23 de enero de 2019
23.01.2019
Entrevista

Nekane Aramburu: "Es Baluard siempre ha funcionado con ética pese a la precariedad sufrida"

La directora del museo de arte moderno y contemporáneo de Palma cierra una etapa de seis el próximo 17 de marzo

23.01.2019 | 23:44
Nekane Aramburu, en Es Baluard.

El próximo 17 de marzo, Nekane Aramburu (San Sebastián) pondrá fin a una etapa de seis años al frente del museo de arte moderno y contemporáneo de Palma. A su llegada, consiguió relajar la conflictividad del espacio y 'resetear' las relaciones y el funcionamiento de un centro que ahora cumple 15 años. Asegura que está totalmente alejada y desvinculada del proceso de selección actual del nuevo director o directora del centro, que el pasado martes cerró el plazo de recepción de candidaturas.

¿Cómo ha cambiado Es Baluard desde que entró hasta ahora?
Me encontré un museo que no tenía personalidad y que era necesario construirlo como museo en el sentido conceptual y en el sentido de reforzar esta imagen en el ámbito nacional e internacional. He intentado ser coherente con el proyecto por el que gané el concurso. Es un proyecto que escribí en septiembre de 2012. Y lo escribí cuando estaba trabajando a nivel internacional desde la distancia. Lo publiqué el primer día después de mi nombramiento. Lo he vuelto a leer hace poco y me di cuenta de una cosa muy clara y es que la primera intención del desarrollo del mismo estaba basada en un museo que tenía un presupuesto estable y holgado. Y me encontré un museo que había perdido el 66% del presupuesto. Al llegar me di cuenta de que sólo había para el funcionamiento ordinario del mismo. Como quería ser coherente con mi proyecto, tuve que construir sistemas de trabajo que permitieran avanzar según los objetivos.

Precisamente, las condiciones de esos sistemas de trabajo fueron criticadas por precarizar al sector. La AAVIB llegó a hablar de malas prácticas.
La cuestión económica del museo derivó a tener que hacer proyectos a muy bajo coste. Eso es cierto. Y que yo tuviera que comisariar casi todas las exposiciones. Pero siempre hemos seguido una ética de funcionamiento: todas las personas que han desarrollado su trabajo en Es Baluard han tenido un contrato digno y unos honorarios en unos momentos muy precarios. Eso es una cuestión. Hubo que construir un sistema de patrocinio y mecenazgo asociado a proyectos. En este trayecto de encontrarme la crisis profunda del 66% del presupuesto a como estamos ahora, en enero de 2019, ha mejorado todo mucho.

El sistema de colectivos asociados y colaboradores fue tildada por muchos como "una manera de programar gratis".
Te aseguro que no está pensado para generar una programación low cost desde las instituciones. En este sentido, yo hubiera hecho lo mismo teniendo financiación o no teniéndola.

Supongo que hubiera pagado más teniéndola.
Por supuesto, como hemos hecho ahora porque hemos podido. Creo firmemente en que un proyecto cultural ubicado en zonas culturalmente activas tiene que trabajar desde la horizontalidad. Y no desde la verticalidad. El sistema de colectivos asociados y colaboradores, que ya lo hizo el Reina Sofía u otras entidades nacionales e internacionales, está hecho para trabajar desde la horizontalidad y para acoger propuestas que necesitan de una determinada entidad para poder llevarse a cabo. Yo creo en esta manera de trabajar. Es un camino que hay que hacerlo en común. Esta manera de trabajar es un dispositivo muy necesario para integrar a la comunidad artística y creativa. Es la única manera de conseguirlo. El modus operandi habría sido éste en el museo a pesar de la cuestión económica. De todos modos, también ayuda a obtener resultados que a nivel político se apueste firmemente por la cultura.

¿Qué legado deja?
Creo que he trabajado para hacer un buen museo. Un museo más abierto en el que haya un sentido de pertenencia por parte de la población y del sector cultural, un museo capaz de ser interlocutor válido para otros museos nacionales e internacionales. Y que tenga la confianza y el prestigio para poder hacerlo.

