06 de diciembre de 2018
06.12.2018
Restauración

Retablo mayor de Alaró: Una joya de cinco piedras

La monumental obra, singular por estar construida en piedra, culmina un profundo proceso de restauración - El taller de Restauració del Bisbat recupera la caliza, las ocho esculturas y las once pinturas del conjunto

05.12.2018 | 23:35
Retablo mayor de Alaró: Una joya de cinco piedras

El apunte

  • Cinco calizas, cinco colores
    La arquitectura del retablo es característica del siglo XVII con cuerpos superpuestos y con columnas de diseños muy variados. Fustes y capiteles se emparejan a ambos lados del eje central, pero sin repetir formas. Su singularidad estriba en el uso de distintos tipos de piedra compacta como material constructivo. Se utilizan calizas de cinco colores distintos: negro, blanco, rojo, amarillo y marrón. Las combinaciones de distintos tonos, formas geométricas y volúmenes de estas piedras crean una ornamentación barroca compleja que requería el trabajo de artesanos con una elevada cualificación técnica. Algunas de las canteras de procedencia de los materiales han sido localizadas en Alaró, en la possessió de Solleric, y Puigpunyent.

La piedra vuelve a brillar. Las pinturas han recuperado sus colores. Las esculturas muestran de nuevo rostros limpios y han recuperado manos y dedos amputados por el paso de los siglos. El Taller de Restauració del Bisbat de Mallorca, dirigido por Antònia Reig, remata durante estos días el complejo proceso de renovación del retablo mayor de la parroquia de Sant Bartomeu de Alaró. Se trata de una obra magnífica e infrecuente en la isla por sus grandes dimensiones y, sobre todo, porque está esculpida en calizas de cinco tipos y colores diferentes. La mayoría de retablos de los presbiterios de los templos están tallados en madera dorada y policromada.

Andreu Villalonga, historiador del arte que actúa como asesor académico, explica que los trabajos del retablo comenzaron en 1698 por el impulso del rector Bartomeu Bauçà y finalizaron 17 años después. La construcción se debe, al menos en parte, al taller de los Moyà, una saga de picapedrers de Binissalem. Este dato desmonta la leyenda según la que los alaroners pulían las piedras en sus casas al final de la jornada laboral. Esta tarea de aficionados habría provocado, siempre según la tradición oral, que algunas piezas no encajaran correctamente.

Las labores de restauración comenzaron en abril de 2017 con los estudios previos. La instalación de un andamio facilitó un análisis en profundidad de las patologías y la toma de decisiones sobre las recetas más adecuadas para curarlas. En agosto de este año se reanudaron las labores en las que, además de la directora del taller, Antònia Reig, han participado Francisca Jaén, Beatriz Requena, Raquel Garduño, María Antonia Fernández y Victoria Reina.

Las tareas, que han sido financiadas por el Consell de Mallorca, se han desarrollado en tres facetas distintas de la restauración artística: la piedra, la pintura y la escultura. Los trabajos se han afrontado en coordinación con el párroco, Bartomeu Barceló.

La arquitectura


El problema más importante detectado en la obra arquitectónica han sido las humedades que afectaban al zócalo. Las filtraciones de agua desde el subsuelo han deteriorado la solidez de los materiales. Ante la imposibilidad de eliminar el origen de esta patología, se ha trabajado para ralentizar las consecuencias de las filtraciones y evitar, con trabajos periódicos de mantenimiento, un agravamiento en la descomposición de la piedra.

Otra intervención importante sobre la obra arquitectónica ha consistido en eliminar la oxidación de los dorados colocados en 1911 sobre adornos que en el siglo XVII eran de pan de oro. Descartada la posibilidad de recuperar los originales, se han aplicado barnices acrílicos con pigmentos que aportan una parte del brillo perdido. La intervención de un siglo atrás se ejecutó en el marco de una reforma y restauración general del templo. El taller del escultor Sebastià Adrover estuvo a cargo de esta reforma, según explica Villalonga.

También se han retirado la cera y el polvo acumulados. Las superficies pulidas, degradadas por alguna limpieza agresiva, se han mejorado con la aplicación de resina acrílica en bajas concentraciones.

Las esculturas


La monumental obra integra ocho esculturas, seis de talla y dos realizadas a partir de telas encoladas. Las principales –la Mare de Déu de l'Esperança, Sant Sebastià i Sant Roc– fueron reutilizadas procedentes de otros retablos del templo. Las de Sant Vicenç de Paul y del Beat Ramon Llull se incorporaron en 1765 y su autor es Joan Muntaner. La de Sant Bartomeu se incorporó al conjunto en el siglo XIX en sustitución del ostensorio –donde se mostraba la hostia consagrada– que hasta entonces ocupaba la hornacina central del cuerpo inferior. Dos ángeles coronan el retablo.

Los trabajos de restauración han descubierto detalles curiosos. Por ejemplo, que en la talla de Sant Sebastià se agrandó el taparrabos y se eliminó una flecha que le atravesaba el cuello. A la imagen de Sant Roc se le mutiló el vestido para que cupiera en la hornacina y le cortaron el cabello, quizás por una cuestión de modas. El santo de Montpeller recuperará el ángel y el perro asociados a su iconografía. También Sant Vicenç de Paul y Ramon Llull, imágenes firmadas por Joan Muntaner, sufrieron mutilaciones en los laterales para ajustarlas al espacio disponible.

La talla de la Mare de Déu de l'Esperança, patrona de Alaró, aunque haya perdido popularidad en favor de Sant Roc, es de gran valor artístico. Ahora solo ha sido necesario liberarla del polvo gracias a que ya fue restaurada en 1999.

En líneas generales, en las esculturas se ha procedido a tareas de limpieza, desinfección preventiva de las maderas para evitar ataques de xilófagos, fijación de la policromía... En algunos casos se han tenido que reimplantar miembros amputados y reintegrar policromías deterioradas.

Las pinturas


Diez pinturas sobre tela y una tabla policromada se integran en los distintos órdenes del retablo. Han sido trasladadas al taller diocesano donde se ha retirado la suciedad adherida y los barnices oxidados, se ha fijado la pintura, se han consolidado las telas y bastidores y se ha procedido a una reintegración pictórica con material reversible.

El resultado es espectacular. Donde antes solo había oscuridad, han aparecido escenas luminosas y coloridas. La nueva luz aportada sobre las pinturas ha permitido rectificar algunas identificaciones explicadas en un documento del siglo XIX. Donde entonces había una Santa Teresa, ahora ha aparecido una Santa Eufrasia.

Con todo, el cambio más radical se verá en la tabla del sagrario, que presentaba un repintado contemporáneo. Después de efectuar varias catas se descubrió que la policromía primitiva se mantenía en buen estado. Se acordó retirar la pintura reciente y recuperar el aspecto original.

Está previsto que antes de Navidad se desmonten los andamios que tapan el retablo. Dentro de unas semanas se organizará un acto para explicar el proceso a la población y se planea la publicación de un libro sobre la historia de esta monumental obra de arte y de su restauración.

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