Un Nobel en Mallorca, sin Mallorca
En ese libro Mallorca solo aparece de pasada

Blanca Mora y Araujo de Asturias / Youtube
Puesto que toda memoria es recordar y revivir lo pasado, remoto o próximo, no trato de hacer literatura e intento que mi rememorar sea digno de las palabras de Octavio Paz: «lo importante no será lo literario sino lo anecdótico de una vida tan rica, tan regida por un destino esencial y vivida por un hombre tan trascendente», resume la autora en palabras del inspirador de estas memorias su propósito. Blanca Mora y Araujo de Asturias concluyó hacia 1985 unas Memorias de mi memoria que ahora ha publicado la editorial mallorquina Llibres Ramon Llull, editadas por Fernando Feliu, catedrático de Lenguas y Culturas Hispánicas en la universidad americana de Colorado ya retornado a su Mallorca de origen, donde se encontró con Blanca Mora y Araujo cuando ya viuda, ella también se instaló en la Mallorca en que había pasado grandes temporadas con su marido Miguel Ángel Asturias.
La mujer del Nobel. Memorias de Blanca de Asturias es el título de la reciente edición que viene acompañada por un sorprendente texto Liminar de Federico Feliu en que desentraña las dificultades para encontrar editor y los conflictos ante la posibilidad de depurar los errores históricos en que cae Blanca de Asturias o mantenerlos tal cual. En definitiva, nos anuncia que no leemos un texto fidedigno con la realidad, aunque sí nos permita acompañar a la pareja en sus idas y venidas más viajadas que literarias, en un recorrido fundamentalmente anecdótico, completado con poemas y textos de Asturias a través de cartas, anotaciones y entrevistas, junto a otras citas, que no es sino una visión sui generis que completa y acompaña la lectura de la obra del guatemalteco.
«Yo trabajé mucho para ayudar a Miguel Ángel» —nos dice—, y para lograr el bienestar de la familia que consiguió reunir. A pesar de narrar sus andanzas por gran parte del mundo, a Mallorca solo se refiere de pasada: «En diciembre de 1969 presentó su renuncia al cargo de embajador y nos dirigimos directamente a la isla de Mallorca, donde íbamos a estar en un paradisíaco lugar llamado Formentor».
Nos quedaremos, sin embargo, con ganas de situarlo en Punta Negra, Costa de’n Blanes, donde encontramos un busto en su memoria, tras una estancia que sí tenemos documentada con gran exactitud y bien informada en la revista Entorn que el ajuntament de Calvià dedicó a la literatura (El nobel que recuperó la creatividad en Punta Negra) cuyo contenido se repite en la presentación de La mujer del Nobel y se reflejó en prensa; no es eso, sin embargo, lo que se cuenta en estas memorias, en las que, ya digo, Mallorca solo aparece de pasada; ni sus estancias como pareja ni el lugar de residencia donde Blanca de Mora sí redactó estos textos que, con su fragmentarismo, pueden ayudar a hilvanar otras historias.
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