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Crítica de cine

Los otros

Sobre el tema de los matrimonio rotos con hijos me viene a la cabeza un gran ejemplo reciente. La rusa, nominada al Oscar, Sin amor (A. Zvyangitsev, 2017) sobre los niños que huyen cuando los padres muestran cero amor hacia ellos.

Custodia compartida tiene un planteamiento más convencional. Arranca sembrando la duda de si al marido le están escamoteando el derecho a disfrutar un mínimo de tiempo con sus hijos, y acaba derivando hacia la violencia de género.

La segunda parte tiene más suspense, más angustia, evitando el melodrama. Más que interesante es necesaria en su aspecto expositivo, divulgativo por qué, por desgracia, sigue siendo un asunto de permanente actualidad. El perfil de las parejas que lo sufren es de sobra conocido. Hombres que transmiten mucha seguridad y en el fondo son lo contrario. Inflexibles a la autocrítica, empeñados en que el amor es unidimensional y perenne, un título de propiedad; y con una testosterona que, cuando aflora (a veces tarda) les transforma en unos temibles otros. Mujeres con baja autoestima que tardan en reconocer las luces rojas de sus parejas. Y unos hijos obligados a desarrollar mecanismos de supervivencia, mentiras, desconexión, evasión, cuando apenas han tenido tiempo para aprehender el entorno en una situación estable. Son tormentas perfectas. Su frecuencia vuelve a despertar la pregunta de por qué es un problema tan difícil de erradicar, dónde está su raíz. El mérito del director y guionista Xavier Legrand es contarlo con un estilo que recuerda al de los hermanos Dardenne, sencillo, austero, progresivo, sutil. Realismo sin hiper para que el espectador sufra tanto o más que los protagonistas.

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