de carrera. "Se interesó para que la ayudara con la escenografía", explica Armengol. Para el primer concierto del Sónar, la isleña creó una serie de elementos en metacrilato: el pie del micro, casi una escultura adaptada al show, y la mesa donde El Guincho dispone de toda la tecnología sonora. "Optamos por elementos livianos que crearan reflejos y que no interfirieran ni en la performance ni en el diseño de toda la secuencia de colores", explica Armengol, cofundadora de Cierto Estudio, un despacho sólo de arquitectas con el que ganó concursos y menciones de honor. Todos estos elementos son empleados por Rosalía en los conciertos de gran formato, como el que también se celebró en Madrid. "Para otro show en el que estaba sola compuse una silla con reminiscencias flamencas también en metacrilato", detalla la creadora, "una combinación de tradición con materiales contemporáneos".

Armengol vivió en Barcelona durante mucho tiempo y regresó a Mallorca hace un año. En la Ciudad Condal combinó trabajos de arquitectura con un círculo de amistades dedicado a la creatividad. Un entorno multidisciplinar que contribuyó a que empezara a colaborar con artistas, diseñadores o fotógrafos.

Su primer proyecto fuera de la arquitectura fue con la diseñadora Paloma Wool. "Creé unas estructuras de madera que eran como pequeñas esculturas transformables", detalla. "En seguida me di cuenta de la flexibilidad que había en este campo, un aspecto menos presente en la arquitectura, y en la inmediatez, una característica de nuestra sociedad", subraya.

A partir de ese momento, las colaboraciones crecieron. Armengol expuso un proyecto multidisciplinar en el Palais de Tokyo junto al artista visual Mau Morgó y Guillermo Santomá. También ha estado trabajando con el tema de la iluminación: autoproduce una suerte de estructuras o esculturas que emiten luz. Algunas de ellas están en el espacio gastronómico La Mirona, en la calle Sant Jaume, el negocio de su familia. "Me gusta probar con materiales que me voy encontrando, incluso objetos domésticos. Son elementos que descontextualizo de su uso originario para darles otro rol", confiesa. En este sentido, se considera seguidora de los postulados que Agustín Fenández Mallo defiende en Teoría general de la basura y otros textos. Puro apropiacionismo.

Esta joven talento de 31 años, también arquitecta en el despacho Moredesign de Deià, se siente cómoda en el terreno donde se desdibujan los límites entre el diseño y el arte. "Para mí, es como una nueva versión del arte", sostiene.

En estos momentos, expone una pieza en la colectiva Mujer Florero, en Matadero Madrid. "He creado un jarrón cuyo material son las propias flores con resina. Son las propias flores las que albergan flores", comenta. "Quería contraponer la idea de que el recipiente permanece mientras que el elemento orgánico de las plantas se pudre", apunta.

Durante el festival del diseño de la capital (que finaliza el 28 de este mes), participa en dos exposiciones más: The Librarian Room en Espacio Vértice y Functional Art en la galería 6mas1.

Para verano, sus piezas podrían formar parte de un proyecto que se exhibirá en la galería Pep Llabrés.

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