¿En qué estado deja la colección?
Ha habido más visibilización de la colección, nuevas interpretaciones; se ha abierto a la transdisciplinariedad, a nuevas lecturas historiográficas y a casos de estudio y de investigación. A nivel de crecimiento, hay que destacar el hecho de sacar la colección fuera: producir itinerancias y coproducciones con la colección a diferentes escalas. Una de las más importantes fue llevar la colección al CEART. A nivel de incrementarla, al llegar me encontré que no había presupuesto para adquisiciones. He tenido que crear dispositivos para que entren obras nuevas en la colección del museo como las becas DKV para artistas jóvenes. Y rescatar una cantidad simbólica para poder adquirir obra y que esta cantidad siga aumentando.

¿Qué cantidad hay ahora?
Diez mil euros. Empezamos con cinco mil. Por ejemplo, compramos una colección de vídeos de Vostell a la familia. O dos piezas vinculadas a producciones que ha habido desde el museo: la de Avelino Sala y Juan Aizpitarte. Se han comprado a través de sus galerías respectivas.

¿Han entrado depósitos también?
Sí, por ejemplo una selección de los Ciutat de Palma.

¿Cabe más obra en los almacenes?
No. La mayoría de piezas que entran son formatos vídeo o van directamente a colocarse. Precisamente, ésta es una de las problemáticas que no he podido solucionar.

¿Qué otros objetivos no ha podido materializar?
Pues un centro de documentación de arte contemporáneo y biblioteca. Lo que sí hemos conseguido es reordenar e incrementar lo que hay, pero atomizarlo porque no hay espacio. Hacer el archivo de creadores que está en internet, porque no hay espacio para poder desarrollarlo en condiciones. Hay problemas espaciales que no permiten crecer.

Una extrabajadora denunció al museo por supuestas ilegalidades contractuales.
El tema está solucionado. Ha quedado claro que no hubo irregularidades contractuales y que la relación era mercantil.

¿Las relaciones laborales han sido tensas? Lo digo porque en estos años ha habido éxodos y rebajas salariales.
Hay una cosa muy clara. Cuando llegué al museo, había que generar muchísimos nuevos proyectos, plataformas de trabajo y reestructurar el modus operandi. Hubo personas que decidieron no seguir en el proyecto. A nivel de personal, uno de los peores momentos fue el de la huelga del personal el día de la inauguración de El tormento y el éxtasis. Fue muy injusto el recorte de salarios.

¿Se han recuperado?
Sí, el año pasado hubo el pacto de empresa. Y se solucionó.

¿Ha fomentado suficientemente el contexto local?
No todo lo que me hubiera gustado, pero evidentemente con un presupuesto reducido no puedes trabajar con la intensidad que te gustaría. Pero me ha pasado no sólo con el contexto local, que creo que es muy rico y preparado, sino también con el internacional. No podemos hacer grandes proyectos internacionales con el presupuesto que tenemos y eso se ve también.

¿No está un poco ensimismada la escena artística local?
Yo creo mucho en los relevos generacionales. En el tema de Formatting Architecture se ha visto: hay gente que es muy joven y que está de profesor en la facultad de Arquitectura de Madrid y es de aquí.

En definitiva, su mayor problema ha sido el presupuesto.
Sí.

¿Ha tenido la colaboración que esperaba de la gente?
Sí.

¿Se ha sentido sola?
También. Nada es ni blanco ni negro. Todo va y viene. Cuando las cosas van mal, se tiende a verbalizarlo más. A mí me gusta quedarme con las cosas positivas. Por ejemplo, estoy contenta de haber abierto proyectos y caminos que quizá no podría haber hecho en otro contexto que no fuera éste. Por ejemplo, haber introducido por primera vez en un museo en el estado español el cómic. Y que trabajen con arte contemporáneo. Lo pude hacer aquí porque hay muy buen nivel. Y el resultado fue tan bueno que todavía después de cinco años nos acordamos. Me refiero a abrir caminos únicos y no por el tema de ser los más originales, sino por ratificar que es posible hacerlo en este lugar. Otro ejemplo son las exposiciones que hicimos sobre el Mediterráneo. Fueron muy comprometidas, con curadores internacionales, pero también potenciando lo local, generando foros con colectivos mucho antes de que se pusiera de moda. Un museo, además de ser una suerte de casa madre, tiene que ser capaz con los creadores y los colectivos de estar en lo real y de adelantarse a lo que va a pasar. Tiene la obligación de hacerlo. Ciutat de vacances es otro ejemplo. Con este ciclo nos adelantamos a todo el crack de lo del turismo aquí. Y llevábamos dos años y medio o tres con la investigación del proyecto, hacer las coproducciones, hacer la alianza con Venecia, inaugurar en la Bienal, invitar al colectivo Left Hand Rotation, etc. Con ese proyecto nos adelantamos. Y cuando estábamos trabajando en el museo con el rollo de las Ramblas, pasó el atentado en Barcelona. El museo debe estar en la realidad y con lo que la sociedad futura va a necesitar. Sobre todo, por el papel educador horizontal que tiene. La línea de la relación entre los animales y los seres humanos también va por aquí.

