Provoca una muerte cada 2,8 segundos y casi 50 millones de personas la sufren anualmente. Además, es la primera causa de muerte hospitalaria, la primera de readmisión hospitalaria y hasta el 50% de los sobrevivientes sufren secuelas físicas y/o psicológicas a largo plazo. Las cifras de la sepsis no dejan indiferente a nadie.

Sin embargo, sigue siendo una gran desconocida a nivel general y los protocolos hospitalarios para su detección precoz y manejo no están tan extendidos como sería lo deseable.

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Pero ¿qué es la sepsis? «Es una enfermedad compleja secundaria a una infección que puede conducir a la disfunción multiorgánica y a la muerte; una emergencia médica que requiere atención inmediata y que lleva asociada una grave carga sanitaria y económica, tanto para el paciente como para los sistemas de salud de todo el planeta», explican desde el Grupo de Trabajo de Enfermedades Infecciosas y Sepsis de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC).

Teniendo en cuenta que esta patología, causada por una respuesta inmunitaria exagerada a la infección, causa 11 millones de fallecimientos al año, los especialistas recuerdan la importancia de avanzar en su estudio, control y tratamiento. Y en esta tarea trabajan desde hace décadas los intensivistas españoles.

Síntomas de la sepsis

Uno de los problemas que existen para detectar la sepsis es que algunos de sus síntomas pueden ser confundidos con una infección ‘normal’. Por eso es importante saber que hay personas que son especialmente susceptibles a padecer una sepsis. Entre ellos las personas de más edad, los pacientes diabéticos o inmunodeprimidos.

Además, hay determinadas infecciones que es más fácil que deriven en una sepsis, como las infecciones respiratorias como la neumonía, las infecciones intestinales o las del tracto urinario.

Teniendo un en cuenta estos condicionantes, las señales que nos pueden alertar que se está produciendo una septicemia son:

Sepsis y Covid-19

La sepsis es la respuesta de nuestro propio organismo a una infección, pero esta respuesta daña gravemente nuestros propios tejidos y órganos.

Así, enfermedades infecciosas ‘nuevas’ como el SARS-CoV-2, que además pueden desarrollar sepsis por sí mismas, obligan a los intensivistas a redoblar esfuerzos.

El Estudio Nacional de Vigilancia de Infección Nosocomial en Servicios de Medicina Intensiva (ENVIN) de la SEMICYUC alertó este año de que los pacientes COVID-19, en lo concerniente a las infecciones asociadas a dispositivos, presentan mayor respuesta inflamatoria en forma de sepsis y/o shock séptico durante su estancia en UCI, en comparación a los datos de 2019.

De hecho, durante el más de año y medio de pandemia, un importante número de pacientes ingresados en las UCI por Covid-19 han fallecido en el contexto de un shock séptico.

«Disponer en los hospitales del Código Sepsis ha permitido en época de pandemia identificar precozmente al enfermo séptico en todos los ámbitos asistenciales, mediante un abordaje coordinado multidisciplinar. Además, garantiza la implantación de manera inmediata de medidas eficientes que reducen la mortalidad de la sepsis», explican los expertos del Grupo de Trabajo.

Código Sepsis

La implementación del Código Sepsis en las Unidades de Cuidados Intensivos, y en el resto de las áreas hospitalarias, ha permitido disponer de una importante infraestructura de detección precoz de pacientes con esta patología, incorporando procedimientos, estrategias y protocolos de manejo que reducen la mortalidad y la morbilidad, independientemente de la causa que lo desencadene.

Este protocolo sepsis persigue identificar con tiempo a los pacientes sépticos y coordinar el abordaje multidisciplinar con el fin controlar el foco de la sepsis y garantizar la supervivencia del paciente.

Además, como explican desde el Grupo de Trabajo, «permite una atención de mayor calidad, homogénea y con la mayor capacidad de resolución posible, basada en la coordinación de los profesionales implicados en la atención de la sepsis».

Los sistemas de alerta más o menos automatizados del Código Sepsis ayudan a identificar escenarios potencialmente graves que, con otros sistemas de detección, podrían pasar desapercibidos.

Además, la incorporación de técnicas microbiológicas en la práctica clínica diaria para la identificación rápida de microorganismos y mecanismos de resistencias contribuyen a acortar los tiempos de respuesta diagnóstica y a realizar una mejor adecuación del tratamiento antimicrobiano.

La necesidad y utilidad de implantar el Código Sepsis en todos los hospitales se ha puesto en evidencia más que nunca en tiempos del COVID-19.