Entrevista
Brandon Sanderson, escritor: «La fantasía no trata del pasado, trata del presente»

Brandon Sanderson / Miki López
Ernest Alós
Brandon Sanderson (Lincoln, Nebraska, 1975) lleva ya 42 millones de libros vendidos y este verano se ha puesto de manifiesto su tirón entre los lectores españoles con el multitudinario seguimiento de su visita al Festival Celsius de Avilés. Hablamos con él de sus obras, de la relación entre realidad y fantasía, de salud mental y de la industria editorial, en la que ha irrumpido de forma disruptiva, con un modelo dual aún más claro en su mercado hispánico. Se reserva para su compañía Dragonsteel la comercialización de edición especiales y merchandising, algo que reconoce que es posible gracias a que un editor como Nova ha creado previamente esa base de fans publicando exhaustivamente sus novelas, las mayor parte de las cuales están ambientadas en el Cosmere, un universo cuyos diversos mundos se desarrollan de forma cada vez interrelacionada, en un plan maestro que no cuenta con acabar hasta que cumpla 72 años.
¿Qué siente en estos festivales cuando se encuentra cara a cara con sus lectores y ve que hacen cosplay caracterizados como los personajes que usted creó?
Son múltiples sentimientos. Por un lado, estoy emocionado porque lo que yo intento hacer es crear alegría. El otro sentimiento, sin embargo, es sentirme un poco humilde y un poco intimidado. Vi la emoción que me provocaban los libros que leí cuando era joven y me dije que necesitaba aprender a provocar esa emoción en los demás. Por eso escribo. No escribí para ser famoso. Nadie debería escribir para ser famoso. Es una forma pésima de intentar serlo.
Ni para hacerse rico.
Sí, este es un trabajo con el que muy pocas personas pueden ganarse la vida a tiempo completo, y mucho menos tan bien como yo. Así que me siento honrado.
Decía que su propósito es generar alegría. Precisamente me explican que muchos lectores le confiesan cómo les ayuda la forma como que trata el tema de la salud mental y de la curación. En El archivo de las tormentas tenemos un personaje que lucha contra la depresión, que encuentra el sentido de su vida en curar. Otros sufren un evidente estrés postraumático.
Abordé el tema de la salud mental en mis libros porque quiero escribir sobre personas reales. A veces la gente señala la fantasía y dice: «¿Por qué? Nada es real». Mi respuesta es que la gente es real. Las emociones son reales. No me digas que la gente no ve El señor de los anillos y observa la relación entre Frodo y Sam sin pensar en la lealtad y el poder de la amistad, y eso les recuerda a sus propias vidas. Empecé a notar que la gente que me rodea, casi toda, lucha contra algo, sea lo que sea. La cuestión es que, una vez que haces eso, debes ser responsable. Si iba a abordar la salud mental, necesitaba aprender sobre ella y asegurarme de que mis representaciones no solo fueran auténticas, sino que no empeoraran el mundo. Creo que muchas representaciones de la salud mental empeoran el mundo. Por ejemplo, las personas con esquizofrenia son mucho menos propensas a cometer delitos que las personas sin esquizofrenia. Sin embargo, si vas al cine, las personas con esquizofrenia suelen ser los villanos. Y lo cierto es que las personas con fuertes problemas de salud mental son más propensas a ejercer violencia contra sí mismas que contra otras personas. Así que hay que tener cuidado con no reforzar estereotipos como ese. Al mismo tiempo, no quiero que mis historias traten sobre salud mental. Quiero que traten sobre personas que viven sus vidas y que, al vivirlas, sus vidas presentan dificultades.
Desde un punto de vista menos personal, ¿cómo se relaciona la fantasía con la realidad? ¿Es escapismo o una forma de mirarla desde otras perspectivas?
