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Donovan canta por Mallorca

Donovan canta por Mallorca

Donovan canta por Mallorca

Escuchas su nombre y de inmediato tarareas Colours, porque la vida podría haber sido más agradable. Donovan Leitch desembarcó en Mallorca con la sencillez que aplicó a toda su carrera. Ni siquiera enfiló la isla por las vías de entrada bohemias y tópicas de Deià o Pollença. Este "tipo escocés" (la denominación que le otorga Bob Dylan en el documental Don´t look back, ver más adelante) quiso Atrapar el viento en Artà, donde brotó un día como de la tierra, sin la algarabía de heraldos y pífanos.

Cualquier fenómeno de la música contemporánea se mide a Dylan. Su abulia fuera del escenario disimula su extraordinaria competitividad. Por no hablar de su combatividad. Neil Young o Bruce Springsteen encabezan la interminable relación de artistas que han soportado la etiqueta de "el nuevo Dylan". Cuando se trata de un cantautor de cabellera rizada, atado a la guitarra y la armónica como Donovan, las comparaciones ascienden a peliagudas. Máxime cuando se advierten las similitudes entre los títulos de Blowin´ in the wind y Catch the wind.

Dylan experimentó respecto de Donovan unos celos dignos de Otelo. La acrisolada indiferencia del judío de Minnesota se transformó en un ansia irresistible por conocer y en su caso aniquilar a un rival inesperado. El británico siempre ha relativizado el conflicto, otro rasgo que avala su nobleza. En cambio, el principal aliciente para el viaje del norteamericano a Inglaterra durante los sesenta consistía en medirse al artista emergente que amenazaba su hegemonía. Dylan conoció a Donovan, tocaron juntos y el monstruo se apaciguó.

Sin cacarear ni envanecerse, Donovan protege ahora en Mallorca el legado de Robert Graves y el paisaje de Sant Llorenç. Son gestos solidarios inasequibles para el bronco Dylan, que actúa ante Juan Pablo II cobrando y recibe el Nobel con el mismo requisito pecuniario.

Donovan nos devuelve sin nostalgia a los tiempos en que los hippies se adueñaban de las sucesivas islas Balears, hasta el punto de que el franquismo horrorizado planificó hace medio siglo la expulsión sistemática de los pacifistas melenudos. Donovan es nuestra conciencia pero, por supuesto, Dylan es nuestro Dios. Por eso le tememos tanto.

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