Vive la vida, no juzgues
‘Te hice dios’ es la primera novela del mallorquín Marcos Augusto, conocido por su militancia en la política cultural

Marcos Augusto / DMA
Vaya por delante que es complicado hablar de esta obra en un medio generalista, pero creo que es precisamente lo que hay que hacer; sería un grave error arrinconarla en la temática específica LGTBIQ+. Te hice dios, primera novela del mallorquín Marcos Augusto, a quien conocemos por su militancia en la política cultural, pero también en el periodismo cultural, y de quien ya hemos leído dos poemarios de interés (Barriga, de 2020, y Suceden tardes, de 2021), toca un tema difícil y ahonda en él de una manera estupenda y lírica, pero profusa: el sida que afecta al colectivo gay. Y su estigma. Pero mucho más. Porque esta es una novela llena de capas, en la que se habla de prácticas de riesgo sin juzgar jamás, de la mentira, de la culpa, de la mentira y la culpa, de los límites de la ciencia y de la naturaleza humana, de ese deseo de superarlos que la ciencia ha demostrado, pero que la condición humana también antepone, en ocasiones, a la certeza científica.
Es una novela cíclica que comienza y acaba con la muerte por sida de un joven homosexual, pareja de quien le escribe, a manera de carta, lo que han vivido y su punto de vista; una parte de la historia en que Marcos, así se llama el narrador de esta autoficción (¿más ficción que auto o viceversa?), reconoce que muestra solo una cara del chico que se arriesga y pierde, alguien que a nosotros nos parece agresivo –«el morbo, el exceso, era algo que te empujaba y a lo que no podías renunciar»–, pero que en realidad debía de ser plácido y entrañable: «Dije que este escrito no contendría nada del hombre risueño que fuiste y es cierto. Este relato habla de la oscuridad y la muerte, pero este pequeño retal, esta instantánea fugaz y luminosa de aquello que fue tu vida, no está de más. Todos somos un compendio de luz y tiniebla. Tú eras claramente las dos cosas».
En este comentario me interesa dejar claras dos cosas: esta es una novela de difícil lectura para ánimas a las que les pueda molestar la crudeza carnal o sexual, y se circunscribe a un ámbito homosexual gay muy concreto del que da mucha información, eso hay que subrayarlo; pero la otra cosa es que es una novela de escritura excepcional, que fluye y salta y reflexiona y te regala frases preciosas, que pone de manifiesto una manera de enfrentarse a la vida y perder. Que trata muchos temas en esas capas en que se puede descomponer, pero que no es una novela del activismo sino una hermana de El celo, Panza de burra, Punto de araña, La traición de mi lengua, Los nombres propios, Comerás flores..., por mencionar novelas muy cercanas en el tiempo y el espacio, que nacen a partir de la pulsión que pusieron en escena Joan Didion y Annie Ernaux. Se puede decir todo, lo importante es la forma.
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