Es ambas cosas. Es el escapismo lo que nos permite abordar los temas sensibles de una manera no amenazante para que podamos aprender de ellos. Se trata simplemente de plantear preguntas sobre la vida de las personas. No escribo mis libros intentando enseñar nada. Pero el recurso de la narrativa fantástica es muy útil para llegar al meollo de los problemas. Si te fijas en las fábulas de Esopo, ¿por qué funcionan? Alejándote unos pasos, te quedas con la esencia de una idea. Eso es en parte escapismo, pero es el velo que usamos para poder contar historias sobre el presente. La fantasía no trata del pasado, trata del presente.
No quiere pronunciarse sobre posiciones políticas específicas…
No…
Pero sí lo hace de forma alegórica. Una sociedad en la que existe racismo por el color de los ojos expone lo absurdo de que el color de la piel sea relevante o que haya limitaciones absurdas para las mujeres…
Exactamente. Ver por ejemplo que las mujeres o los hombres no pueden comer ciertos alimentos debido a los roles de género es una forma de reconsiderar nuestra forma de hacer las cosas. Sobre el racismo… eso se remonta a J. R. R. Tolkien. Uno de los temas de Tolkien presente en El señor de los anillos es que un elfo y un enano pueden llevarse bien y convertirse en mejores amigos. Gimli y Legolas, ¿qué es eso si no?
En El archivo de las tormentas, lo que al principio parecen héroes impolutos acaban apareciendo como invasores expansionistas y militaristas que finalmente descubriendo el dolor que han provocado en sus víctimas. Aquí encontramos también otra llamada de atención sobre el imperialismo.
Sí. Me fascina mucho la historia y cómo se ve influida por la mirada y el pensamiento de quienes la registran. Quiénes son los héroes a menudo depende de qué lado de la historia se haga la pregunta.
O de en qué extremo de la espada estés.
Sí, sí. O de cuál es tu espada. Y eso es una reflexión sobre cómo cambia la forma en que percibimos el mundo que nos rodea y cómo interactuamos con él. Soy estadounidense y amo a EEUU. Creo que EEUU ha hecho grandes cosas. Pero si analizamos nuestra historia, está llena de preguntas difíciles que debemos abordar. ¿Existiría siquiera sin haberle arrebatado la tierra a quienes vivieron antes en ella? Así es la historia de la humanidad. En medio de la tormenta, no estoy señalando a una nación o cultura en particular. Pero ¿cómo puede uno estar orgulloso y al mismo tiempo reconocer los defectos? Eso se puede ver en la relación de dos personajes de El archivo de las tormentas, Dalinar y Adolin, padre e hijo.
Hablemos del Cosmere. Un universo con distintos mundos relacionados por unos poderes superiores y con personajes que saltan de uno a otro. Los elementos centrales de este rompecabezas están en las dos series más amplias que se desarrollan en dos planetas, El archivo de las tormentas y Mistborn. Los otros mundos que han tenido hasta ahora menos atención [el de Arenas blancas, el de Elantris, el de El aliento de los dioses] ganarán más protagonismo o la historia completa la acabarán explicando sus dos grandes series?
Estas dos serán el libro. Creo que para lo que hago necesitamos cierta estructura; de lo contrario, se volverá caótico. Mistborn analiza un mundo de fantasía durante diferentes épocas, y El archivo de las tormentas, un grupo de personajes a medida que el mundo cambia a su alrededor. Estos son mis dos temas. Mistborn probablemente terminará con unos 16 libros [lleva siete], y El archivo de las tormentas, con unos 10 [va por el quinto]. Ninguna otra serie se acercará a esto. Como máximo podrían llegar a tres libros.
¿Ese gran final que reunirá todos los hilos llegará dentro de una de esas dos series, en un libro específico?
Aún está por llegar. Esa guerra cósmica será cosa de Mistborn.
Estamos en un momento en el que un subgénero dentro de la fantasía, con muchos más elementos románticos, está atrayendo a millones de lectores. ¿Están creando su propio espacio o este aumento de lectores se está extendiendo a toda la literatura fantástica en general?
Hemos visto que, debido al auge del romantasy, Mistborn se vende mejor que antes. Y Mistborn no es fantasía romántica. Así que diría que, al menos en mi pequeño mundo, está ayudando a todos. Creo que no existe un mal lector. Probablemente, la mayoría de esos lectores pasarán a leer fantasía épica, pero no pasa nada. Que haya más gente leyendo libros es algo bueno para el mundo en general.
