Escribir poesía después de Gaza
Paul Celan o el teatro desmembrado de Samuel Beckett demostraron que la literatura podía hacerse cargo del terror histórico y evolucionar en consecuencia

Ignacio Gutiérrez de Terán (Planeta) / Planeta
Fruela Fernández
Es tan célebre como disputada la frase de Theodor Adorno, según la cual «escribir un poema después de Auschwitz es un acto de barbarie». Con su habitual contundencia, el filósofo alemán expresaba una desconfianza radical ante las posibilidades de la creación artística y cultural tras el Holocausto. Fueron los propios escritores, sin embargo, quienes le obligaron a modificar y matizar ese rechazo: los poemas quebradizos y visionarios de Paul Celan o el teatro desmembrado de Samuel Beckett demostraron que la literatura podía hacerse cargo del terror histórico y evolucionar en consecuencia.
Traigamos, pues, la duda de Adorno al presente: ¿es posible escribir poesía en Gaza, sobre Gaza, después de Gaza? Para responder hoy al filósofo alemán, tendríamos seguramente que ir más allá de su marco conceptual y reivindicar que la poesía —pese al constante ataque de la imagen, dominante y multiplicada— es una necesidad humana. Cantar, lamentar y recordar a través de la palabra nos fundamenta, nos conforma, nos da sentido. No es casualidad, por tanto, que el genocidio haya provocado en el pueblo palestino una respuesta poética de gran riqueza e intensidad. Ciñéndonos tan solo a lo publicado en castellano y catalán, podríamos citar Des del riu fins al mar, de Sammer Abu Hawwash (Éter Edicions); Gaza. El poema hizo su parte, de Nasser Rabah (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo); o la antología Si dius Gaza. Poesia palestina actual, que coordiné para la editorial Calumnia. A este canon en constante expansión se añade ahora Gaza: poemas contra el genocidio, del arabista Ignacio Gutiérrez de Terán y publicado por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, que tanto ha hecho por difundir la literatura árabe en castellano.
La selección de Gutiérrez de Terán es amplia y diversa: entre los treinta poetas elegidos (quince mujeres y quince hombres), hay voces de Gaza, de Cisjordania y de la diáspora; jóvenes aún sin libro (como Haydar al Ghazali, nacido en 2005) y autoras maduras con una trayectoria sólida (como Hind Joudah, Fatena al Ghurra o Dareen Tatur); algunos que sobreviven en Gaza, otros en el exilio y no pocos que han sido asesinados por Israel. Esta pluralidad se hace también presente en los poemas: mientras unos se acercan al testimonio más crudo, otros exploran la ironía, la fragmentación o lo irracional; el poema extenso, de largo aliento, coexiste con la pieza breve. En conjunto, nos vuelven a recordar el lugar privilegiado que la poesía ocupa en la vida y la historia del pueblo palestino.
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