28 de octubre de 2018
28.10.2018

"A Dorothea Bate le negaron la voz como científica"

La ilustradora Elisa Martínez, colaboradora de DIARIO de MALLORCA, presentó ayer en el Casal Solleric un cómic sobre la cazadora de fósiles que descubrió en la isla el ´Myotragus Balearicus´

28.10.2018 | 02:45
La dibujante alicantina Elisa Martínez, ayer, en el Passeig des Born.

Del gris de londres a los colores cálidos del mediterráneo

  • Una investigación en los peinados y la indumentaria de principios del XX
    Formalmente, Elisa Martínez ha cuidado mucho los colores de las páginas y ha investigado la estética de la época en que arrancó el sufragismo de la mujer.
     
Cuando la ilustradora Elisa Martínez, colaboradora de DIARIO de MALLORCA, conoció la figura de Dorothea Bate vio un filón para dar a conocer a una mujer que luchó contra el lugar que la sociedad le tenía reservado. Presentó un proyecto de cómic sobre su figura al Consell y el resultado final es una historieta de 16 páginas integrada en la colección Mallorca té nom de dona. Los entresijos del álbum los explicó ayer la dibujante y guionista en el Casal Solleric, en el marco del Festival Còmic Nostrum.

Martínez, bregada en el dibujo feminista, asociado a las comprometidas contraportadas con las cuestiones de género de la periodista de esta casa Pilar Garcés, empezó a trabajar en estas páginas el pasado febrero. "Partí de la biografía de Karolyn Shindler, que tardó nueve años en hacerla porque se conserva muy poco material sobre Bate. Sabemos de sus expediciones científicas porque sus cuadernos de trabajo se han conservado, pero casi nada de su vida privada. Su archivo personal se quemó en un incendio", desvela la ilustradora. La descubridora del Myotragus Balearicus "se volcó en su trabajo al cien por cien. No se casó ni tuvo hijos". "Su pasión por la Paleontología nace de su curiosidad personal. Fue autodidacta. Y tuvo la suerte de que su familia la apoyara", relata Martínez.

Resumir los pasos de la paleontóloga galesa que excavaba en traje de chaqueta no ha sido sencillo. En las páginas de Martínez, el lector está siempre ante una Dorothea sola en sus viajes. "La primera expedición fue a Chipre. Allí se fue a casa de unas personas que habían sido vecinas suyas", detalla la ilustradora. En su primer viaje a Mallorca, Bate hubo de desplazarse acompañada -forzosamente- de una señora. "Le advirtieron de que la isla era un lugar inhóspito y poco apto para mujeres solas. En realidad, estuvo poco tiempo aquí porque su padre enfermó y tuvo que ir a cuidarlo", cuenta Elisa. Fue en esta primera visita a Mallorca cuando, gracias a la pista de un reverendo, fue a la Cova de Na Barxa de Capdepera y encontró el fósil del Myotragus. Más adelante, regresó, esta vez sola, a la isla, y visitó también Evissa y Menorca. En esta última descubrió una especie de tortuga y un tipo de lirón gigante y una musaraña. Tras estas expediciones, Dorothea no volvió a salir para investigar. Los motivos, una laguna negra aún por descubrir.

Conciencia política

"No sabemos si Bate tenía conciencia o discurso políticos, pero está claro que en la práctica los tenía", considera Martínez. "Viajaba sola, escalaba, se tiraba por los barrancos, excavaba, preguntaba a los lugareños por cuevas, etc.", señala. "Con 19 años, sin nigún tipo de formación formal sobre Paleontología, se presentó en el Museo de Historia Natural de Londres a pedir trabajo. Convenció al director del departamento de Aves que la contratara. Entró como descubridora de huesos freelance. El acuerdo fue que si encontraba algo el museo se lo compraría y referenciarían que el descubrimiento lo había hecho ella", comenta. Tuvieron que pasar muchos años más para que Bate entrara a formar parte de la plantilla de la institución.

No son pocas las trabas que Dorothea hubo de afrontar por su condición femenina. "Estaba infrafinanciada respecto a sus compañeros. En Creta y Chipre ya había descubierto un elefante y un hipopótamo diminutos, dos hallazgos importantes que no le sirvieron para conseguir financiación para la expedición de Mallorca. Tuvo que pedir dinero a su familia".

Los agravios no se circunscribieron únicamente al dinero, sino también a su autoridad como científica. "En la Royal Society de Londres no podía presentar sus trabajos. No podía leerlos en público como hacían los hombres. No le dejaron tener una voz autorizada como científica a pesar de tener publicaciones", denuncia Martínez.

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