El último proyecto presentado.
Sí. Los colectivos animalistas han visto situaciones desde un contexto del arte que realmente la relación que se ha establecido con el museo creo que tardará en disolverse porque creo que se ha creado un vínculo de confianza. Y en eso está el sentido de pertenencia. Ahí hay una relación de confianza y de construcción en el futuro. De educación y de conocimiento mutuo. Raramente, estos colectivos se habrían acercado al museo si no hubiera sido por este proyecto.

¿Los museos no hablan de temáticas sociales desde una excesiva corrección política?¿No son usados para legitimar ciertos discursos políticos de izquierdas?
Pienso que las personas que están a la cabeza de cualquier proyecto cultural tienen que ser intelectuales independientes. Por eso, quizá yo tomo la dirección de Es Baluard como un proyecto curatorial general con diferentes vertientes. Quien dirija debe ser un intelectual que sea capaz de construir un discurso independiente.

Tal y como están conformados los patronatos y órganos de gobierno de los museos, ¿eso es posible? ¿Existen los discursos independientes?
Bueno, hay ejemplos. Harald Szeeman, el comisario. Es muy importante también que el discurso que uno mantenga no sea endogámico. Es otro gran defecto. Muchas veces, desde el arte contemporáneo se exige la retroalimentación y hablar del propio lenguaje del arte. Cuando un director programa, no debe hacerlo a partir del gusto propio sino por la sintonía con lo que percibe que va a ser útil para la sociedad. Sobre los patronatos, pienso que deberían ser mixtos: políticos, expertos, promotores privados y también representantes de la ciudadanía, pero no sé cómo se articularía. Cada estructura debería tener quizá su propia fórmula. En algunos casos incluso podría considerarse que no es necesario un patronato. En España, el sistema de patronatos se ha clonado. Es un tema sobre el que podríamos estar debatiendo horas.

¿Ha padecido algún tipo de injerencia política?
No. Yo estoy muy acostumbrada a trabajar con lo político. Anteriormente, ya había trabajado con bastantes gobiernos diferentes. Y en el País Vasco, en una época de terrorismo. Que eras político y te mataban. Yo he trabajado con políticos que iban con guardaespaldas. Aquí en la isla, he sabido sintonizarme con los diferentes cambios políticos que he vivido [un cambio de Govern y también con distintos concejales y conselleras en esta legislatura]. Comprendo al representante institucional de cualquier partido. Y comprendo también que ellos tengan compromisos. Y reivindico que me respeten. Si me mantienen trabajando en un lugar es porque creen en el proyecto que desarrollo. Y ese proyecto es el que yo voy a defender hasta las últimas consecuencias.

¿Y en estos seis años se lo han puesto fácil?
Balears es un contexto complejo. Es un museo de territorio. Es complejo porque todo se intensifica mucho.

Tampoco ningún político con los que ha trabajado ha sido un abanderado de Es Baluard.
¿Y de la cultura? En general, hay que hacer creer más en la cultura. La cultura no es postureo.

¿Qué consejo le daría al próximo director o directora?
Que sea coherente con su proyecto.

¿Qué planes tiene?
La gente especula sobre ello en Palma. Pero no voy a contestar a esa pregunta.

Algo no cuadra con los visitantes: 660.777 en 2018. Ahora resulta que tenemos más que el MACBA, que recibió 331.694.
Esas cifras son del acceso al complejo cultural. Hacemos conciertos y actuaciones fuera, que se cuentan. Luego hay otra cifra que es la de taquilla, la de acceso al museo. Ahora mismo no la sé. Pero estamos incrementando. Respecto al año anterior, hay menos gente que ha entrado al complejo cultural y más al museo.

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