10 de noviembre de 2018
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Babel, curiosidad desbordante

Defienden que en la diversidad está la verdad y no dejan de aceptar desafíos- El Mediterráneo y la electrónica definen la música de esta pareja...

09.11.2018 | 21:31
Los dos músicos de Babel, Diego Blanco, charango en mano, y Alejandro Blasi a la guitarra.

La diversidad, entendida como una bendición y no como un castigo, como el que impuso Dios a quienes se atrevieron a edificar "una torre que llegue hasta el cielo", creándose de esa manera los idiomas actuales, es la bandera que ondean Alejandro Blasi (1968) y Diego Blanco (1969). Dos argentinos, ambos naturales de Buenos Aires, instalados en Mallorca desde hace 18 años e integrantes de Babel, un grupo que busca la diferencia en la música y que brinda otra mirada sobre el Mediterráneo, una propuesta que se ha ganado el respeto del mismísimo Donovan, quien colabora en su última entrega discográfica.

En el principio no fue el verbo sino la pintura la que unió a Blasi y Blanco, amigos desde sus años colegiales. "Los dos pintábamos en aquel tiempo pero pronto derivamos hacia la música. En Argentina tuvimos varios grupos, el más importante, Cremor, en la escena underground, con un pop rock potente", recuerdan. En el 2000, con unas pocas maletas y muchos gustos musicales, "desde el rock al heavy metal pasando por el bolero y la música tradicional", aterrizaron en el Llevant. Ocho años después nacía Babel, que se estrenó en el mercado discográfico con Last Day on the Beach, un álbum de catorce temas con los que ya demostraron dos cosas: versatilidad instrumental y deseo de aprender.

"El entorno determina lo que uno hace", defiende la pareja de músicos. "Babel –subrayan– es el Mediterráneo visto con unos ojos que no nacieron en este mar. Lo que vemos alrededor nuestro está reflejado en nuestros discos. Nuestra desventaja es no tener muy arraigadas las tradiciones, las vamos aprendiendo a medida que las vemos, y la ventaja es tener una objetividad distinta, sorprenderte cada día". Sus composiciones, muchas de ellas instrumentales, tienen algo de espiritualidad y, en todos los casos, están conectadas con la tierra, algo inevitable al manejar instrumentos que en la mayoría de los casos son folclóricos aunque no facturen folclore, más bien world music –para aquellos que necesiten las etiquetas–, con la electrónica como seña de identidad.

La curiosidad les ha llevado a convertirse en casi unos coleccionistas de instrumentos. "Creemos que en la diversidad está la verdad, así que cogemos elementos de muchos lados para configurar una cosa, y todo tamizado por el ambiente mediterráneo", insiste Blasi. Gracias a los loops, en sus directos pueden sonar hasta diez instrumentos en una misma canción, siendo como son solo dos músicos. ¡Pero qué dos músicos!, con unas manos capaces de tocar un sinfín de instrumentos: stick, charango, ronroco, quena, quenacho, moseño, tarka, dizi, guitarras, bajo, kalimba, omnichord, q-chord, ocarina, armónica... "A la hora de incorporarlos, sobre todo nos guiamos por el timbre, por los sonidos, por el contraste entre uno y otro, por lo que puede aportar cada sonido a cada canción; y también buscamos despegarnos de lo que se ve siempre, de los instrumentos más comunes", aclaran. Se definen como atrevidos y osados por naturaleza pero apuntan que no intentan llevar los instrumentos "a un nivel de excelencia, no somos maestros sino autodidactas". Babel presume de tener un departamento de I+D aunque eso les lleve meses y meses de ensayos y pruebas. "Hay instrumentos que necesitan mucho más tiempo que otros, como el shakuhachi (una flauta japonesa que utilizaban los monjes de la secta fuke zen) o el duduk armenio, de 3.000 años de antigüedad, uno de los más antiguos que se conoce. Otros, en cambio, como el hulusi chino, fluyen más fácilmente. No sé por qué no lo toca más gente", se pregunta Blanco.

Conscientes de que su diversidad musical es limitada, se muestran "encantados" siempre que alguien les propone algo distinto, porque les obliga a encajarlo dentro del proyecto y les permite crecer como músicos. "El desafío de llegar a resolver algo que a veces parece imposible es muy estimulante", afirman. Así, la lista de colaboradores e invitados en sus trabajos de estudio, como el segundo en su discografía, publicado este mismo año bajo el título de Blue Dance, es extensa y también brillante. Un nombre sobresale del resto, el de Donovan, quien presta su voz en The wind, canción en la que recita un poema de Robert Louis Stevenson, una de sus grandes influencias. "Donovan, al que conocimos en Calma Estudis, es una leyenda, y tenerle en el disco y estar cerca de él es un privilegio. En el estudio te cuenta anécdotas de Jimi Hendrix, los Beatles, y suena el teléfono y es... ¡Jeff Beck! Es un hombre accesible, un tipo divino y muy bondadoso", aplauden tanto Blasi como Blanco. Ellos también son cercanos y agradecidos: con Josep Umbria, del que destacan el apoyo que siempre les ha brindado –suya es la remasterización del segundo cedé de Babel, donde también firma un exquisito arreglo de cuerdas y un piano en otro tema–; y otros amigos, caso de Maria E. Lavochnick, Ricardo Soulé, Jerry Marotta, Abdoul Aziz, Hernán Livolsi, Carles Grimalt o la Radio San Gabriel de Bolivia.

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