Siempre acabamos hablando de Tolkien, pero en su mundo está muy presente Robert Jordan, y no solo porque usted rematase su Rueda del tiempo tras su fallecimiento. La idea de una historia circular, un mundo que proviene del cataclismo de un mundo anterior moderno, una estructura determinada de donde procede la magia...
Yo me imagino la fantasía épica en tres eras. Primero estaba la era de Tolkien, y Tolkien básicamente inventó la fantasía épica. La fantasía era o bien juvenil, como Narnia, o de espada y brujería, como Conan el Bárbaro. Tolkien realmente inició algo nuevo. Y luego hay una era después en que Robert Jordan y otros escritores luchan por entender qué hizo Tolkien. Terry Brooks, muy tolkienesco, como el primer libro de Jordan, Steven Donaldson, que lo desconstruye... Mi era, que realmente comenzó con George R. R. Martin, es la respuesta contra la era de Tolkien. Él, haciendo cosas más crudas. Yo no, yo soy más como Tolkien en el sentido en que mis historias son más heroicas y menos oscuras, aunque más que Tolkien. La otra cosa que es muy diferente es que en mí época, y yo mismo, escribimos sobre el regreso de la magia al mundo, mientras que Tolkien –y Jordan, y Brook– escribieron sobre su desaparición, cómo el mundo se transforma lentamente en nuestra Tierra. En mi época, la magia está regresando, la magia se está restaurando.
No sé si es una pregunta demasiado personal. Pero si es imposible entender a Tolkien y C. S. Lewis sin su catolicismo, o a Philip Pullman sin su ateísmo… ¿cómo cree que impactan en su obra sus creencias religiosas como miembro de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días?
Mi fe es muy importante para mí, pero no soy Philip Pullman ni C. S. Lewis. No abordo mis historias desde la perspectiva de la fe. Tolkien era religioso, pero odiaba la idea de que la gente intentara encontrar alegorías en sus historias. No intento escribir alegorías del cristianismo. Lo que intento es escribir historias sobre personas que considero interesantes y que tienen preguntas interesantes, y explorar de nuevo el mundo a partir de sus argumentos. Mi propia fe me impulsa a tratar a todos con respeto. Mi fe es vital para mí, pero algo que detesto absolutamente es cuando leo una historia sobre alguien que comparte mi fe y esta está mal representada, como si no me entendieran a mí ni a mis creencias, y no quiero hacerle eso a nadie.
¿Cuál es su visión la industria editorial? ¿Cómo hacer compatible ser autor, dirigir su propia compañía, Dragonsteel [que publica ediciones especiales, merchandising, acciones en las redes, desarrollo de juegos] y al mismo tiempo seguir trabajando con editoriales convencionales?
Ese ha sido uno de mis principales impulsos como escritor. Intenté que las editoriales me escucharan y lo hicieran ellas para no tener que hacerlo yo. Pero la industria editorial está perpetuamente atrapada en el siglo XIX, y ahora estamos en el XXI. Estamos un siglo y medio más allá de lo que piensan algunos de ellos. Y hay muchas cosas que creo que los fans quieren y que debemos ofrecerles. Y creo que, en general, la industria editorial simplemente no está dispuesta a hacerlo. Así que tuve que hacerlo yo mismo.
Trabaja con un equipo amplísimo. No sé si definirlo como el Henry Ford del libro. ¿Qué parte es indelegable como autor y cuál puede ser delegable para permitir trabajar de una forma tan prolífica?
Sigo queriendo escribir las historias. Eso es lo único que no puedo delegar. Me encanta contar historias. Eso es lo que soy. No quiero convertirme en una persona que solo se sienta a decirles a otros que las escriban. Y esa es la verdadera lucha de mi vida: quiero tener una gran empresa que ofrezca lo que mis fans quieren. Pero más que eso, quiero escribir las historias. Así que mi vida diaria es un tira y afloja, para descubrir dónde necesito ser CEO y dónde puedo ser simplemente un artista.
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