13 de mayo de 2017
13.05.2017
Entrevista

Salvador Oliva: "No tengo novia porque mi esposa no me deja"

Salvador Oliva (Establiments, 1974) es un actor, director y escritor con más de dos décadas sobre las tablas y una experiencia que incluye teatro, teleseries, doblaje y la Sonrisa Médica. Después de aprender a manejar el garrote vil en ´El botxí´, este fin se semana y el próximo encarna a un etarra condenado en el montaje ´He vist balenes´, programado por el Teatre del Mar.

13.05.2017 | 02:45
Salvador Oliva: "No tengo novia porque mi esposa no me deja"

–Para que se haga cargo del tipo de entrevista: "¿Más ego que un actor?"
­–Más ego que la hembra del caballo. Un ego al mismo nivel que la inseguridad que te desequilibra, que te obliga a concentrarte y a enloquecer cuando toca.

–ETA nunca apasionó a los mallorquines.
­–En Mallorca, si no nos toca de cerca, no entramos. Crecí con estas informaciones y comprobé que hay dos Euskadis, la vinculada al mundo abertzale y la que está allí para reprimir.

–El conflicto vasco es que se quedan con el dinero de los mallorquines.
–No se nos devuelve la parte que ingresamos. Es otra broma pesada de un Rajoy que se hace pasar por despistado, por bonachón y que finge que no se entera de nada, cuando es cómplice de lo que ha ocurrido en su partido.

­–¿Cuánto tiempo tardó en aprender a manejar el garrote vil en 'El botxí'?
­–Diez segundos. Es un pomo de puerta, y el corbatín no asfixia sino que sirve de tope. Te rompe las cervicales y secciona la médula, el ajusticiado moría entre cinco y 25 minutos. Nos hicieron una réplica exacta, pero no tuve cojones de ponérmela, es muy desagradable.

–Ya que hace de vasco, ¿ha leído 'Patria'?
–No la he leído. Todo el mundo la infla y ya empieza a cargarme. Me da palo.

–¿Hay alguna posibilidad de que usted hubiera acabado de terrorista?
–Me cuesta aceptar la hipótesis, porque entiendo a todo el mundo y no entiendo a nadie, pero siempre he sido bastante pepona. He tenido varias peleas, nunca he pegado un puñetazo y me he llevado alguno.

–¿Como etarra en escena entiende al arrepentido?
–Veinticinco años en una cárcel te dan para pensar mucho, también me gustaría que los Gobiernos pensaran. No todo se pierde por el mismo lado. ETA no salió porque sí, aunque después se desnaturalizó. En cuanto al arrepentimiento, a mí me gustaría pedirle perdón a un chico al que le hice una putada, y nunca podré.

­–Los posibles espectadores quieren saber de qué ballenas estamos hablando.
–He vist balenes es un título en clave, una metáfora que prefiero no desvelar. Dejamos puertas abiertas, tal vez nos ha faltado un poco de ruido en el montaje, que Jorge Campos haya hecho acto de presencia.

–¿Ha apoyado al rapero Valtonyc?
–He ido a todo. Lo ocurrido con Valtonyc no tiene nombre, es indecente. Nos gobiernan los hijos y los ahijados del franquismo.

–Su respuesta a una fan: "Tienes muy buen gusto".
–Encantado de la vida. Es una maravilla que un tío tan normalito como yo pueda ser tan sexy para tanta gente. No tengo novia porque mi esposa no me deja.

–Tiene usted algo de actor francés, Jacques Auteuil o François Cluzet.
–Sonará pedante, pero de joven decían que me parecía a Al Pacino. Me hubiera gustado más parecerme a él en lo profesional y lo económico. En realidad, me parezco a un desgraciado. Siempre he tenido cara de yonqui, pero he sido bastante cobarde con las drogas.

­–¿Quién es el más grande?
–No tengo mitos. Tal vez Chaplin o Tati pero, si tengo que nombrar a alguien como el más grande del mundo, Miquel Àngel Llonovoy.

–¿Le gustó 'El infiltrado', un Le Carré televisado?
­–Hacía un camarero de nada con Antonio de la Torre. Me habló en catalán. Es un tío enrollado y buena persona, que te daba energía. Me pagaron fantástico, estoy harto de trabajar en precario. Y no, no he visto El infiltrado.

­­–¿Cómo es besar a alguien en falso?
­–Siempre meto la lengua. Es instantáneo, una reacción conjunta, y mucho mejor si hay sintonía.

–¿El trote sería deporte nacional si fuera un deporte?
–No sé si más de un trotón estaría de acuerdo en que no es un deporte. Mantengo con el trote un vínculo emocional y nostálgico, viví la infancia rodeado de caballos. Debería ser más popular y no ceñirse a las apuestas. Quien lo descubre, se enamora.

–Los extranjeros no nos ven.
–He llegado al punto en que no los veo. No existen, son obstáculos, nos hemos convertido en el bar cutre de Europa. Cuando estaba en Venecia, con hordas de zombis guiris, solo salíamos de noche con ellos, y nos escapábamos para que pagaran la cuenta.

­–De lo suyo no siempre se vive.
–Somos feriantes. Estoy dispuesto a hacer cualquier cosa, menos una cuña para el PP o Ciudadanos.

–¿Volvería a empezar?
–No lo sé, pero estoy metido en la mierda y he de intentar que no me llegue al cuello. No sé si lo hago bien, pero solo se hacer esto.

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